domingo, 13 de febrero de 2022

¿Desaparecerá alguna vez la religión?

 

¿Desaparecerá alguna vez la religión?

La quema de la cruz durante el festival religioso de Los Escobazos en España

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Los estudios dicen que cada día hay más ateos en el mundo... ¿Significa que vamos camino del fin de la religión?

 

El ateísmo está en alza en todo el mundo. ¿Significa esto que la espiritualidad pasará pronto a ser algo del pasado?

"Hay muchos más ateos en la actualidad que nunca antes, tanto en números absolutos como en porcentaje sobre el total de la Humanidad", explica Phil Zuckerman, profesor de Sociología y Estudios Seculares en el Pitzer College, Estados Unidos.

Según una encuesta internacional de Gallup realizada entre más de 50.000 personas de 57 países, el número de personas que se consideran religiosas descendió del 77% al 68% entre 2005 y 2011.

El número de quienes que se consideran a sí mismos ateos aumentó un 3%, hasta representar el 13% del total.

A pesar de que quienes declaran que no creen en ningún dios ciertamente no son la mayoría, ¿será que esta tendencia es un pronóstico de que la fe en una divinidad en el futuro pasará a ser algo del pasado?tar Quizás también te interese y continuar leyendo




Final de Quizás también te intereEs imposible predecirlo pero al examinar lo que sabemos de la religión podemos encontrar pistas de lo que puede pasar.

El Papa en Manila

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La multitud en Manila es testimonio del poder de la religión.

Parte del atractivo de una fe es que ofrece seguridad en un mundo incierto, de manera que no es sorprendente que las naciones con mayores índices de ateísmo tienden a ser aquellas que proveen a sus ciudadanos con una estabilidad económica, existencial y política relativamente alta.

Japón, Reino Unido, Canadá, Corea del Sur, Holanda, República Checa, Estonia, Alemania, Francia y Uruguay son países en los que la religión era muy importante hace apenas un siglo, pero en los que en la actualidad las tasas de creyentes se sitúan entre las más bajas del mundo.

En todos estos países hay sistemas educativos y de seguridad social fuertes, baja desigualdad social y sus ciudadanos son relativamente ricos.

"La gente tiene menos miedo de lo que pueda pasar", dice Quentin Atkinson, psicólogo de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda.

No obstante, el descenso del número de personas creyentes se produce incluso en países que son todavía muy religiosos, como Brasil, Jamaica o Irlanda.

"Pocas sociedades son hoy en día más religiosas de lo que eran hace 40 o 50 años" dice Zuckerman.

Naturaleza y sobrenatural

El descenso en creyentes, sin embargo, no significa la desaparición de las religiones, explica Ara Norenzatan, psicóloga social en la Universidad de British Columbia, en Canadá, y autora de "Big Gods".

Sobrevivientes del tifón Haiyán durante una procesión religiosa

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Cuando la naturaleza golpea, como cuando el tifón Haiyán azotó Filipinas, los seres humanos recurren a lo sobrenatural.

La seguridad existencial es más falible de lo que a veces parece. De repente, todo puede cambiar: un accidente puede matar a un ser querido; un huracán puede destruir un pueblo; un doctor puede darnos un diagnóstico fatal.

Los estragos del cambio climático que se esperan para los próximos años, así como la escasez de recursos naturales y el sufrimiento que todo esto puede generar, podría potenciar la religiosidad.

"Por alguna razón, la religión parece darle significado al sufrimiento, más que cualquier ideal o creencia secular que conozcamos", dice Norenzayan.

Ese fenómeno de religiosidad repentina se ha observado en casos como el terremoto de Christchurch, Nueva Zelanda, en 2011: en ese lugar hubo un alza en la fe, mientras que el resto del país se mantuvo tan incrédulo como de costumbre.

Cuando haya paz en el mundo

Sin embargo, incluso si los problemas del mundo se solventaran de forma milagrosa, y todos viviéramos vidas pacíficas en igualdad, la religión probablemente sobreviviría.

Esto se debe a que parece haber un espacio con la forma de un dios en la neuropsicología humana, resultado de una peculiaridad en nuestra evolución.

Jóvenes yemeníes muestran sus manos decorados con la tradicional henna

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En todos los rincones del mundo hay expresiones de eso que llamamos la "fe" de diferentes maneras.

Para entenderlo hay que conocer la teoría del "proceso dual", que describe dos formas básicas de pensamiento, conocidas como el Sistema 1 y el Sistema 2.

El Sistema 2 evolucionó hace relativamente poco. Es la voz en nuestra cabeza, el narrador que parece no callarse nunca, que nos permite planificar y pensar de forma lógica.

El Sistema 1 es intuitivo, instintivo y automático. Estas capacidades se desarrollan en los humanos independientemente de dónde hayan nacido. Son mecanismos de supervivencia.

Este sistema nos proporciona, por ejemplo, una repulsión innata a la carne podrida, nos permite hablar nuestra lengua materna sin pensarlo mucho y le da a los bebés la capacidad de reconocer a sus padres y distinguir entre objetos con o sin vida.

Además, hace que tengamos una tendencia a buscar patrones para entender mejor el mundo, y a encontrar un significado a sucesos aparentemente arbitrarios, como los desastres naturales y la muerte de seres queridos.

Y, según algunos investigadores, es el que abrió el camino para que las religiones evolucionaran y se perpetuaran.

El Sistema 1 nos lleva a ver las cosas de forma dual, de forma que nos cuesta ver a nuestro cuerpo y nuestra mente como una única unidad.

Esta tendencia nace muy temprano: los niños de todas las culturas se inclinan a creer que tienen un alma inmortal: que su esencia o personalidad existió en algún lugar antes de su nacimiento y continuará existiendo por siempre.

Y esta disposición se asimila fácilmente con muchas de las religiones existentes, o -con algo de creatividad- se presta para construir nuevas.

Píldora difícil de tragar

Por todas estas razones, los investigadores creen que la religión es un "producto secundario de nuestra disposición cognitiva", explica Robert McCauley, director del Centro de la Mente, el Cerebro y la Cultura de la Universidad de Emory, en EE.UU., y autor de "Por qué la religión es natural y la ciencia no".

Un rabino lee durante las festividades de Purim

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Un rabino reza durante las festividades de Purim.

"La ciencia es cognoctivamente antinatural, y es difícil. La religión, en cambio, es algo que casi no tenemos ni que aprender pues ya lo sabemos".

"Hay evidencia de que el pensamiento religioso obedece a la ley del menor esfuerzo; se tendría que cambiar fundamentalmente algo en la humanidad para deshacerse de la religión".

En contraste, la ciencia -el sistema preferido de muchos ateos y no creyentes para intentar entender el mundo natural- trata de corregir los sesgos del Sistema 1, dice McCauley. Pero, agrega, es una píldora difícil de tragar.

Debemos aceptar, por ejemplo, que la Tierra gira, así no lo sintamos, aún viviendo en ella; debemos adoptar la idea de que la evolución es completamente indiferente y que no hay ningún propósito o plan para el Universo, así nuestra intuición nos diga lo contrario.

Tampoco nos queda fácil admitir que nos equivocamos y aceptar que la verdad como la comprendemos constantemente está cambiando a medida que surgen nuevas pruebas empíricas, y todo eso es imprescindible para la ciencia.

Fantasmas y deportes

Curiosamente, muchos en todo el mundo que dicen no creer en un dios muestran tendencias supersticiosas, como la creencia en los fantasmas, el karma, la telapatía o la reencarnación.

Yoga

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Otras devociones ocupan a menudo el vacío que parece dejar la fe religiosa.

Además, los no creyentes a menudo dependen de cosas que pueden ser interpretadas como sustitutos de la religión -equipos de deportes, yoga, instituciones profesionales, la Madre Naturaleza, etc.- como guías de sus valores.

"Parecería como si tuvieramos un espacio conceptual para el pensamiento religioso que si no se llena con una religión, brota de maneras sorprendentes", concluye Barrett.

La religión, además, promueve la cohesión grupal y la cooperación. La amenaza de uno o varios dioses poderosos que vigilan que nadie se salga de lo establecido seguramente ayudó a mantener el orden en las sociedades.

"Si todo el mundo cree que el castigo es real, esto puede ser funcional para los grupos" dice Atkinson.

Cuestión de números

Un Sikh indio enciende luces durante el Diwali

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La religión promueve también la cohesión grupal y la cooperación.

Finalmente, las matemáticas también están del lado de la permanencia de la religión: las personas religiosas tienden a tener más hijos que las que no lo son.

Si consideramos que los hijos suelen seguir a sus padres en estos aspectos, un mundo totalmente secularizado parece una posibilidad aún menos factible.

Por todas estas razones psicológicas, neurológicas, históricas, culturales y lógicas, los expertos creen que la religión nunca desaparecerá. La religión, así sea mediante el miedo o el amor, es muy exitosa a la hora de perpetuarse.

E incluso si perdemos de vista a los dioses cristianos, musulmanes e hindúes, es muy probable que prevalezcan las supersticiones y el espiritualismo.

Cuando enfrentemos una guerra nuclear o el choque inminente con un cometa, los dioses aparecerán.

Afganistán y la traición de EEUU.

 

Afganistán y la traición de EEUU.

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 Todo un melodrama mediático e icónico volvió a pasar por delante de nuestras narices a través de los medios y las redes: talibanes sentados en una mesa presidencial antaño representación de la “democracia” afgana, niñas lanzadas por sus padres por las vallas del aeropuerto de Kabul, escenas dantescas de gentes cayendo de aviones a los que inútilmente se habían agarrado. Tal y como pasó con la caída de las torres gemelas, la invasión de Irak u otros momentos históricos recientes, las escenas de Kabul han quedado grabados en nuestras retinas. El discurso dominante ha intentado ocultar las verdades que se ocultan tras la desastrosa política occidental en Afganistán con una serie de mantras: les exigiremos que se salvaguarden los derechos humanos. Hay que luchar por el futuro de las niñas y las mujeres, y una retahíla de frases copiadas y repetidas hasta la saciedad por los periodistas. 

Todo para justificar un fracaso de “democratización” de un país “indemocratizable”. Peor aún, para ocultar las políticas secretas de Estados Unidos y sus colaboradores occidentales en Afganistán. La posición “pacífica” de los talibanes prometiendo incluso moderación que hemos visto en sus actuales declaraciones, nos recuerda la entrada de los Jemeres rojos en la capital de Camboya, Phnom Penh. Pol Pot prometió paz y reconciliación, los Jemers repartían flores a la población y se abrazaban a sus viejos enemigos … antes de empezar uno de los mayores genocidios de la historia. Por eso, hay que alejarse, tomar retrospectiva y analizar realmente cuál es nuestra responsabilidad, en cuanto que occidentales en Afganistán. Porque una cosa es segura, democratizar, lo que es democratizar el país, más bien que no. Exponemos a continuación una serie se mentiras y silencios que se ciernen sobre este dramático país y la política Estadounidense.

 1.- Mucho antes de los atentados a las torres gemelas ya estaba planificada la invasión

 Un mantra que ha penetrado hasta nuestra corteza prefrontal del cerebro es que la causa de la invasión de Afganistán por tropas norteamericanas que arrastraron a sus aliados de la OTAN, fue a causa del atentado de las torres gemelas y el pentágono en 2001. Así nos lo han recordado estos días dirigentes mundiales como Macron, Biden o Merkel. En realidad, la guerra ya estaba decidida con antelación. Durante casi un año antes de los atentados, en Berlín se estaban celebrando reuniones secretas entre norteamericanos y británicos con representantes del gobierno talibán en Afganistán para llegar a acuerdos geopolíticos. Representantes de Rusia y Pakistán asistían como observadores. En julio de 2001, aquellas negociaciones fracasaron. 

 El ministro pakistaní de Exteriores, Naiz Naik (asesinado en atentado en 2009), mandó regresar a sus observadores y se puso a mover piezas en el tablero mundial. Ofreció a China el paso al Océano Índico a través de Pakistán por lo que se denomina la “nueva ruta de la seda”. Ante esta “traición de Pakistán”, Estados Unidos y Gran Bretaña empezaron a enviar tropas a Egipto -40.000 hombres- e Inglaterra envió casi toda su flota al mar de Omán. La intención era la ocupación de Afganistán para garantizarse las rutas con Asia y disuadir a Pakistán de sus alianzas con China. Los atentados del 11 de septiembre llegarían después con la excusa de luchar contra Al-Quaeda y capturar a Osama Bin Laden. Aunque nadie nos quiere recordar que Osama bin Laden, fue reclutado por la CIA en 1979, al comienzo mismo de la guerra yihadista de Afganistán contra la Unión Soviética. Por aquel entonces, Bin Laden tenía 22 años y fue entrenado en un campo de entrenamiento de guerrillas controlado por EEUU.

 2- Osama Bin Laden y Al-Quaeda fueron los aliados de Estados Unidos 

 ‎Ya en época de la presidencia de James Carter, el consejero de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, viajó a Beirut para ponerse en contacto con ‎el ‎millonario anticomunista saudita Osama bin Laden y solicitarle que encabezara una campaña contra el gobierno ‎prosoviético ‎afgano. ‎Washington escogió a Osama bin Laden por dos motivos.

 

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En 1993, el diario londinense The Independent alaba a Osama bin Laden. En ‎el mismo momento, en Washington, la Heritage Foundation, Think Tank de los republicanos, repartía camisetas con la imagen de Bin Laden y el eslogan ‎‎“Él lucha por nuestras libertades”.
 

En primer lugar, porque pertenecía a la ‎Hermandad ‎Musulmana, lo cual le permitiría reclutar combatientes. En segundo lugar, porque era uno de los herederos de la mayor compañía de obras públicas de todo ‎el mundo ‎árabe, lo cual le permitía disponer de los especialistas y ‎los medios para transformar los ríos subterráneos del famoso macizo Hindu Kush en un laberinto de túneles para uso militar. ‎Estos túneles, a la postre, demostraron su magnífica función estratégica. Años después, entre 1992 y 1994, veremos a Bin Laden, como consejero militar del presidente bosnio, Alija ‎Izetbegovic. Su función era desestabilizar a la Serbia pro-rusa. Hoy ya nadie discute que el gran terrorista había trabajado para los Estados Unidos. En julio de 2001 (a dos meses de los atentados), al necesitar de atención médica constante, fue internado en el hospital norteamericano de Dubai. Noticia que fue publicada posteriormente por Le Figaro el 31 de octubre de 2001.

Según el “relato” oficial, Osama Ben Laden había estado detrás de los atentados contra las embajadas de Estados Unidos en Nairobi (Kenya) y en Dar-es-‎‎Salam (Tanzania). Pero ello contrasta que hasta 1999 –o sea, aún después de los atentados que ‎le fueron atribuidos– con que Bin Laden seguía teniendo una oficina de relaciones públicas en Londres. Durante la búsqueda incansable del terrorista Osama Bin Laden, Estados Unidos proporcionó muchos mensajes de audio e incluso imágenes suyas. Sin embargo, los expertos del Instituto Dalle Molle de ‎inteligencia ‎perceptiva, en Suiza, expertos en identificación ‎de personas, siempre se declararon rotundos: esos videos y grabaciones eran falsos. Era evidente que los servicios de inteligencia useños estaban despistando constantemente a la opinión pública.

3.- EEUU no es el paladín contra el terrorismo, sino un adiestrador de terroristas

Joe Biden, en su intervención sobre la caída de Kabul, afirmó literalmente que ‎”Estados Unidos ‎no estaba en Afganistán para construir un Estado sino sólo para luchar contra el ‎terrorismo”.‎ No puede haber mentira más grande. La CIA creó campos de entrenamiento para Al-Qaeda en Pakistán. Desde 1982 hasta 1992, unos 35.000 yihadistas procedentes de 43 países islámicos fueron reclutados por los servicios de inteligencia norteamericanos para luchar en la jihad afgana contra la Unión Soviética. Un dato que no se conoce mucho es que los libros de texto para yihadistas fueron publicados por la Universidad de Nebraska. Estados Unidos gastó millones de dólares para suministrar libros de texto repletos de imágenes violentas y enseñanzas islámicas radicales a los escolares afganos.

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La Legión Árabe de Osama bin Laden, financiada por la CIA, desfila en Bosnia-Herzegovina.
 

Más recientemente, el mundo se sorprendió con la aparición del ISIS que casi derrumba a todo el Estado de Siria. El Estado Islámico (ISIS) era una “filial” de Al-Qaeda, creada por la inteligencia de Estados Unidos con el apoyo del MI6 Británico, el Mossad Israelí, los servicios de Inteligencia de Pakistán y la Presidencia General de Inteligencia de Arabia Saudita (GIP o Ri’āsat Al-Istikhbarat Al-‘Amah). Las brigadas de ISIS han estado apoyadas, armadas y financiadas por los EE.UU. y la OTAN contra el gobierno sirio de Bashar al Assad. Junto a la OTAN, Turquía participó en la recluta de mercenarios para el ISIS. Igualmente, en estos días, en Turquía se están reclutando y enviando mercenarios procedentes de Siria, para colaborar con los talibanes. Se calcula que ya ha enviado a más de 2.000. Tanto Israel como Estados Unidos han sabido utilizar el odio atávico entre suníes y chiitas, para enfrentarlos. Por ejemplo, Israel ha apoyado a las brigadas de ISIS y Al Nusrah de los Altos del Golán, en su lucha contra el gobierno de Al-Assad y las fuerzas chiítas de Hezbollah.

4.- Los talibanes no han conquistado Afganistán, simplemente les ha sido entregado

‎Según Biden, en su discurso: “los dirigentes políticos afganos abandonaron y huyeron del ‎país. ‎El ejército afgano se derrumbó, a veces sin tratar de luchar”. Pero la pregunta es, cómo huyeron. Muy simple, en aviones militares de países occidentales, por cierto cargados de maletas repletas de dinero. El ejército afgano contaba 300.000 hombres (Francia actualmente tiene menos soldados) que disponían de armamento y de material de guerra sofisticados. Toda ‎la infantería ‎afgana disponía de chalecos blindados y de equipamiento personal de visión ‎nocturna. Pero 300.000 hombres se han disuelto como azúcar en el agua. Los talibanes, al contrario, no pasan ‎de ‎‎75.000 combatientes, sin aviación, en sandalias y muchos esgrimiendo los viejos kalachnikov (eso sí, ahora llevan móviles de última generación). El cambio de régimen en Afganistán ya estaba decidido -y pactado entre talibanes y norteamericanos- cuando Donald Trump aún estaba en ‎la ‎Casa Blanca. Durante ese tiempo, el presidente turco, Erdogan, fue enviando soldados turcos de los que nadie habla. Durante la guerra contra los soviéticos en Afganistán, Erdogan, ya era miembro de la Hermandad ‎Musulmana y jefe ‎de una milicia turca –la Milli Gorus-, que hoy se dedica a abrir mezquitas radicales en Alemania ‎y Francia. 

Igualmente, desde hace meses, los norteamericanos ya estaban sacando a sus ciudadanos del país. Se esperaba que la salida oficial fuera el 11 de septiembre, para hacerla coincidir con el aniversario de los atentados de las torres gemelas. Pero Biden adelantó la fecha y ha provocado el actual caos. Muchos de los desesperados que hemos visto en el aeropuerto de Kabul no son ciudadanos de a pie. Son agentes de la “Operación ‎Omega”, iniciada bajo la ‎presidencia de Barack Obama. Más concretamente son miembros de la «Khost Protection Force (KPF) y de la Dirección ‎Nacional de Seguridad ‎‎(NDS) y se encargaban de torturar y asesinar afganos que se oponían a la ‎ocupación occidental. Sus técnicas de tortura y terror no eran muy diferentes de la de los talibanes.

5.- Estados Unidos desea que su enemigo, China, entre en Afganistán

‎¿Cuál es la verdadera intención de Estados Unidos al marchar de Afganistán? No sólo evitar un agujero negro en los presupuestos anuales de su gobierno, sino algo mucho más complejo. Todo el mundo sabe que la verdadera riqueza de Afganistán está en sus minerales. Minerales buscadísimos pero que nadie ha podido explotar por la situación bélica permanente. Washington desea, igual que China, poder acceder a ellos. Pero para evitar competidores necesita que Afganistán continúe siendo una región inestable. Estados Unidos quiere que las empresas que acudan, aunque sean chinas, sólo lo puedan hacer bajo la protección norteamericana. Por eso Joe Biden, durante los meses anteriores al abandono de Kabul, ha instalado bases militares en los países vecinos, ‎desplegado ‎al menos 10.000 mercenarios y pactado con el ejército turco ya presente en la zona. La intención es crear una fuerza paramilitar que proteja a las empresas que vayan a entrar en el país.

Ya se sabe de las hipotéticas negociaciones “secretas” entre talibanes y representantes de la república Popular China. China se compromete a reconstruir el país a cambio de la explotación de los codiciados minerales. Pero China no está dispuesta a enviar tropas fuera de su país. Si a eso unimos que Estados Unidos va a intentar apoyar igualmente a la resistencia de algunas etnias pastún contra los talibanes, el país no alcanzará la deseada paz. Los servicios de inteligencia norteamericana esperan que sean sus mercenarios los que garanticen que China pueda entrar en Afganistán garantizando con sus mercenarios su labor. Eso les permitirá tener la sartén por el mango sin una sangría económica como hasta ahora. Todo ello se ofrecerá a China a cambio de que olvide su sueño (inmediato) de invadir Taiwan. Por experiencia, sabemos que estos diseños de los servicios de inteligencia al final se desmoronan y acaban saliendo al revés. En ese caso, Estados Unidos espera que China, una vez involucrada en Afganistán, encuentre su propio Vietnam y se deteriore así su hegemonía actual.


El fraude electoral en España

 

El fraude electoral en España. La plena actualidad de Joaquín Costa y sus propuestas regeneracionistas.

 Joaquín Costa

Aunque aparentemente sea un tópico, quien no conoce su propia historia, dicen que está abocado a repetirla, y en definitiva a volver a tropezar en las mismas piedras que sus ancestros. Tras reencontrarme con el final del Antiguo Régimen, los últimos coletazos de la monarquía absoluta, la subida al poder de los "liberales", las dos "desamortizaciones", los periodos de Regencia, las Guerras Carlistas, los enésimos "pronunciamientos", la Primera República,... la "Restauración Monárquica", el "pucherazo" como forma de acceso al poder, el bipartidismo, el pacto de alternancia entre "liberales" y "conservadores", también denominado "turnismo"; aparte de venir inevitablemente a la memoria la voz de José Antonio Labordeta: "A veces me pregunto qué hago yo aquí explicando la historia que recién aprendí, los líos de romanos, de moros y cristianos, el follón del marxismo...", también, de manera obligada, forzosamente me he vuelto a reencontrar con la obra de un aragonés, de Monzón, provincia de Huesca: Joaquín Costa.

Joaquín Costa, sus escritos, nos empujan, nos exigen que volvamos la vista atrás para poder descifrar nuestro presente, comprenderlo y diseñar de forma correcta nuestro porvenir. Su diagnóstico es enormemente clarificador respecto del no tan remoto pasado, y también enormemente útil para comprender el actual estado de la nación española. 

Cuando uno no se conforma con la lectura simplista, e incluso frívola, sesgada de la obra de Joaquín Costa, cuando uno hace una lectura atenta y comprensiva, entonces, sí: el mensaje de Joaquín Costa lo acaba interpelando, cuestionando, e incluso "acorralando". 

El régimen oligárquico-caciquil, y la casta parasitaria, que denunciaba hace más de un siglo Joaquín Costa, han ido perpetuándose, permaneciendo incólumes, han sobrevivido sin apenas contratiempos. Los oligarcas y caciques han sido capaces de salir airosos de todas las catástrofes que ha padecido España: el desastre del 98 (pérdida de las últimas colonias) libraron a sus vástagos de las masacres rifeñas, contemplaron en sus mansiones de Estoril la guerra incivil de 1936-1939, permaneciendo siempre en la retaguardia; tras el triunfo del "Movimiento" se camuflaron rápidamente entre carlistas y falangistas; más tarde, supieron también acomodarse en el Opus Dei (mejor habría que decir "la Opus Dei" pues "obra" es femenino...) y se travistieron de tecnócratas durante la Dictadura del General Franco ; mutaron sin trauma alguno durante la transición, tornándose demócratas de UCD, Alianza Popular, Partido Popular y PSOE... Incluso se hicieron pasar por comunistas, y nos contaron que habían luchado contra Franco, en la clandestinidad y "corrido delante de los grises". 

En la actualidad, la casta parasitaria integrada por mediocres y malvados, capaces de todos los chanchullos imaginables, y de corrupciones morales, políticas, económicas, y de toda clase; sigue subyugando a España, y a los españoles, sometiéndola a políticas dictadas por organismos supranacionales. 

Fallecido el "Caudillo", dividieron a España como una tarta, y pusieron en marcha el engendro del "Estado de las Autonomías", creando una inmensa burocracia, integrada por "mediocres inoperantes activos", para seguir saqueando y arruinando a España y los españoles. 

Y la gravedad del cáncer, del que venimos hablando, ha llegado a ser de tal magnitud que, hoy día, hablar de "soberanía nacional" resulta un sarcasmo cruel 

Volvamos de nuevo a Joaquín Costa: 

El aragonés Joaquín Costa afirmaba en 1.898 que el régimen político existente – hace más de un siglo- en la España de la "Restauración" (llamada también "la España del Regeneracionismo") era un régimen oligárquico y caciquil, y atribuía a tal forma de gobierno todos los males de la Nación Española. 

Afirmaba Joaquín Costa, con absoluta rotundidad, en su obra "Oligarquía y caciquismo como forma actual de Gobierno en España, urgencia y modo de cambiarla", que "no es nuestra forma de gobierno un régimen parlamentario, viciado por corruptelas y abusos,... sino, al contrario, un régimen oligárquico, servido, que no moderado, por instituciones aparentemente parlamentarias." –El parecido con la actual realidad española no es simple coincidencia...– "Este régimen caciquil que, adopta una forma de monarquía parlamentaria, en vez de subordinarse los elegidos a los electores, son éstos los que están sometidos a los elegidos. Además, tampoco la ley contempla o considera de forma ecuánime a todos los ciudadanos." 

El caciquismo es una forma distorsionada de gobierno donde un líder político tiene un dominio total de los habitantes de un determinado territorio, ejercido en forma de clientelismo político. El cacique es un hombre económicamente poderoso e influyente que se encarga de dirigir el voto en función de sus intereses. 

Según Joaquín Costa, "en las fechorías, inmoralidades u otros crímenes que forman el tejido de la vida política de nuestro país, el oligarca es tan autor como el cacique, como el funcionario, como el alcalde, como el agente, como el juez, e igualmente culpable que ellos; pero no he dicho bien: esa culpa es infinitamente mayor, y sería si acaso el instrumento o el cacique quien tendría moralmente razón para negar el saludo al personaje o al ministro, que fríamente y a mansalva armó su brazo, haciendo de él un criminal cuando pudo y debió hacer de él un ciudadano." 

En la España caciquil, los oligarcas se reparten el país por áreas de influencia política. Cada oligarca disfruta de su correspondiente feudo-taifa (léase "Comunidades Autónomas"). Los oligarcas se agrupan en asociaciones o "bolsas de empleo", llamadas partidos políticos y hacen como que deliberan en las Cortes. En España más que Cortes y partidos políticos existe una caricatura de ambas cosas. Los grupos políticos no responden más que a intereses pasajeros y provisionales personales y particulares de grupos de interés (lobbies, o grupos de presión se denominan hoy) Por lo demás, el Parlamento no representa a la Nación. Las elecciones son organizadas por los que realmente gobiernan para obtener el resultado electoral apetecido, 

Pero añade aún más: "la existencia de la oligarquía política compromete la unidad de España y fomenta el secesionismo político y territorial. Para que subsista España como Estado Nacional es preciso que desaparezca la oligarquía; la oligarquía desnacionaliza España". 

¿No les resulta especialmente "familiar" todo ello? 

El sistema seudo parlamentario, denostado por Joaquín Costa, posee "mayorías y minorías" que son al fin y al cabo partes de un único partido gobernante, la representación es inexistente de facto. Los diputados representan a las diversas facciones, dentro de la oligarquía, por eso el "consenso" entre ellos es fácil. 

Otra consecuencia del régimen oligárquico es la ausencia de una ciudadanía madura moral y políticamente: "España, como Estado oligárquico que es, no puede tener ciudadanos conscientes; electores, ni por tanto régimen parlamentario, y porque no puede tenerlos no los tiene." Como el pueblo español carece de madurez política, el sufragio universal también es una ficción... 

De sus críticas tampoco se libran los medios de comunicación, la prensa dice Joaquín Costa, es responsable de la postración de España. 

El diagnóstico de Joaquín Costa respecto del régimen salido de la Restauración Borbónica de 1876 puede serle igualmente aplicado al régimen de la Restauración de 1978. El parlamentarismo de la Restauración se ha convertido en un parlamentarismo de partidos. Los partidos no tienen estructura democrática. Son órganos del Estado. Están subvencionados por el Estado y están fuera del control de los ciudadanos. 

La corrupción se ha instalado como forma de gobierno en España. El actual régimen se podría afirmar sin exageración que es Estado corrupto. No es posible ejercer castigo electoral frente al gobernante corrupto. Existe una especie de servidumbre voluntaria del electorado. 

"Los españoles somos un pueblo enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia, y soportar la opresión", decía Miguel de Unamuno. 

Además, las personas de los partidos políticos son prescindibles, se pueden sustituir, los partidos no. Los ingredientes de esa oligarquía, de la que venimos hablando, son los partidos y su articulación gubernamental, parlamentaria, judicial, autonómica y municipal. Esta oligarquía posee en torno a sí a organizaciones satélites: asociaciones, "oengés", sindicatos, fundaciones, etc. Las subvenciones gubernamentales, cuidadosamente concedidas, impiden cualquier tentación de independencia o de ataque al régimen. 

Generalmente, en las elecciones nada se decide. Los programas de los partidos se parecen cada vez más, y por tanto las elecciones no responden a la voluntad popular. Las elecciones adquieren cada vez más un creciente carácter plebiscitario y se convierten en un acto de adhesión inquebrantable al régimen. Los electores se identifican sentimentalmente con el jefe del partido. La voluntad popular es una retórica vacía e incluso cínica, que expresa el dominio absoluto de los partidos sobre las instituciones y la sociedad. Estos partidos designan a los candidatos y se reparten el poder institucional del Estado así como sus territorios siguiendo cuotas electorales. El sistema lo deciden las direcciones de los partidos políticos. 

 En este paripé de régimen parlamentario, las Cortes ejercen casi de convidados de piedra. Las principales decisiones las adoptan los jefes de los partidos en reuniones secretas (asesorados por los diversos grupos de presión) y en negociaciones al margen del parlamento. Una vez concluidos los acuerdos, el parlamento escenifica el acuerdo con una votación. Es por tanto el parlamento cámara de manifestación no de reunión ni de debate. El partido gobernante controla el poder legislativo y el ejecutivo, y el poder judicial a través del Consejo General del Poder Judicial y mediante el Tribunal Constitucional. No hay división de poderes... 

Pero... ¿Son todos los políticos profesionales unos golfos? 

Sin duda alguna, a la única conclusión a la que uno puede llegar es que los partidos políticos (aunque quizá hay alguna excepción marginal, e insignificante) consideran que el fraude, la malversación de fondos públicos, el robo, la estafa, y tantas tropelías más de las que nos hablan un día sí y el otro también los medios de información, son "daños soportables". 

Este año, 2022, se cumplirán 47 de la muerte del General Franco, y 44 de la Constitución Española de 1978, o mejor dicho del referéndum mediante el cual los españoles con edad de votar aprobaron abrumadoramente la constitución vigente. Aquello, como bien sabe cualquiera que sepa de historia o guarde memoria de ello, fue una "carta otorgada" respecto de la cual apenas hubo debate ni discusión, pese a que los españoles de entonces la apoyaran con su voto, la mayoría sin saber demasiado bien a qué daban su consentimiento, tal es así que quienes la apoyaron desde la ignorancia voluntaria, o como algunos llaman "ignorancia racional", nunca la han leído, ni falta que les hace, y menos aún sus descendientes, algunos de los cuales dicen ahora que hay que reformarla, actualizarla, y cosas por el estilo pues ellos no tuvieron la oportunidad de participar en aquel referendo, por no haber nacido o no tener edad suficiente para votar... 

Quienes ahora y durante años nos han dicho aquello de "la constitución que nos dimos todos los españoles" y frases vacías por el estilo, también nos hablaban y siguen hablando de la "constitución del consenso"; pero ¿de qué consenso nos hablan? 

Son muchos, yo entre ellos, los que piensan que el consenso no es cosa positiva, sino todo lo contrario, y además que allí donde lo hay no puede haber libertad, pues el consenso es la "anti-ideología", la ideología del consenso socialdemócrata, que fundamentalmente se basa en el miedo, la propaganda, la falsa representación y en suma "la cultura de la mentira". 

Cualquier persona que esté medianamente informada, sabe perfectamente que en España sigue habiendo, aunque de forma menos descarada, un régimen político idéntico al que hace un siglo se denominaba "turnismo". 

¿Cómo, si no, se puede entender el pacto entre el PP y el PSOE para sucederse en el poder durante años y que acabó culminado en el relevo de Rajoy por parte de Pedro Sánchez, sin que el PP opusiera la más mínima resistencia? 

En todos los comicios, desde la muerte de Francisco Franco, se ha repetido la misma manera de hacer... hace ya la friolera de cuarenta y tres años. 

Los procesos electorales, tal como están diseñados, no permiten ni por asomo la igualdad de oportunidades, como tampoco se puede hablar de elecciones libres (cuando hablo de libertad, me refiero a la capacidad de tomar decisiones, de poder optar). En la práctica, ni existe la posibilidad de ser elegido (ser candidato en igualdad de condiciones y oportunidades que los demás) ni tampoco la de elegir a quien uno desee, por considerar que es el candidato más idóneo para que nos represente. 

Son las oligarquías de los partidos las que deciden, quien sí y quien no va en las listas electorales; que además son cerradas. Es decir que desde hace más de cuarenta años son siempre los mismos los que manejan el proceso de decidir sobre los integrantes de cada lista. Y además, de paso se aseguran "lealtades", sumisión, servidumbres voluntarias (aquello de "quien se mueva no sale en la foto"), y la denominada "disciplina de partido" (aunque a veces haya alguien que les salga "rana"), o sea, la sujeción a las consignas y directrices que deciden los que dirigen cada partido político. No hace falta mucha imaginación para llegar a la conclusión de que es el "criterio de docilidad-fidelidad" el que determina que se repita o no en los siguientes comicios, y no la eficacia en el desempeño del cargo o el respaldo de los electores. 

Aparte de lo anterior, que tiene una especial importancia, está el hecho de que quienes ya participan de una u otra forma del poder, reciben ingentes cantidades de dinero (de los presupuestos del estado) y subvenciones en múltiples formas, que les posibilita hacer un despliegue propagandístico-publicitario con el que, de ningún modo, otras agrupaciones políticas pueden rivalizar.                                                                                                    

Por otro lado, está también, el acceso a los medios de comunicación que, en estos momentos controlan de manera férrea el gobierno social-comunista, con el apoyo de separatistas y etarras... que está casi totalmente vedado a opciones que no sean ya parte del sistema. 

Tampoco podemos olvidar los "préstamos bancarios" que los principales partidos reciben una y otra vez, cada ocasión que hay elecciones, y que generalmente les son perdonados... 

Aparte de lo anterior, hay un factor especialmente determinante: no existe proporcionalidad directa, no hay relación entre el número de votos conseguidos y el número de cargos electos que cada candidatura obtiene. En la normativa electoral está calculado todo de tal forma que siempre salen favorecidos los llamados partidos mayoritarios, apenas existen resquicios para conseguir meter cabeza y lograr representación en las diversas instituciones...                                                                                                                                                                 Quienes hayan llegado hasta aquí, dirán que estoy olvidándome del fraude electoral, a la hora de los escrutinios, del recuento de votos. Efectivamente, para que las cosas salgan como a los que cortan el bacalao tienen previsto, de vez en cuando se recurre al fraude; sí, aquello del pucherazo que, como ya contaba viene de antiguo, y se ha convertido en una tradición en España. El pucherazo era un elemento imprescindible cuando el turnismo, y lo siguió siendo durante la Segunda República Española, que para empezar, echó a andar con fraude, pues aquellas elecciones municipales tras las que Alfonso XIII abdicó, no fueron ganadas por los partidos republicanos, y como lo que comienza torcido, luego es difícil de enderezar, fue la práctica corriente durante aquel quinquenio, y cuando no se recurría al pucherazo, se recurría a la insurrección, como en 1934, y más tarde nuevo pucherazo en 1936... y no me lo invento, los historiadores serios así lo atestiguan. 

Y ya, en plena "democracia", tras la transición, siempre han revoloteado algo más que sospechas en todos los comicios convocados, y cuando no, siempre cabía alguna forma de "golpe de estado"... como cuando, José Luis Rodríguez Zapatero se convirtió en presidente, por accidente, aquel 11 M, de los atentados de los trenes de Atocha. 

En España siguen votando los muertos, hay gente que vota varias veces, al estar empadronada en varios municipios al mismo tiempo. Y un largo etc. Todo ello, a pesar que ya estemos en el siglo XXI y la era de la información... 

Y ante este sombrío panorama, ¿qué cabe hacer? 

Evidentemente hay que ser un incauto para pensar en que, el actual régimen no vaya a propiciar su propia defunción, muy al contrario, va a tratar de integrar, asimilar, cualquier tentativa de progreso (de avanzar a mejor), cualquier acción que vaya por otros derroteros, ya sea "endulzándola", o caricaturizándola, o "ninguneándola", emprendiendo acciones para tergiversarla, en fin, todo lo que se les ocurra a quienes forman parte del aparato del régimen demagógico-populista. Incluso intentarán "criminalizarla" si creyeran que eso es lo mejor para sus intereses. 

Entonces, insisto: ¿Qué hacer? ¿Qué solución es posible para acabar con semejante entramado corrupto, calificable de mafioso, gansteril o casi? Es difícil, por no decir imposible, tratar de competir con "el sistema", utilizando sus mismas "armas", los mismos modos, los mismos medios, idénticas estrategias, e incluso hasta su mismo lenguaje; no vale la pena, es gana de malgastar tiempo, dinero, energías, y de paso ir dejando en el camino rencores, heridas, enemigos... Igualmente de negativo sería instalarse en el pesimismo... 

Y... ¿Entonces qué? Pues habrá que ir pensando en otros procedimientos. Lo que sí es claro es que, como decía Edmund Burke, para que triunfe el mal, basta con que las buenas personas, los españoles de bien, no hagamos nada. 

Los partidos políticos, en España, actúan como “cárteles mafiosos”

  Los partidos políticos, en España, actúan como “cárteles mafiosos”

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Tal vez a muchos les parezca exagerado el título y consideren disparatado afirmar que los partidos políticos españoles son grupos mafiosos, “cárteles”, pero, si vemos qué dicen los diccionarios al respecto, acabarán concluyendo que, el apelativo no está lejos de la realidad.

 

¿Qué es un “cártel”?

Un cártel es una gran organización criminal o un conjunto de organizaciones criminales que establecen acuerdos de autoprotección, colaboración y reparto de territorios para llevar a cabo sus actividades criminales.

Si tenemos en cuenta que, la corrupción es el abuso de poder, para beneficio privado (que acaba perjudicando a toda la Sociedad) y que llevan a cabo personas con autoridad, con capacidad de influencia, ya sean cargos electos o funcionarios de alto rango – los segundos en connivencia con los primeros- para lo cual es imprescindible haber “capturado” previamente el aparato del Estado, parcialmente o casi por completo; afirmar que los partidos políticos que, dicen ser los representantes de la voluntad popular, son “cárteles mafiosos”, no es nada exagerado, sino todo lo contrario.

Por supuesto, también son muchos los partidos políticos que nacieron con “buenas intenciones” (el camino del infierno está empedrado de ellas) y acabaron siendo secuestrados, capturados, por organizaciones criminales.

La corrupción en la gestión de lo público puede asociarse a varios factores fundamentales:

- A.- la intervención de particulares y de redes criminales que capturan al Estado, ya sea parcialmente o en su totalidad (adueñándose de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial), con el propósito de extraer rentas y de apropiarse de los recursos públicos, o de redes del crimen organizado vinculadas a particulares que, se especializan en apropiarse de forma fraudulenta de los recursos públicos,

- B.- la presencia de “políticos de negocios” y de partidos o agrupaciones políticas que, actúan con el único objetivo de apropiarse de los recursos públicos, previamente capturados para acceder al propio Estado

- C.- y el control de todos los resortes institucionales y de los mecanismos, pesos y contrapesos establecidos, para la prevención, la disuasión y el castigo de los actos de corrupción.

Es evidente que los actos de corrupción, de despilfarro, de malversación de fondos públicos se realizan una y otra vez, debido fundamentalmente a que, quienes los realizan, gozan de completa, o casi completa, impunidad. También es evidente que no existen, o apenas, mecanismos legales para disuadir a los corruptos, ni para sancionarlos o frenarlos de alguna manera; y cuando alguien que haya delinquido, comparece ante los tribunales, suele ser un cabeza de turco, un paripé, para simular que los gobernantes están preocupados y ocupados en luchar contra la corrupción; de todos modos, pocos son los delincuentes que suelen ser sancionados o destituidos, y para recochineo, muchos de ellos acaban siendo indultados por el Gobierno… Por otro lado, no se olvide que, la administración de justicia también está “secuestrada”, ha sido capturada por los cárteles mafiosos, de tal manera que, si algún juez o magistrado desea hacer carrera, está obligado a seguir las directrices de los capos que dirigen los diversos partidos políticos con representación en las instituciones; como resultado lógico, si algún miembro de los cárteles mafiosos (oligarcas y caciques de los partidos) acaba sentándose frente a un juez, tiene asegurado que éste no será hostil.

 

Es bueno resaltar, por si a alguien aún le han pasado desapercibidas, cuáles son las prácticas corruptas más frecuentes a las que recurren los partidos políticos “más representativos” y con más presencia en las diversas instituciones, sea a escala local, provincial, regional, nacional: 

  • el soborno, la aceptación de pagos para la prestación de un servicio, para acelerar un proceso, para evitar una sanción, para desviar o desvirtuar una decisión, para evitar una condena;
  • la extorsión, presionar mediante métodos ilegales pagos por parte de cargos electos o funcionarios de alto rango cercanos a los diversos partidos;
  • los acuerdos en los que el agente público y el ciudadano privado establecen un pacto recíproco en perjuicio del público, de forma que tal decisión favorece a personas particulares, a cambio de una recompensa para el agente público);
  • las alteraciones fraudulentas del mercado;
  • las alteraciones fraudulentas de las elecciones;
  • las malversaciones y fraudes;
  • la apropiación directa o indirecta de los dineros o bienes públicos;
  • la especulación financiera con fondos públicos, utilizando recursos públicos para invertir en el mercado financiero, aunque dichos recursos no se vean disminuidos;
  • la parcialidad en la aplicación de normas, administración o cualquier tipo de decisión deliberada;
  • los acuerdos-pactos realizados de forma clandestina, con el objetivo de defraudar, en concursos o convocatorias públicas para la contratación de bienes, servicios u obra pública, en las que diferentes participantes acuerdan niveles mínimos de subasta o se eluden licitaciones; y el uso de información privilegiada para tomar decisiones económicas o sociales privadas.

Como ya nos advertía Joaquín Costa en “Oligarquía y caciquismo como la forma de gobierno en España…”, hace ya más de un siglo, en la España caciquil, los oligarcas se reparten el país por áreas de influencia política. Cada oligarca disfruta de su correspondiente feudo-taifa (léase “Comunidades Autónomas”). Los oligarcas se agrupan en asociaciones o “bolsas de empleo”, llamadas partidos políticos y hacen como que deliberan en las Cortes. En España más que Cortes y partidos políticos existe una caricatura de ambas cosas. Los grupos políticos no responden más que a intereses pasajeros y provisionales personales y particulares de grupos de interés (lobbies, o grupos de presión se denominan hoy) Por lo demás, el Parlamento no representa a la Nación. Las elecciones son organizadas por los que realmente gobiernan para obtener el resultado electoral apetecido,

Como resultado de todo ello, la política regional funciona basándose en redes y círculos de familias, allegados y clientela, y estos procuran perpetuarse y seguir obteniendo los beneficios que brinda el ejercicio del poder político. Es por ello que, resulta más beneficioso encubrir, hacer la vista gorda, mirar para otro lado, que denunciar a sus propios socios políticos (y no necesariamente “socios”), que en algunos casos son también familiares.

Los clanes políticos que se han sucedido en el gobierno, durante décadas, desde la muerte del General Franco, han manejado con criterio patrimonial la gestión de lo público, se han apropiado de los recursos públicos, han manejado la contratación de obra pública, bienes y servicios de los diversos ayuntamientos, diputaciones y cabildos insulares; así como a escala regional y nacional, favoreciendo a sus socios políticos y a sus allegados, se han distribuido los cargos públicos y han asumido la gestión pública como si se tratara de un asunto privado.

Pues sí, aunque los oligarcas y caciques de los diversos partidos con representación en las instituciones, proclamen lo contrario y sean muchos los españoles decentes que todavía no se han dado cuenta, o no desean ni siquiera pensarlo, los políticos españoles, organizados en cárteles mafiosos, se han adueñado del poder legislativo, del judicial y del ejecutivo -también de los medios de información, a los que habría que denominar más correctamente como “medios de manipulación de masas”-, orientan sus acciones al enriquecimiento personal, a incrementar su patrimonio, a la búsqueda de un mejor estatus, de prestigio, de ascenso y promoción social, mayores ingresos, posicionamiento personal y familiar.

Los oligarcas y caciques de los cárteles políticos, de los que vengo hablando, recurren a la apropiación indebida e ilegal de los recursos públicos, a la corrupción política y administrativa; y conciben la política como un negocio, como otro cualquiera, cuyo único objetivo es el lucro, conseguir beneficios de forma fácil, constantemente y sin parar… Como es lógico, a los gerifaltes de los cárteles políticos no les importa en absoluto que, sus cargos electos o los funcionarios de los partidos, no posean la preparación o la formación ideológica necesarias para cumplir con tareas requeridas por la administración pública. Insisto: los partidos consideran la acción política como un medio para incrementar sus propios recursos económicos.

Por supuesto, la política como negocio no entiende de lealtades ni tiene un sentido de identidad colectiva, por ello cuando lo consideran necesario, los políticos profesionales se cambian de partido, o crean una nueva facción o un nuevo partido.

Algo que, tampoco podemos olvidar, es que cuando los funcionarios públicos tienen amplios poderes discrecionales y escasa responsabilidad, incurren con frecuencia en la arbitrariedad, actuando muchos de ellos de forma corrupta.

En España alrededor del 30% de los empleados públicos de la Administración Central del Estado no son funcionarios, o sea que han accedido directamente a su puesto de trabajo en la Administración a través de otras vías que no son los tradicionales exámenes de ingreso en los Cuerpos de funcionarios, a los que está obligado el común de los mortales. La libre designación como procedimiento de contratación se ha extendido como una mancha de aceite en los últimos años, lo cual abre la puerta a la politización en nuestras administraciones públicas. Aquellos puestos de trabajo de la burocracia estatal que no son ocupados por funcionarios de carrera, y no han pasado por una oposición, teniendo en cuenta la capacidad y el mérito, las posibilidades de politización y de corrupción son mayores. Los funcionarios públicos pueden sentir la tentación de utilizar sus poderes con fines personales, y acabar prevaricando y aceptando sobornos; por supuesto, son muchos los ciudadanos que están dispuestos a hacer pagos ilegales para conseguir lo que quieren del Gobierno.

Evidentemente, un factor importantísimo que condiciona la corrupción, es la probabilidad de ser descubierto y sancionado, tanto por parte de la persona que soborna como por parte del funcionario sobornado, o cargo electo, que se deja sobornar.

También son muchos los que actúan desde el convencimiento de que, muchos jueces y fiscales, y funcionarios judiciales, están corrompidos (y desgraciadamente, no se equivocan).

Sin duda alguna, la creación de instrumentos de control y el fortalecimiento de los ya existentes, es una estrategia sustancial para combatir la corrupción.

Otras medidas necesarias son la reforma de la Administración Pública eliminando el clientelismo político en la contratación y en los ascensos, la reducción de las oportunidades de corrupción, aumentando la competencia y reduciendo la arbitrariedad de los funcionarios y la puesta en marcha de un sistema riguroso de rendición de cuentas, reforzando los mecanismos de supervisión y sanción, recurriendo no solamente al derecho penal, sino también a la supervisión por parte de instituciones oficiales y de los ciudadanos.

La sociedad civil puede ser un freno al abuso arbitrario de la autoridad (funcionarios y cargos electos), siempre que tengan capacidad de organizarse y posibilidad de acceder a información acerca de lo que está sucediendo. Para ello, los gobiernos deben estar obligados a publicar los presupuestos reales, los datos sobre recaudación de impuestos, etc. pero, de poco valdrá toda esa información si no existen mecanismos que permitan utilizarla para influir en la conducta del Gobierno.

En las Ciencias Políticas se utiliza últimamente el vocablo inglés Accountability, para nombrar el proceso a través del cual, todos los ciudadanos vigilan y evalúan el actuar responsable de los servidores públicos, por medio de mecanismos como la transparencia y la fiscalización, para evitar el abuso de poder. También implica la posibilidad de castigar a los individuos responsables de conductas delictivas, a través de órganos o tribunales especializados del gobierno, el voto de la ciudadanía y la opinión pública.

La transparencia, la rendición de cuentas, la exigencia desde la sociedad y las agencias gubernamentales y no gubernamentales de controles y las sanciones a quienes infrinjan las normas, los procedimientos y las leyes son elementos en los que se basa el mencionado concepto. Se trata de fortalecer los contrapoderes, los órganos de vigilancia y control interinstitucional, a la vez que fortalecer el papel de la sociedad en su capacidad de incidir de forma directa e indirecta en la gestión de lo público, de inspeccionar-supervisar, exigir, controlar a los gobernantes y a los empleados públicos.

Pero, lo que algunos llaman ampulosamente “La Nueva Gestión Pública” no tiene nada de nuevo, todo ello estaba ya previsto en el derecho castellano e incluido en “Las Siete Partidas”, el conjunto de las leyes de Castilla redactado durante el reinado de Alfonso X (1221-1284), con el objetivo de conseguir una cierta uniformidad jurídica del reino; y me refiero a los denominados JUICIOS DE RESIDENCIA, institución que se hizo extensiva al resto de España a lo largo del tiempo y que, incluso se implantó en las provincias americanas y el resto del imperio, perdurando hasta el siglo XIX.

Aunque ya he hablado de los JUICIOS DE RESIDENCIA, en múltiples ocasiones, no está de más volverlo a hacer, pues, salvo que alguien invente algo nuevo, fueron durante siglos el mejor instrumento para combatir la corrupción, frenarla y disuadir y sancionar a los corruptos:

El Juicio de Residencia era un procedimiento judicial mediante el cual funcionarios de cierto rango (Virreyes, Presidentes de Audiencia, alcaldes y alguaciles) eran juzgados por su actuación en sus funciones de gobierno, tratando de ese modo de minimizar y evitar posibles abusos y corruptelas en el uso de su poder. Dicho proceso se realizaba al finalizar su mandato, al acabar el ejercicio de su cargo y era ejecutado normalmente por la persona que le iba a sustituir.

En el “Juicio de Residencia” se analizaba detenidamente con pruebas documentales y entrevistas a testigos el grado de cumplimiento de las órdenes reales y su labor al frente del gobierno. La investigación y la labor de recabar pruebas e información las realizaba un juez elegido por el rey en el mismo lugar encargado de reunir todos los documentos y de realizar las entrevistas.

La “residencia”, que es como acabó llamándose para abreviar, era todo un evento público que se pregonaba a los cuatro vientos para que toda la comunidad participase y tuviese conocimiento del mismo. Estaba compuesto por dos fases: una secreta y otra pública. En la fase secreta el juez interrogaba de forma confidencial a gran número de testigos para que declararan sobre la conducta y actuación de los funcionarios juzgados, y examinaba también los documentos de gobierno. Con toda esta información el magistrado redactaba los posibles cargos contra los residenciados. En la segunda fase, la pública, los vecinos interesados eran libres de presentar todo tipo de querellas y demandas contra los funcionarios y estos debían proceder a defenderse de todos los cargos que se hubiesen presentado en ambas fases del proceso.

Posteriormente, el juez redactaba la sentencia, dictaba las penas y las costas y toda la documentación del proceso era remitida al Consejo de Indias, o a la Audiencia correspondiente para su aprobación. Las penas a los que se castigaba a los enjuiciados eran multas económicas que llevaban aparejadas la inhabilitación temporal o perpetua en el ejercicio de cargo público.

Los juicios de residencia funcionaron hasta que fueron derogados por las Cortes de Cádiz de 1812. Es muy sorprendente que fueran los liberales los que eliminaron una herramienta tan potente para el control de las corruptelas y abusos políticos de los gobernantes.

Por supuesto, además de reinstaurar los Juicios de Residencia, es urgente legislar acerca de la responsabilidad de los funcionarios y de los cargos electos en las diversas administraciones, por aquello de “más vale prevenir que curar”.

El primer paso debería ser crear normas que impidan la corrupción y disuadan a los que estén tentados de corromperse; lo siguiente sería aprobar leyes para castigar a los corruptos, pues, la experiencia demuestra que los humanos en general, tienden a las malas costumbres, y que es conveniente frenar cuanto antes, sin dilación ni aplazamientos las conductas no virtuosas, de forma ajustada a derecho.

Y, ya para terminar, por si alguien aún pone en duda el título o lo considera exagerado, los invito a que lean la descripción que hace un -anónimo- funcionario español del Ministerio de Hacienda, acerca de los procedimientos que usan los gobernantes para saquear a los ciudadanos productivos, a las personas de clase media; vean ustedes el “modus operandi”:

 

“Reflexiones sobre la democracia española y el coste de mantenerla”

 

Algunos creen que en España hay socialdemócratas, conservadores o liberales, se equivocan. El Estado Español es una estructura de saqueo y expolio a las clases medias, con un sistema impositivo cuyo único objetivo es robar todo lo posible a la parte productiva de la sociedad.

La Agencia Tributaria, el organismo recaudador de impuestos, explota, saquea y roba, con un impresionante despliegue técnico, humano y propagandístico.

En el Ministerio de Hacienda están los mejores funcionarios, los más profesionales, poseen los mejores ordenadores, el resto de la administración son servicios auxiliares de Hacienda.

El dinero recaudado va a dos grupos: una clase dirigente y a una red de electores-clientes que le da soporte.

Esas clases privilegiadas: partidos políticos, sindicatos, altos funcionarios y algunas grandes empresas, tienen por objeto maximizar el expolio mientras que se desprecia y se subestima el propio sistema productivo.

Se desprecia al empresario de éxito. Se entorpece la innovación y se impone un esquema de valores en el que el enriquecimiento honrado es moralmente criticable.

El actual régimen expropiatorio nace en los 80 con el Gobierno del PSOE (con Felipe González al frente). Sus acciones se orientaron a invadir el sistema educativo, inflar la administración, dar a los políticos el control de las cajas de ahorro, mientras desindustrializaban España…

De menos de 800.000 funcionarios existentes cuando se produjo la muerte del General Franco, se ha pasado a casi tres millones y medio, de los cuales Sanidad y Educación representan un millón doscientos mil, con una clara inflación de centros universitarios, mala calidad educativa y un gasto sanitario por habitante más bien bajo.

El PP cuando toma el poder no desmonta todo el aparato de saqueo que se encuentra, sino que se aprovecha de él, simplemente toma el relevo.

A todo esto, hay que añadir un cuarto poder: los medios de comunicación, que en la práctica no son más que un formidable aparato propagandístico de una clase en la que el sentido crítico, el análisis imparcial y la objetividad han desaparecido por completo, mientras toma su parte de los presupuestos públicos.

Como el dinero y la riqueza que se crean en España se queda corto, los sucesivos gobiernos han ido creando un enorme endeudamiento público que, pone al país a merced de sus acreedores y absorbe el ahorro privado.

El español medio, un auténtico ignorante político, permite que se utilice su dinero para pagar toda una maraña, una enorme trama corrupta que, en buena medida está orientada a engañarlo.

Nos quieren hacer creer que corrupción es meter la mano en la caja pero, no es así: fundaciones, organismos inútiles, cargos absurdos y redes clientelares representan muchísimo más gasto, más despilfarro, más dinero y tienen un objetivo igual de abyecto, o más, que el robo.

El elemento más obsceno de la corrupción del sistema es el manejo de los medios de comunicación públicos, que mejor habría que denominar «medios de manipulación de masas», y el permanente soborno a los medios privados, junto con la galopante degeneración y el uso propagandístico del sistema de enseñanza.

En la España oligárquica y caciquil, los ciudadanos están infantilizados y embrutecidos, la sociedad española es inmadura moral y políticamente. Esta España, corrupta que nos ha tocado, no puede tener ciudadanos conscientes y mucho menos «electores» propiamente dichos, ni por tanto, un régimen parlamentario. Como el pueblo español carece de madurez política, el sufragio universal también es una ficción…

El llamado «Estado de las autonomías» no está diseñado para una mejor gestión. Su prioridad es la manipulación de los medios de comunicación y de las mentes a través de los centros de enseñanza, desde la primaria hasta la universidad. En las regiones más «identitarias» -gobernadas por separatistas- esto es mucho más evidente: lavado de cerebro a costa de lo que sea.

Los costes de todo esto son enormes: un sistema productivo menguante y una productividad estancada desde hace varias décadas.

España va alejándose poco a poco de los niveles de renta de las cinco grandes naciones de la Unión Europea.

La corrupción y la mala gestión se ven a simple vista, si sabes mirar. La carestía de la vivienda, la alta factura de la electricidad, la falta de oportunidades, la inflación de leyes, la pesada y mastodóntica burocracia, la poca innovación o los salarios bajos son fruto del saqueo.

El deterioro de lo que llaman algunos ‘el contrato social’ es ya clamoroso. No existe ya igualdad frente a la ley, protección de la propiedad privada, ni presunción de inocencia.

Defender la igualdad frente a la ley, es en estos momentos en España un acto de subversión.

El Estado ya se inhibe de los elementos más elementales de los principios hobbesianos y se preocupa solamente de sí mismo y se ocupa en tener distraídos y entretenidos a los ciudadanos que todavía son ilusos y crédulos que, aún siguen ignorantes del inmenso saqueo al que están sometidos.

La ecología, la desigualdad, el feminismo, las acusaciones de fascismo,… no son más que cortinas de humo que intentan generar una respuesta emocional y por tanto irracional.

Se evita un análisis racional y por eso llenan las televisiones de tarascas, verduleras y gañanes que se desvían poco del insulto y el juicio de valor. El análisis racional ha sido totalmente desterrado, ni un solo intelectual tiene hueco ya en los medios.

Si queremos encontrar un modelo o algo similar a la España actual solamente hay que mirar a Argentina. Si no estuviéramos en el euro los niveles de inflación serían galopantes y se habría producido ya lo que en aquella nación denominan «corralito»

Así que aquí estamos. Hasta que no nos sacudamos a esos parásitos de encima, seguiremos en una sociedad mediocre e irrelevante y continuará el deterioro económico y moral.

¿ES LA CORRUPCIÓN UN MAL MENOR, UN DAÑO SOPORTABLE?

Evidentemente, la corrupción ha puesto a España patas arriba, invadiéndolo todo, incluyendo el idioma, hasta tal extremo que, la sociedad española se ha acabado degradando, pudriendo, infectado por la muerte, hasta resultar irreconocible… En esta España corrupta reina la desesperanza, es por ello que los españoles cada día que pasa se vuelven más indiferentes ante cualquier norma, incluidas las morales.

EXISTEN POLÍTICOS CORRUPTOS PORQUE LA GENTE LOS VOTA, LOS CORRUPTOS NECESITAN CÓMPLICES QUE LOS VOTEN Y SIGAN PARTICIPANDO DEL TRATO DE FAVOR QUE ESTOS LES DAN A QUIENES FORMAN PARTE DE SU RED CLIENTELAR…