martes, 21 de mayo de 2013

Cómodo



Cómodo

Durante el gobierno de Marco Aurelio, último de los cinco buenos emperadores, un número de catástrofes naturales golpearon a Roma. Inundaciones del Tíber, hambruna, y la plaga traída del oriente por ú ejército provocaron una disminución considerable de la población y una escasez de hombres en la milicia. Para muchos romanos, estos desastres naturales parecían augurar un futuro ominoso para Roma.
Pronto surgieron nuevas dificultades con la muerte de Marco Aurelio. A diferencia de los primeros cuatro buenos emperadores, quienes eligieron sucesores capaces adoptando a hombres competentes como sus propios hijos, Marco Aurelio permitió a su .hijo Cómodo (180-192) llegar a emperador. Hombre cruel, Cómodo resultó una pésima elección, y su asesinato trajo un breve rebrote de la guerra civil, hasta que Septimio Severo (193-211)

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Cómodo conjuntamente con Nerón y Calígula ocupará un puesto de honor dentro de la historia del Imperio Romano. Sin embargo, este lugar destacado que obtienen dentro de la historia universal, muchas veces se considera como injusto –por los altibajos y extremismos en los juicios sobre todos ellos–.
  
La historia de Cómodo demuestra que la herencia de su padre no determinaría su conducta ni su gobierno. Marco Aurelio, su padre, era un extraordinario emperador y padre mientras que Cómodo, un pequeño monstruo en crecimiento. A su vez, será uno de los últimos emperadores de la dinastía de los Antoninos (por Antonino Pío, sucesor de Adriano), y gobernante pacifista (Pax Romana).
 Nacido en Lanuvium, compartió el trono de Roma con su padre, Marco Aurelio –el Emperador filósofo–. En el año 180, inmediatamente después de la muerte de su padre, fue proclamado emperador. También, junto a Marco Aurelio había sido corregente, tras recibir el título de Augusto. Una de las primeras medidas que adoptó una vez en el poder, fue el principio dinástico –sucesión de padres a hijos–, abandonando el principio de adopción vigente hasta ese momento (mediante el cual los emperadores adoptaban a sus sucesores sin tener en cuenta la filiación).
  Además, el nuevo emperador se hizo adorar como la encarnación de Hércules y Mitra –lo que se denominó locura cesárea–, convencido de ser representación de aquellos personajes mitológicos, incluso adoptó el divinizado titulo de Hércules Romanus. Sin embargo, el pueblo –más crítico y desconfiado– refiriéndose a temas mucho más terrenales, señalaba al Emperador como el fruto deleznable de los amores de la emperatriz Faustina y un gladiador.
Una de las hipótesis que se establecen es el posible asesinato de Marco Aurelio por parte de Cómodo, aunque no existen pruebas contundentes de este hecho. Por el contrario, un acto comprobado era la violación de sus hermanas, que no pudo concretar en el caso de su madre. Sin embargo, pronto encontró la manera de acercarse a esa posibilidad, rebautizando a una de sus concubinas –que tenía cierto parecido con su madre– con el nombre de su progenitora, de manera que cada vez que la poseía, se hacía la idea de que estaba con su madre. Sí se sabe fehacientemente, por el contrario, que mató directamente a su hermana Sucilla y a una de sus esposas, Cripisca.
 Cómodo era un hombre sin complejos disfrutaba luchar con los gladiadores sin tener el final destinado a estos guerreros. En este sentido, el emperador siempre salía victorioso porque obligaba a sus contrincantes a emplear espadas de madera mientras que él bajaba a la arena pertrechado de todo el arsenal de espadas de verdad, mazos rotundos y demás armas de muerte, acabando con gran parte de ellos. Más de 700 veces bajó el Emperador a la arena a ejercitarse en estas luchas, aunque en otras ocasiones su crueldad llegaba aún más lejos y superaba todo lo conocido. Al respecto, en una de sus encarnaciones de Hércules, abusando de una gran preparación física –extraordinaria ya que mataba animales salvajes y torturaba esclavos– y blandiendo la famosa maza del héroe griego, aporreó hasta la muerte a cientos de lisiados que se arrastraban por las calles de Roma (adelantándose a futuras limpiezas étnicas) de forma cruel y despiadada. Incluso, solía ofrecer diariamente sacrificios en ofrenda a la diosa Isis, de la que era un adorador ferviente.
 Dejando de lado sus excentricidades y maldades, con respecto a las cuestiones del gobierno del Imperio, Cómodo dispuso la venalidad de los cargos públicos –que se condecía con su avaricia extrema que lo llevaba a arrancar hasta el último céntimo de los bolsillos de sus gobernados–. Esta orden se enfrentaría rápidamente con el Senado, que desde un principio la objetó. Desde este momento, el nuevo emperador se granjearía a gran parte del poder del Imperio y de amplias capas de la población y del Ejército. No obstante, este poder procedía del terror que emanaban sus decisiones caprichosas e inesperadas, incluso, en los momentos de su máximo poder, un Senado sumiso llegó a declararlo como «el más noble y más glorioso de los príncipes». Cabria agregar que su vida estuvo marcada por el escándalo y la perversión que exteriorizaba públicamente en sus orgías, durante las cuales gozaba utilizando constantemente un vocabulario soez de manera torrencial, con el ánimo de que desagradara a los que tenía cerca.
 Dotado de una personalidad ególatra y enfermiza, Cómodo estaba convencido que la posteridad agradecería poder conocer su paso por el poder y por la Historia, sirviendo de ejemplo para las generaciones futuras (quienes desearían imitarlo absolutamente en todos y cada uno de sus actos). Es por eso que ordenó, desde los inicios de su gobierno, que dataran absolutamente todos sus actos por escrito, resaltando sus propios hechos (incluidos los non sanctos). Estos actos serian volcados en las Actas de Roma (una especie de gaceta oficial), sin censurar ninguno de los actos innobles, de los que se autoproclamaba único protagonista.
En cierto sentido, no se ocupaba de todos los actos de gobierno, delegando la toma de deceisiones (referidos a los negocios del Imperio entre otros) a Perennis, quien era el verdadero gobernante. De esta forma, Perennis asumiendo todos los deberes y obligaciones del Imperio, dejaba libre a Cómodo para dedicarse a los placeres y a las maldades –generalmente unidos en este emperador–. Es necesario destacar que estos pasatiempos imperiales salían muy caros a Roma, pues Cómodo dilapidaba los tesoros del Imperio sin limites. A su vez, sus rarezas y excentricidades parecían no tener fin tampoco: sentía una extraña debilidad por las personas con nombres que recordaran a los animales. Así, un tal Onon (asno) fue colmado de riquezas y nombrado Gran Sacerdote de Hércules, haciendo honor no sólo al cuadrúpedo original sino también a la Naturaleza ( que le había regalado un miembro viril que recordaba al de un asno de verdad). Este detalle le hizo ser muy apreciado por el Emperador. Otras excentricidades eran las distracciones “escatológicas” que practicaba, como la de sorprender a sus invitados con la mezcla de sabrosísimos manjares y algo menos apetecibles excrementos y hasta sangre menstrual, que los asistentes estaban obligados a deglutir sin exteriorizar demasiado el asco correspondiente.
Las esperanzas depositadas en este príncipe rubio y de una apolínea presencia pronto se derrumbaron, hasta convertirse en un sentimiento de verdadero peligro para la continuidad del Imperio, animando a sus enemigos a decidirse a “cortar por lo sano”. El emperador se había recluido en el Palatino acompañado de 300 prostitutas y algunos pederastas, de manera que sus orgías no tuviesen fin en sus dominios domésticos. Se dice que él mismo se imponía el trabajo inmenso de poseer a todos ellos, posesiones sólo interrumpidas por el hastío y el derrumbe físico del Emperador.

 Progresivamente el fin de Cómodo y su reinado se iban configurando. Para derrocar a Cómodo se unieron Marcia (concubina del emperador, que funciono como directora del complot), Leto (prefecto) y Ecleto (el chambelán). De esta manera, Marcia, intentó matar a Cómodo suministrándole un veneno que no resultó suficiente para provocarle la muerte, lo que la llevó a solicitar la ayuda del resto de los conspiradores. 
 En este sentido, y con el fin de humillarlo aún más en su ultima hora, utilizó a Narciso, un esclavo –amante de Marcia– que demostraba una infidelidad humillante para el pretendido Hércules redivivo. Narciso y el resto de los conjurados, acabaron con la vida de Cómodo mediante el estrangulamiento y posterior asfixia (utilizando para ello el propio colchón del emperador, al que aplastaron hasta que exhaló). Dentro de sus ejecutores directos estaban el citado Narciso y uno de aquellos amados gladiadores que Cómodo siempre mimó, aunque fuese para posteriormente despedazarlos en el circo. 
 El mismo Senado que le aplaudió en sus desafueros, lo describiría posteriormente como «más cruel que Domiciano y más impuro que Nerón». Sus restos serían enterrados en el spolarium, la fosa común a donde iban a parar los cuerpos destrozados de los gladiadores muertos en el circo.

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