domingo, 17 de abril de 2022

Los Sedimentos del Diluvio

Los Sedimentos del Diluvio

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Siguiendo al profesor Emérito de geología estructural de la Universidad de Massachusett, Donald U. Wise, a Christopher Gregory Weber del National Center for Science Education (NCSE), y a otros autores, vamos a continuar con nuestro recorrido por la alucinante Teología de la Inundación.

 

Edad relativa y escala cronológica:

La cronología relativa es un método para determinar la edad de un determinado elemento geológico, paleontológico o arqueológico en relación a otro. De esta forma, no se define una edad o antigüedad absoluta, sino que se emplean comparaciones tales como «más moderno que» o «contemporáneo a».

Los principios estratigráficos de superposición (un estrato es más moderno que el que se sitúa por debajo) y continuidad (la edad de un estrato es similar en toda su extensión) son ampliamente utilizados, aunque es preciso que se cumplan determinados supuestos, como la no alteración del terreno por plegamientos ulteriores.

 

estratos-2Cuando por alguna causa no es posible observar esta estratificación de forma directa e inequívoca, existen varios métodos que pueden ayudarnos, como  la identidad paleontológica (fósiles similares indican edades similares), la presencia de rocas magmáticas atravesando terrenos más antiguos o encerradas en forma de clastos en conglomerados más jóvenes o el estudio de la composición de polen (datación polínica), entre otros.

Escala creacionista

El geólogo creacionista Austin (1994) interpreta todas las  rocas sedimentarias desde el Cámbrico (que comenzó hace 542,0 ± 1,0 millones de años) hasta el Cretácico (que terminó hace 65,5 ± 0,3 millones de años) como parte de los “depósitos del Diluvio”.  Sin embargo, otros creacionistas, consideran la “Explosión Cámbrica” -la aparición repentina desde el punto de vista geológico de abundantes fósiles multicelulares a comienzos del Período Cámbrico,  hace 542/530 millones de años- como el límite Prediluvio/Diluvio (Hunter, 2000).

Al situar el Diluvio al final del Cretácico, Austin denomina a los principios de la Era Cenozoica (65,5 ±0,3 millones de años – actualidad), como “depósitos post-Diluvio». Mientras que Mario Seiglie (2008), responsabiliza a la gran extinción que acabó con los dinosaurios en aquellas fechas a la rebelión de Satanás y sus Ángeles Caídos (interpretando a  Isaías 14:12-17; Ezequiel 28:13-18; Lucas 10:18; 2Pedro 2:4 y Apocalipsis 12:3-4).

Finalmente, Wise (1998), no está seguro de las fechas que Austin atribuye a los depósitos del Cenozoico post-Cretácico en las llanuras costeras y plataformas continentales, algunos de los cuales alcanzan espesores de 12 km (como en el Delta del Misisipi), incluyendo a la mayor parte de estos como «depósitos del año del Diluvio» o bien depósitos marinos pre-Diluvio depositados en los continentes durante la gran inundación.

Sin embargo, la naturaleza plana y relativamente poco perturbada de estos depósitos argumenta fuertemente en contra de tales modelos de dumping de los sedimentos pre-inundación. Pero veamos que nos dice la geología y los métodos de datación relativa al respecto.

Geoquímica y distribución de las rocas en el tiempo

Conocemos rocas magmáticas de todas las edades, formadas cuando el magma se enfría y solidifica, aunque son más abundantes cuanto más antigua es la época, al haber sufrido los terrenos mayores períodos de erosión que las han ido dejando al descubierto.

Las rocas sedimentarias, derivadas de éstas, presentan importantes diferencias de composición química. Por ejemplo, las rocas sedimentarias antiguas, formadas en ambientes litorales poco profundos que posteriormente se incorporaron a los continentes, presentan características muy distintas a los depósitos oceánicos profundos (fangos azules, globigerinas, etc.) que fueron depositados desde un principio en las profundidades oceánicas.

imagesOtro fenómeno importante es la alternancia entre calcita y aragonita en los mares y océanos a través del eón Fanerozoico  (542,0 ±1,0 millones de años hasta nuestros días), producido por un patrón cíclico en las condiciones y fauna oceánicas. Así, entre los depósitos menos profundos la frecuencia relativa de calcitas es muy baja en el Precámbrico, aumentando del Cámbrico al Cretácico,  para disminuir de nuevo hasta la actualidad. Así, el porcentaje de calizas en relación con el conjunto caliza-dolomía, varía desde un 35% hasta el Silúrico, 76% en el Carbonífero, 94-95% del Cretácico al Terciario, y 91-92% desde entonces hasta ahora.

Por último, entre los depósitos terrestres o de aguas continentales aparecen antracitas (posibles antiguos carbones de algas) a partir del Precámbrico, así como hullas de detritos de madera y frondas del Carbonífero al Terciario,  los lignitos del Triásico al Cuaternario y las turbas del Terciario a la actualidad. Estas variaciones en el tiempo, por una parte se deben a la diagénesis o al metamorfismo, (transformaciones posteriores a la deposición de las rocas) y por otra al hecho de que la flora que proveía la materia prima, o las especies bacterianas responsables de su ataque, pudieron cambiar durante el transcurso del tiempo y, variar en las condiciones fisiológicas de las fermentaciones.

Todas estas diferencias temporales resultan muy difíciles de explicar bajo una teoría de deposición simultánea en el diluvio.

Cubierta sedimentaria de los continentes

Los continentes típicos presentan un sótano granítico con una cubierta Cámbrica relativamente plana y rocas sedimentarias más jóvenes por encima, con espesores promedio (1,5 km) hasta cinco veces mayores que el grosor de la cubierta que se encuentra en el lecho de los océanos (Sloss, 1988). Según Edgar Huamán Julca de la Iglesia Adventista del 7º Día, es muy importante el hecho de que cerca de 1/3 de los sedimentos continentales presentan fósiles marinos, lo que indica su origen oceánico, y concuerda bastante bien con la idea del levantamiento de sedimentos marinos postulada por su profeta Ellen Gould Harmon de White.

Drumheller_ChannelsLos geólogos del Diluvio afirman que las cuencas oceánicas y los continentes consisten esencialmente el mismo tipo de corteza, siendo la diferencia principal que las cuencas oceánicas y los continentes se redujeron a lo largo de las fallas verticales. Su hipótesis tiene dos problemas. En primer lugar, si el diluvio inundó continentes enteros, entonces la mayoría de los sedimentos y rocas sedimentarias del mundo deberían encontrarse en las cuencas oceánicas. Los Channeled Scablands, en este de Washington (EEUU), lucen a pequeña escala, como los continentes se verían si la geología de inundación fuese verdadera (Shelton, 1966).

Estos canales se formaron por las inundaciones catastróficas que acontecieron de forma periódica en el este de Washington y bajo la Meseta del río Columbia durante el Pleistoceno: durante la última edad de hielo, un glaciar represado actualmente por el lago Lago Missoula, originó al fundirse flujos de agua de 2.084 km3, que despojaron  catastróficamente de su cubierta a miles de kilómetros cuadrados de esta región.

Sin embargo, rocas ígneas desnudas como éstas rara vez se encuentran fuera del estado de Washington. Por el contrario, los continentes y las plataformas continentales están cubiertos con sedimentos y rocas sedimentarias con un grosor de hasta 12.000 metros, mientras que las cuencas oceánicas presentan menos de 1 km de grosor de sedimentos, excepto cuando se topan con una plataforma continental, donde se reúnen la mayor parte de los sedimentos vertidos por los ríos. Pocos sedimentos llegan hasta las cuencas oceánicas profundas. La teoría de la deriva continental nos lleva a esperar exactamente este resultado, pero, sin embargo, es exactamente lo contrario de lo que predice la geología de inundación.

1: Corteza continental. 2: Océano. 3: Manto superior. 4: Corteza oceánica.

1: Corteza continental. 2: Océano. 3: Manto superior. 4: Corteza oceánica. (Fuente: Wikipedia)

Por otro lado, como hemos dicho, los continentes son en su mayoría losas de granito de unos 30-60 km de espesor. La corteza continental granítica destaca muy por encima de las cuencas oceánicas y posee raíces más profundamente hundidas que éstas, al ser el granito más ligero que el basalto y por lo tanto flotar sobre el manto viscoso de la Tierra.

Estos datos sobre sedimentos y flotabilidad, bien conocidas por cualquier estudiante de primer año geología, también causan graves dificultades para la geología de inundación.

Los sedimentos de aguas profundas

Las columnas oceánicas típicas tienen unos 800 m de sedimentos (Worzel, 1974). Las actuales tasas de la acumulación de estos sedimentos en los fondos oceánicos profundos del Pacífico en forma de  lodos, lodos calcáreos, fangos silíceos y arcillas rojas son, respectivamente, de 0,2, 0,02, 0,005 y 0,001 mm/año (Berger, 1974). La tasa de deposición Atlántica es de probablemente el doble de la del Pacífico, debido a que la mayoría del océano Pacifico se encuentra alejado de la tierra, que es la fuente de sus sedimentos. Si suponemos, como promedio, una velocidad de depósito de 0,01 mm/año, la acumulación de 800 m requiere unos 80 millones de años, un valor bastante razonable para la edad media de las cuencas oceánicas.

Sin embargo, todos los modelos de «tierra joven» requerirían que esta acumulación se originara a finales del año de la gran inundación o durante los 4.500 años posteriores, lo que supondría una tasa promedio de unos 20 cm/año, es decir, 20.000 veces la del presente. Toda la sedimentología de grano muy fino y los lodos de aguas profundas exigen tasas de sedimentación extremadamente lentas en lugar de la catástrofe que indica el espurio modelo del Diluvio Universal.

En próximas entregas veremos como no son solo estos factores los que ponen en serios aprietos a la geología diluviana, sino que los arrecifes de coral y las evaporitas también se les indigestan a los acólitos de la madre de todas las inundaciones.

 

Historia de la geología del diluvio (II)

Historia de la geología del diluvio (II): siglo XVIII-actualidad

 


Sir Charles Lyell sketch of a land slip.

El nacimiento de la geología moderna:

James Hutton (1726-1797) y Sir Charles Lyell (1797-1875), establecieron las bases de la Geología moderna, mediante el actualismo, el uniformismo y el gradualismo geológico, demostrando por lo que se veía en las rocas, que los procesos eran muy largos, y que todavía siguen actuando.

Los informes de Hutton aparecieron en 1788 en el volumen 1 de “Transactions of the Royal Society of Edinburgh”, publicándose en 1795 una versión en 2 volúmenes, con el título de “The Theory of the Earth: or an Investigation of the Laws observable in the Composition, Dissolution, and Restoration of Land upon the Globe”. Suponía que las rocas cristalinas, como el granito y el basalto, se originaban en el incandescente Núcleo Terrestre. Demostró, en el campo, que estas rocas formaban filones y diques que se habían introducido en las rocas que las rodeaban, las que, solamente podrían haberse formado por la consolidación de las rocas fundidas; éstas eran las rocas ígneas. Esta es la teoría “Plutónica” sobre el origen de la Tierra, en la que el calor es el principal agente de la elevación de las masas terrestres, y en la que, los procesos de denudación y deposición, operando durante millones de años configuraron la superficie terrestre. Fue acusado de ateísmo por su concepto eterno de cambio natural: “is that we find no vestige of a beginning, no prospect of an end”.

Lyell, opinaba en su “Principles of Geology” (1880-1833) que las transformaciones que se realizaban en las rocas metamórficas están en íntima relación con la actividad ígnea. Sugirió los términos Eoceno, Mioceno, Plioceno y Pleistoceno para la división del Terciario e intentó definir los límites del Cámbrico y Silúrico. Además, sugirió la “doctrina fluvialista” de erosión fluvial de los valles, ya que, la mayoría de los geólogos británicos eran diluvialistas, y creían que los ríos seguían teniendo la misma forma desde el Diluvio Universal.

En 1823 el reverendo William Buckland (1784-1856), el primer profesor de geología en la Universidad de Oxford, interpreta los fenómenos geológicos como Reliquiae Diluvianae, las reliquias de la inundación que acreditan la acción de un Diluvio Universal. Sus opiniones fueron apoyadas por otros naturalistas clérigos Ingleses en el momento, incluyendo la influencia de Adam Sedgwick (1785-1873), pero estas ideas no fueron compartidas por los geólogos.

En 1830 Sedgwick fue convencido por sus propios hallazgos que las únicas pruebas mostraban inundaciones locales, y finalmente, la idea de que todos los estratos geológicos fueron producidos por una sola inundación fue rechazada en 1837 por William Buckland, que fue, el último defensor serio del Diluvio Universal. Durante un tiempo, Buckland siguió insistiendo en que algunas capas geológicas se relacionan con la gran inundación, pero llegó a aceptar la idea de que representaban múltiples inundaciones que se produjeron mucho antes de que los seres humanos existieran. El geólogo suizo Jean-Louis-Rodolphe Agassiz (1807-1873) estaba convencido de que gran parte de las pruebas en que se basaron fueron, en realidad el producto de antiguas edades de hielo. En un congreso de naturalistas, en Glasgow, Agassiz opuso a las palabras de la Biblia, la descripción de las morrenas de fondo y terminales, de la acción raspadora de los glaciares, de los bloques erráticos, como las terrazas glaciares de Glen Roy en Inglaterra, etc…De este modo, Buckland, se convirtió en uno de los primeros campeones de la “teoría de de las glaciaciones” de Agassiz, la que proponía que vastas áreas de la Tierra estuvieron cubiertas por el hielo. La ciencia de la geología abandonó las ideas de las inundaciones catastróficas globales, las que, que requieren de desviaciones importantes de los actuales procesos físicos.

Antonio Snider-Pellegrini (1802–1885), en su libro “La Création et ses mystères dévoilés” (1858), confeccionó un mapa en el que representó los continentes norteamericano y europeo únicos, sugiriendo que el único continente reconstruido representaba una gran similitud entre las plantas fósiles en yacimientos de carbono tanto de Europa como Norteamerica. Propuso que todos los continentes estuvieron conectados juntos una vez durante el Período “Pensilvaniense” (Carbonífero Superior) y atribuyó la causa de la fragmentación del supercontinente a la Gran Inundación de la Biblia.

El paleontólogo argentino Florentino Ameghino (1854-1911) en su ensayo sobre los «terrenos de transporte» de la provincia de Buenos Aires (1876; 1914), discute el Diluvio universal. En la introducción, descarta su existencia y pasa a dar cuenta de los datos empíricos que soportan sus ideas, señalando que el agua existente en los océanos no lograría cubrir toda la tierra, -observación que ya había sido formulada por el reverendo Burnet en el siglo XVII-. Enumera los argumentos por los que considera que el Diluvio no pudo ser el agente involucrado en la muerte y sepultamiento de los fósiles de la «formación pampeana». Entre estos argumentos, aquéllos que incluyen observaciones tafonómicas son: 1. Ausencia de vertebrados y moluscos marinos en los depósitos pampeanos: descartando la presencia de elementos alóctonos en la «formación pampeana», considerándola de origen exclusivamente continental -probablemente esta observación esté relacionada con la que realizó Charles Darwin en su descripción de la localidad de Punta Alta (1832)-; 2. Los huesos fósiles pampeanos se encuentran en todos los niveles de la formación: considerando que el modo de muerte catastrófico del diluvio no se corresponde con la distribución espacial de las asociaciones fosilíferas: en lugar de disponerse en una capa, los especimenes se distribuyen verticalmente en todos los niveles; 3. Todos los huesos fósiles no se hallan en las mismas condiciones: compara, apoyado en sus observaciones actualistas, la disposición de las carcasas producto de entrampamientos en ambientes pantanosos, con las que fueron sepultadas por las inundaciones.

El meteorólogo y geofísico alemán, Alfred Lothar Wegener (1880-1930), construye una teoría estructurada y argumentada sobre la deriva continental (Die Entstehung der Kontinente und Ozeane, 1915). Basándose en consideraciones sobre geofísica y paleontología. Hasta este momento la explicación de montañas y mares se basa en la contracción diferencial por enfriamiento de la Tierra, con puentes intercontinentales que luego se desploman para explicar la misma paleofauna del Gondwana en continentes separados por extensos océanos.

Los inicios de la Geocronología:

En forma independiente y casi simultánea, A.G. Werner (1750-1817), Ernst Friedrich von Schlotheim (1764-1832) y William “Strata” Smith (1769-1839), descubrieron que los estratos de rocas pueden identificarse porque en ellos se encuentran ciertos fósiles que no existen en capas superiores o inferiores.
Werner, desarrolló su propia columna geológica, sistema de estratificación, y creía que los volcanes tenían su origen en la combustión de las capas de carbón; von Schlotheim, aplicó del principio actualista en las geociencias, y comparó los fósiles de organismos modernos asimilando el sistema binario de Carl von Linné (1707-1778), además, comparó las plantas fósiles del carbón de Turingia, con los géneros actuales y llegó a la conclusión de que una vez prevaleció el clima tropical en Turingia, y también reconoció que el «cono de la montaña y el valle de Bad Liebenstein» eran «los arrecifes de coral del mundo antiguo»; Smith, agrimensor autodidacta y Padre de la Geología Inglesa, reunió observaciones muy detalladas que le permitieron establecer los principios fundamentales de la estratigrafía, estableciendo las leyes de “superposición”, de la “identificación de estratos por sus fósiles”, y además, de hacer el primer mapa geológico de Inglaterra.

El físico francés, Antoine Henri Becquerel (1852-1908), en 1896 descubrió accidentalmente una nueva propiedad de la materia que luego se denominó radiactividad. Posteriormente el físico francés, Pierre Curie (1859-1906) y su esposa, la química y física polaca, Marie Salomea Skłodowska Curie (1867-1934), aislaron el Torio, el Polonio y el Radio.
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En el Siglo XIX comenzaron las primeras estimaciones de la Edad de la Tierra con técnicas científicas, es decir, independientes de los textos bíblicos.

En 1856 el físico alemán Hermann Ludwig Ferdinand von Helmholtz (1821-1894), presento sus cálculos del tiempo que le habría llevado al Sol evolucionar hasta su diámetro e intensidad actual a partir de la nebulosa de gas y polvo de la cual se formó, dándole una edad de 22.000.000 de años.
William Thomson, primer barón Kelvin (1824-1907), entre 1862-1883, basándose en: 1). El ritmo de disminución de la velocidad de rotación de la Tierra; 2). El tiempo durante el cual la producción de energía solar ha podido mantenerse; 3). Supuso que la Tierra se habría formado como una bola de roca fundida, y calculó el tiempo que demoró el proceso de enfriamiento hasta las temperaturas actuales, estimando la edad de la Tierra entre 24.000.000-400.000.000 de años. Posteriormente, en 1892, Lord Kelvin calculó la edad de la Tierra utilizando un método basado en los gradientes térmicos, obteniendo la edad de 100.000.000 de años, pero, al no tener en cuenta que el manto terrestre es un fluido viscoso le hizo errar los cálculos.

El astrónomo canadiense-estadounidense, Simon Newcomb (1835-1909), en 1892 hizo de forma independiente los mismos cálculos que Hermann von Helmholtz, obteniendo una edad de 18.000.000 de años. Ambos, supusieron que el Sol brillaba como consecuencia del calor generado por su contracción gravitacional.

El astrónomo George Howard Darwin (1845-1912), propuso que la Tierra y la Luna se habían separado al comienzo de su existencia cuando, aún eran masas líquidas, basándose en cálculos usando modelos de fricción mareomotriz, y, calculó cuánto tiempo le tomó a la Tierra desarrollar el día de 24 horas de duración, obteniendo 56.000.000 de años de edad.

El profesor de ingeniería John Perry (1850–1920), en 1895, utilizando un modelo de un manto convectivo y una corteza delgada, estimó que la edad de la Tierra estaba entre 2.000.000.000-3.000.000.000 de años.
El físico irlandés, John Joly (1857-1933), en 1899 calculó el ritmo al cual los océanos habrían acumulado sal mediante procesos de erosión, al considerar la proporción en que los ríos transportaban sales al mar y el tiempo necesario para que un océano inicial de “agua dulce” adquiriera su actual salinidad, y determinó que los océanos tendrían una edad de unos 80.000.000-100.000.000 de años de antigüedad. Sin embargo, Joly, en su libro “Radiactivity in Geology” (1909), abrió el camino hacia una nueva forma de ver el calor terrestre y los efectos de la radiactividad sobre el tiempo necesario para que la Tierra se enfriara desde su temperatura de formación hasta la actual. Lord Kelvin de la Universidad de Glasgow, estudió el problema del enfriamiento, y llegó a la conclusión de que la Tierra sólo tenía 24 a 400 millones de años, pero, Joly demostró que la radiactividad de las rocas cambiaba totalmente los resultados, y que, el calor radiogénico provee la energía para los grandes procesos de la formación de las montañas.

Lord Ernest Rutherford (1871-1937), en 1904 propuso que podía determinar la edad de una roca midiendo la concentración de Helio en su interior, calculó que una muestra de roca que tenía en su laboratorio tenía una edad de unos 40.000.000 de años. Rutherford supuso que la velocidad de decaimiento del radio que fue determinada por Ramsay y Soddy (1903) era correcta, y que el Helio quedaba atrapado en la muestra sin poder escaparse, pero la pérdida de Helio en los minerales altamente radiactivos que midió era tan grande que sus resultados indicaron edades muy pequeñas.
El período de estudios intensivos de las relaciones Plomo-Uranio y Plomo-Torio en minerales radiactivos alcanzó su apogeo con el libro “The Age of the Earth” (1931), de Knopf, Schuchert, Kovarik, Holmes & Brown.

Desde 1935 a 1940 se hallaron métodos nuevos y exactos, como el estudio de los isótopos y la espectrometría de masas. El físico norteamericano, Alfred Carl Otto Nier (1911-1994), en sus artículos de 1938-1941, abrió la posibilidad de realizar determinaciones exactas de edades gracias a la medición separadas de isótopos, y a la introducción de correcciones para la presencia de elementos secundarios en la época de cristalización del mineral. Los incrementos o pérdidas de elementos de interés podían ser detectados mediante la “concordancia” de las diferentes relaciones isotópicas en la misma muestra.
En 1935, Nier demostró la existencia del isótopo radiactivo 40K , casi en la misma época que Lise Meitner, Otto Hahn, Fritz Strassman y Otto Frisch, en Berlín, realizaban los experimentos que condujeron al descubrimiento de la fisión nuclear.

Charles S. Piggot y William D. Urry estudiaban el depósito de ionio (isótopo 230Th), producto secundario de la desintegración del 238U, en los sedimentos del fondo oceánico, hallando que el agua de mar depositaba más ionio del que correspondía a su cantidad de equilibrio con el elemento primario Uranio; a medida que el sucesivo depósito de sedimentos sepultaba el ionio, éste se desintegraba con el semiperíodo de 75.380 años. Las medidas tomadas en la capa superficial de los sedimentos del fondo oceánicos que la radiactividad disminuye gradualmente con la profundidad, que podría interpretarse, como un índice de velocidad de depósito de los sedimentos.

L. T. Aldrich y George W. Wetherill, dirigieron importantes investigaciones sobre las relaciones del 40Ar / 40K y el 87Sr / 87Rb en los minerales, en el departamento de Magnetismo Terrestre en el Carnegie Institution.

El desarrollo del método de análisis del 14C, hecho por Willard Frank Libby (1908-1980) y sus colaboradores en la Universidad de Chicago en 1949, basado en el período de 5730 años, fue de primordial importancia para la Arqueología y para la geología de acontecimientos “recientes” entre los 500 y los 30.000 años pasados.

Los geocronólogos modernos consideran que la Edad de la Tierra es de unos 4.470.000.000 de años ± 1%, basada en el decaimiento del Hafnio-182 (182Hf) en Tungsteno-182 (182W), determinada por el Dr. John Rudge del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Cambridge en Nature Geosciences (2010).

La geología de inundación resucita:

El pastor congregacionista estadounidense, Henry Ward Beecher (1813-1887), se opuso a la esclavitud y apoyó el sufragio femenino, la teoría de la evolución de Charles Darwin -en su libro “Evolution and religión”, 1885- y la crítica científica de la Biblia.

Durante los dos primeros tercios del siglo XX, los fundamentalistas cristianos aceptaban la existencia de largas edades geológicas, sin embargo, surgió un líder que argumentaba a favor de la reciente creación de la vida en la tierra en 6 días literales, este era George McCready Price (1870-1963), creacionista canadiense y geólogo aficionado, que escribió un tratado “The New Geology” en 1923 para proporcionar una perspectiva geológica de los Adventistas del Séptimo Día. Los cuales estaban dirigidos por Ellen Gould Harmon de White (1827-1915), quien, después de uno de sus trances, tuvo visiones en las que afirmaba haber sido testigo de la creación, que se produjo en una semana literal como dice la Biblia. Ella también enseñaba que el diluvio de Noé había esculpido la superficie de la tierra, enterrando a las plantas y a los animales encontrados en el registro fósil. El hecho, que las visiones de la Sra. Ellen G. de White, se debían a una epilepsia del lóbulo temporal resultado de un accidente que sufrió a los 9 años, evidentemente, no tiene ninguna importancia para los fieles.

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En el año 1937, Price, Harold W. Clarke y un grupo de los Adventistas del Séptimo Día fundaron la “Deluge Geological Society” (DGS), mientras que en 1941 un grupo relacionado con los bautistas del Wheaton College, fundaron la American “Scientific Affiliation” (ASA). El ASA se centró en la interacción del cristianismo y la ciencia, mientras que la DGS tratado de llevar la interpretación de los registros geológicos en el acuerdo con una muy estricta interpretación de la Biblia.

En 1953, el profesor hidrólogo y fundamentalista cristiano, Henry Madison Morris (1918-2006) y John Clement Whitcomb, Jr. (n. 1924), unieron sus fuerzas, y actualizaron muchas de las ideas de George McCready Price de “The New Geology” (1923), para producir “The Genesis Flood: The Biblical Record and its Scientific Implications” (Whitcomb y Morris, 1961).

En 1958, fue fundado el “Geoscience Research Institute” (GRI), para tratar la cuestión de la evidencia científica de los orígenes, desde el punto de vista de la ciencia y la revelación, y en la actualidad tiene su base en la Loma Linda University.

El teólogo, Whitcomb quedó motivado después de leer “The Christian View of Science and Scripture“ (1954), por el teólogo y apologista bautista Bernard L. Ramm (1916-1992), que tenía la opinión de que los científicos cristianos podrían llegar a interpretaciones alternativas a la creación de seis días estrictos, promovidos por Price, en concordancia con la evidencia científica actual. Por lo tanto, Morris y Whitcomb argumentaron que la Tierra era geológicamente reciente, que la caída del hombre había provocado la segunda ley de la termodinámica, y que la gran inundación había establecido la mayoría de los estratos geológicos en el espacio de solo 1 año. Posteriormente, el libro de Ramm fue de apoyo de la disidencia religiosa y científica contra la geología de inundación.

El ASA y DGS se fusionaron brevemente en la década de 1940, pero fue dividida en gran medida después de una charla dada por un miembro de la ASA, John Lawrence Kulp (1921–2006), quien, estudió los métodos de datación 14C, con Harold Clayton Urey (1893-1981), en Chicago, luego de crear el segundo laboratorio de 14C, de los EE.UU. en la Universidad de Columbia. Sobre la base de los nuevos resultados 14C,, Kulp, dijo en 1949 que no hubo error de interpretación de gran antigüedad de la raza humana. Luego, J. Laurence Kulp, en comunión con los Hermanos de Plymouth, se unió con otros geólogos, arqueólogos, antropólogos y biólogos cristianos que trabajan en relación con la datación por radiocarbono, para persuadir a la organización cristiana, “American Scientific Affiliation “(ASA), a no apoyar oficialmente ni aprobar la geología de inundación, sino para que los miembros sigan más a la evidencia científica que una interpretación literal de la Biblia. Kulp también escribió una crítica detallada de la geología de Inundación, titulada Deluge Geology, que se publicó en el Diario del ASA en 1950.

El apologista cristiano, Morris, creía que la ASA estaba demasiado impregnada de la teoría de la evolución para ser recuperada, y cuando el ASA se negó a alinearse con la geología de inundación, él, Walter E. Lammerts (1904-1996), y ocho personas de ideas afines, incluyendo al doctorado bioquímico Duane Tolbert Gish (n. 1921), se reunieron en 1961 con el propósito de fundar len 1963 el “Creation Research Committee” (CRC), que luego se transformaría en la “Creation Research Society2 (CRS).

En 1970, Morris y el predicador Tim LaHaye (de la “Moral Majority Inc”), fundaron el “Christian Heritage College”; Kelly y Nell Seagraves con Henry Morris crearon el “Creation Science Research” Center (CSRC), que duró de 1962 a 1987; y, Henry Morrys, fundó en 1970 “The Institute for Creation Research” (ICR) en Dallas-Texas. Según el ICR, han observado y analizado las formaciones geológicas, en un marco de geología de inundación, incluyendo el Rancho de La Brea (que durante 40.000 años ha emitido asfalto), la Formación Táurica en la península de Crimea y la Stone Mountain, en Georgia (EE.UU.) de origen metasomático. En cada caso, los creacionistas afirman que la interpretación de la geología de la inundación tuvo mayor poder explicativo que la explicación uniformista.

Donald F. Eckelmann, un ex alumno de Wheaton y cristiano evolucionista, se convirtió, en última instancia, en presidente del departamento de geología de la Universidad de Brown. Davis A. Young, hijo de un eminente estudioso del Antiguo Testamento, estudió geología en Princeton y se trasladó a M.S. en Penn State, siendo un creyente en la versión de Morris del diluvio del Génesis. Durante su doctorado trabajó con Eckelmann y Brown, Young se convirtieron cada vez en más desencantados con las ideas creacionistas, y posteriormente escribieron un libro, «Bad Geological Science.» (1977). La misma situación se produjo por Nicolás Rupke, un estudiante holandés de PH Kunen, quien presentó un manuscrito sobre el cataclismo en la sedimentación para su publicación por el CRS, el cual, instó a Rupke ir a Princeton en 1968 a completar su doctorado en 1972 bajo F. B. Van Houten y A. G. Fisher. Él terminó por aceptar la evolución orgánica y abandonó la fe de su familia, para ir a Oxford y seguir una carrera en la historia de la ciencia. Harold James, Jr., y Edward Lugenbeal asistieron al Seminario Teológico de los Adventistas del Séptimo Día, antes de ser reclutados para hacer trabajos de postgrado en las principales instituciones del Instituto de Investigación Geológica, en detrimento de la Iglesia Adventista. James, y Lugenbeal después de obtener sus doctorados renunciaron al GRI. En cambio, Young, debido a su postura intransigente en contra de una Tierra 6.000 años de edad, y en contra de la geología de inundación, sus libros se convirtieron en polémicos en algunos círculos cristianos.

Muy pocos jóvenes evangélicos bautistas lograron sobrevivir a la educación de postgrado en geología con su fe de fundamentalistas bíblicos intacta. Pero…siempre hay excepciones.

Steven A. Austin ganó un B.S. en geología de la Universidad de Washington y una maestría de San José State con una tesis fundamentalmente crítica del uniformismo. Morris y el CRS el pagaron la matrícula de Austin y los gastos de subsistencia, mientras obtuvo un doctorado en geología del carbón de Penn State en 1979. Durante su tiempo en la Penn State escribió artículos creacionistas bajo el seudónimo de Stuart Nevins. Actualmente es presidente del Departamento de Geología de la ICR y un importante contribuyente a las publicaciones de la organización y en artículos sobre geología. Es autor de tres libros, tres vídeos, un paquete de software, y más de treinta trabajos de geología técnicos. Su libro “Grand Canyon: Monument to Catastrophe” y su DVD “Grand Canyon: Monument to the Flood”, resumen sus interpretaciones.

John David Morris, hijo de Henry el “Padre del Creacionismo Científico”, obtuvo un doctorado en ingeniería geológica de la Universidad de Oklahoma en 1980 y enseñó allí durante varios años, ocupando el cargo de Profesor de Geología, antes de ser nombrado presidente en 1996. En 1984 se mudó a la ICR, donde tras la muerte de su padre se convirtió en el presidente del ICR. Morris tiene un B.S. en Ingeniería Civil de Virginia Tech (1969), una maestría de la Universidad de Oklahoma (1977), y un doctorado de la Universidad de Oklahoma (1980) en Ingeniería Geológica. Ha dirigido varias expediciones en busca del Arca de Noé y ha trabajado en la supuesta convivencia de humanos y de las pistas de dinosaurios en el lecho del Río Paluxy de Texas. John Morris ha realizado 13 visitas al monte. Ararat en busca del Arca de Noé. Se fue en su primera expedición en 1972 junto con John Bultema, Losier Roger, John Seiter, y Bill Ellison. Cuando fue invitado a unirse a Eryl Cummings en 1982, Morris formó un grupo aparte de la expedición patrocinada por el ICR, que trabajan en conjunto con la Cummings y James Irwin. Después de dejar el grupo Cummings para explorar la montaña, los funcionarios turcos se mostraron reacios a dejar que otro grupo, y por lo tanto, la expedición ICR se retrasó y no pudo unirse al grupo Cummings-Irwin.

Kurt Patrick Wise, fue criado en una familia bautista fundamentalista en la zona rural de Illinois y ha sido adoctrinado en la geología de inundación de adolescente mientras asistía a una conferencia para la juventud cristiana a cargo de la Universidad Bob Jones. Se graduó de la Universidad de Chicago con honores en ciencias geofísicas antes de ir a Harvard y su Doctorado con el famoso paleontólogo Stephen Jay Gould (1941-2002). A partir de otoño de 2009 ha sido el director de Truett-McConnell College del recién creado “Creation Research Center” (CRC) en Cleveland, Georgia. Entre agosto de 2006 y mayo de 2009 fue profesor en la “Southern Baptist Theological Seminary” como director del Centro de la escuela de Teología y Ciencias, un trabajo en el que fue precedido por el defensor del diseño inteligente William Dembski. Él había enseñado previamente a Bryan College en Dayton, Tennessee, donde se desempeñó como director del Centro de Investigación Orígenes y como Profesor Asociado de Ciencias durante diecisiete años. Se desempeñó como consultor de “Answers in Genesis Creation Museum”, que abrió sus puertas en 2007. En la actualidad cumple, desde el otoño de 2009, como profesor de Ciencias Naturales y el director del Centro de Investigación de la Creación en Truett-McConnell College. Kurt es quizás más conocido por el avance de la Baraminología, que consiste en la identificación y estudio de la baramin o los “tipos creados” del Génesis.

El Progreso de las Ciencias:

Todas las teorías de las ciencias (inductivismo, refutacionismo, consensualismo, etc…) afirman que las ciencias progresan, constituyendo, tal carácter progresivo una nota fundamental de las ciencias, por lo que, sería inadmisible la idea de una ciencia que no progresara. A su vez, cada concepción de progreso es coherente con la teoría de la ciencia a la cual pertenecen.

En la postura de Thomas Samuel Kuhn (1922-1996), historiador y filósofo de la ciencia estadounidense, en su “The Structure of Scientific Revolutions” (1962), el progreso de la ciencia se puede esquematizar de la siguiente manera: Preciencia -> Ciencia Normal -> Crisis -> Revolución -> Nueva Ciencia.

En la Preciencia se comienza a estructurar lo que va a ser un Paradigma (posteriormente, “matriz disciplinaria” y “ejemplar”; Kuhn, 1970-1972), el cual, está constituido por un conjunto de supuestos, adoptados por los miembros de una comunidad científica, que rigen la actividad de las ciencias en un período de ciencia normal, la que, incluye componentes tales como teorías, leyes, técnicas, concepciones generales acerca del mundo, actitudes, valoraciones y criterios metodológicos. Al aplicarse el paradigma en la práctica científica se constituye la Ciencia Normal (actividad que desarrollan los científicos desde un paradigma determinado y el producto de esa actividad), la que, va desarrollándose guiada por ese paradigma, sin poder evitar las anormalidades o anomalías (problema que no logra solucionarse desde un paradigma), y dificultades, que provocan la Crisis, la cual, se resuelve al imponer un nuevo paradigma (Revolución Científica). La aparición de un nuevo paradigma, confirma a, la Nueva Ciencia.

En relación al tema que nos toca, la Creación Especial y la Geología Diluvial, podemos ver que son la antítesis de las ciencias, ya que, no reconocerían el progreso de las mismas. Al negar el Uniformismo Geológico, la Teoría de la Evolución y los datos de la Geocronología, y al, recurrir a la Biblia, para concluir que la Tierra tiene una edad de 6.000-10.000 años, y que los fósiles fueron sepultados todos en el Diluvio Universal. Además, al aceptar también, teorías científicas obsoletas, como el catastrófico, están pretendiendo devolver el conocimiento científico actual a un estado Precientífico o Protocientífico.

Historia de la geología del diluvio (I)

Historia de la geología del diluvio (I): Antigüedad-Siglo XVIII

 


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La geología de Inundación, de la creación o diluvial, es la interpretación de la historia geológica de la Tierra en términos de la Inundación Global o Diluvio Universal que se describe en Génesis 6-9:17. El Diluvio Universal, ha desempeñado un papel dominante en el desarrollo temprano de las ciencias de la geología y la paleontología, empujándolas y deteniéndolas al mismo tiempo, incluso después de que la cronología bíblica había sido rechazada por los geólogos a favor de la evidencia de una Tierra antigua.

En la actualidad, la «geología de la inundación», es un término que se toma como sinónimo de creacionismo de la tierra joven o ciencia de la creación.
Los partidarios del creacionismo creen que la Biblia, que es el conjunto de libros canónicos de las religiones judeocristianas, es única, inerrante, infalible, verdadera, santa y mantienen que sus pasajes son históricamente exactos. El creacionismo y la geología de Inundación están en obvia contradicción con el consenso científico en la geología y la paleontología, siendo considerada una Pseudociencia.

La Creación y el Diluvio en la Historia de las Ciencias:

La Hipótesis del Diluvio, proponía -y aún propone- que las especies extinguidas habían sido víctimas del Diluvio Universal. La aceptación de la idea, en los siglos XVII a XIX, fue impulsada por la peculiaridad geológica en el norte de Europa, donde la mayor parte está cubierta por capas de arcilla y grava, así como bloques erráticos depositados a cientos de kilómetros de sus fuentes originales. Los primeros geólogos interpretaron estas características, como resultado de las masivas inundaciones.

El diluvio universal se asocia con trastornos geográficos masivos, con hundimiento continentes viejos y nuevos continentes en aumento, por lo tanto la transformación de los fondos marinos antiguos en cimas de las montañas. Pero se puede observar que las rocas contienen no sólo una -como sería de esperar-, sino muchos estratos de seres extinguidos diferentes, y ello significaba que una única inundación global no podía haber sido responsable de su desaparición.

Un mundo de gigantes y pecadores:

Los Fósiles, que son, los restos de animales y plantas que se han conservado en las rocas, han sido un gran dilema para los pensadores en tiempos pretéritos.
Entre los filósofos de la antigüedad, Jenófanes de Colofón (580-466 a.C.) encontró conchas marinas en las montañas, de Siracusa y Malta, y otras improntas de vegetales continentales en la isla de Paros, y las atribuyó a invasiones periódicas del mar durante las cuales habían perecido el hombre y los demás animales. Aristóteles de Estagira (384-322 a.C.), sostuvo un sistema geocéntrico del Universo, creía que los terremotos eran causados por vientos en el interior de la Tierra, y que, éstos eran “generados” por las lluvias que caían en la tierra calentada; sistematizó plantas y animales, y, propuso el origen espontáneo de peces e insectos a partir del rocío, la humedad y el sudor (generación espontánea); consideró, a los fósiles, como simples curiosidades o juegos de la Naturaleza (ludus naturae).
Otras menciones aparecen en los relatos de Heródoto de Halicarnaso (484-425) y en las obras de Empédocles de Agrigento (h.495/490 – h.435/430). Heródoto, en las “nueve musas”, se refiere, a que los sacerdotes egipcios creían que todo el valle del Nilo hasta Etiopía, había estado en tiempos pasados, cubierto por las aguas del Mediterráneo, como lo atestiguan las conchas encontradas en las montañas adyacentes y cerca del Oasis de Amón. .

En las obras de poetas e historiadores clásicos, se hacen diferentes referencias, que se pueden atribuir, a los fósiles:

Siglo I: Publio Ovidio Nasón (43 a.E.C-17 d.E.C.), poeta romano, describió en su Metamorphoseon (8 d.E.C.), escribe que las tierras han surgido del fondo del mar, y que los mares han invadido la tierra firme, aduciendo el haber encontrado conchas marinas, tierra adentro, lejos del mar; Estrabón (64 a.E.C-24 d.E.C.) en su Geographica, relata como Janto pretendía que la tierra había estado cubierta por el mar, por haber encontrado conchas en sitios muy lejanos del mar, y también, hace referencia a la creencia, de que los «Nummulites», eran “lentejas petrificadas”, restos de la comida de los obreros que construyeron las Pirámides de Egipto, arguyendo, que no es posible, debido a que, también en Grecia existe una colina de “piedrecitas” análogas en la Anatolia septentrional; Plinio el Viejo (23-79) y Mestrio Plutarco (46-120), escriben sobre huesos de gigantes;

Siglo II: Pausanias de Lidia, en su “Periégesis tes Hellados” (180 d.E.C.) nos cuenta que, en el Santuario de Asclepio en Megalópolis (Arcadia), existían unos huesos, demasiado grandes para ser de humanos, y que pertenecían a unos gigantes que, con Hoplamado, lucharon contra Crono a favor de Rea. Gayo Suetonio Tranquilo (70-126), relata en la «Vida de los doce Césares» que el Emperador Augusto, tenía decorada su villa de Capri con huesos de gigantes;

Siglo III: Lucio Flavio Filóstrato (170-250) y Cayo Julio Solino (siglo III) en su Collectanea rerum memorabilium (258), se pueden encontrar también referencias al hallazgo de grandes huesos que se consideraban de gigantes.
En relación con esto, la idea de que los fósiles eran los restos de organismos que fueron muertos y enterrados durante la gran inundación comenzó a ser creída por muchos cristianos, cómo los Padres de la Iglesia, Tertuliano de Cartago (160-220) en su tratado teológico “De Pallio”, San Juan Crisóstomo (347-407) y San Agustín de Hipona (345-430), que se refirió en hallazgo de una muela gigante en Útica como prueba de la mayor corpulencia de los hombres en el pasado. Paulo Orosio (c.383-c.420), sacerdote, historiador y teólogo hispanoromano, en su “Historiarum Adversus Paganos” (416-417) también hace referencia al Diluvio, al igual que, Isidoro de Sevilla (560-636) en sus “Etimologías”.
1En el Siglo X, el médico árabe Avicena (980-1037), trató de relacionar la “generatio aequivoca” de Aristóteles con las petrificaciones naturales, y atribuyó su origen al “fango primitivo”, un movimiento innato de la Naturaleza capaz de producir lo orgánico a partir de lo inorgánico, pero al cual, le faltaban fuerzas para darles vida, a la que denominó “vis plastica”. Para, Alberto Magno (1206-1280), los fósiles eran los restos de animales acuáticos que se habían transformado en piedras debido a las exhalaciones de una “fuerza mineralizante” o de un “poder petrificante”. Este último, si bien, pone en duda la existencia del Diluvio, no lo niega.
En la Edad Medi, Francesco Stabili -Cecco D’Ascoli- (1269-1327), poeta, médico, maestro, astrólogo/astrónomo y filósofo, en su poema L’Acerba nos habla de la influencia de los Astros en el origen de las plantas fosilizadas. Ristoro D’Arezzo en la “Composizione del Mondo” (ca. 1280) señalaba las conchas marinas que se encontraban en las cimas de algunas montañas como pruebas del Diluvio.

Leonardo da Vinci de Florencia (1452-1519), pintor del Renacimiento, quién aceptó las ideas de Giovanni Boccaccio (1313-1375), expuestas en su romance Filocco (1336-1338), de que las conchillas de Florencia indicaban que el mar había cubierto el Continente. En el transcurso de sus trabajos de ingeniería había examinado muchas excavaciones en “Rocas Fosilíferas”, y, dedujo que los fósiles descubiertos en las colinas del norte de Italia, eran restos de organismos marinos que vivieron durante la formación de las rocas en que se encontraban, por lo que razonó, que el mar había cubierto en algún tiempo esa región, siendo, uno de los primeros autores en referir a los fósiles como restos de organismos del pasado.

En el Siglo XVI, Georgius Agrícola -Georg Pawer- (1494-1555), alquimista, químico y mineralogista alemán, usó el término “fossilia” para designar tanto a los minerales como a los organismos petrificados.

La creencia de que los fósiles eran restos de animales abandonados por las aguas fue, también, una idea de Alessandro Alessandri (1461-1523), y fue adoptada por Fabio Colonna (1565-1647).

En el Siglo XVII, Robert Plot (1640-1696), profesor de química en la Universidad de Oxford y primer conservador del “Ashmolean Museum of Art and Archaeology”, creía que los fósiles eran el resultado de una facultad de la Tierra para producirlos con un fin ornamental.

Robert Hooke (1635-1703), científico holandés y director de experimentación de la Royal Society de Londres, descubrió la verdadera naturaleza de los fósiles y su significado en la historia de la tierra. Carl von Linné (1707-1778), restringió el término “fossilia”, a los organismos petrificados.

Pero, el médico y naturalista suizo, Johann Jakob Scheuchzer (1672-1773), conocido por su interpretación de los fósiles como vestigios del Diluvio Universal, en 1726, describió un fósil procedente de las canteras de Öhningen (distrito de Constanza, Alemania) identificándolo como “Homo diluvii testis” (del latín «hombre testigo del Diluvio»), creyendo que se trataba de restos de un hombre que pereció ahogado durante el Diluvio Universal, y, haciendo uso de datos bíblicos intentó calcular la edad del supuesto testigo del diluvio, obteniendo el año 2306 a. de C. Georges Cuvier (1769-1832), se dirigió personalmente de París a Haarlem, estudió los restos entre 1811-1825 y reconoció que pertenecían a una salamandra y no eran humanos. El ejemplar medía cerca de 1 m de longitud, carecía de cola y extremidades pero, a pedido de Cuvier, se limpió parte de la roca que albergaba el fósil, apareciendo las dos extremidades anteriores que él había predicho.

Buffon (1707-1788), en su obra “Époques de la Nature” (1778), puso en duda que los fósiles fuesen restos de los animales abandonados por las aguas del Diluvio Universal.
El “Padre de la Paleontología de los Invertebrados”, Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet de Lamarck (1744-1829), naturalista francés, en su Recherches sur l’organisation des corps vivants de 1802 acuñó el término “Biología”, y fue uno de los primeros evolucionistas, ya que, creía que existía una continuidad temporal entre las especies y que unas derivaban de otras anteriores a través de modificaciones, originadas, por el uso y desuso de sus órganos.

En la obra del naturalista inglés, Charles Robert Darwin (1809–1882), “On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life” (1859), una de las pruebas en favor de la evolución de los seres vivos, fue la existencia de fósiles, los que podían reconocerse como antecesores de la fauna actual, y otros, que servían de paso o transición morfológica (“formas de transición”). En 1862, es anunciado en primer espécimen completo de Archaeopteryx, de la caliza de Solnhofen (Alemania), con características de Reptil y de Ave, convirtiéndose en una de las tantas pruebas que confirmaron la evolución biológica.

Una creación sin fecha:

Sexto Julio Africano (160-240), en su “Chronographiai”, comparaba y contraponía acontecimientos bíblicos y profanos, por orden cronológico, desde el momento de la creación del mundo (c. 5500 a.C. según sus cálculos) hasta la época de Heliogábalo (221), según la cual, Cristo nació en la mitad del sexto y último milenio de la Historia Universal. De acuerdo con este, Hipólito de Roma (217-235) compuso su “Chronica” mundial, desde la creación del mundo hasta el año 235 -año en que Maximino el Tracio es el primer extranjero en ser nombrado Emperador Romano-, concluyendo que faltaban 300 años para el fin del mundo. El Padre de la Iglesia Eusebio de Cesarea (275-339), en su “Chronicon” que se extiende hasta el año 325 –con Constantino I como Emperador- afirmaba que la creación ocurrió 5.199 años antes del nacimiento de Cristo. San Agustín de Hipona (345-430), en su De” ciuitate Dei” –escrito con motivo del saqueo de Roma en el 410 por los godos de Alarico- decía que el mundo tenía menos de 6.000 años. El Venerable Beda (672/73-735), monje benedictino de Nortumbria, en su “De temporum ratione”, indicaba el 3952 a. de C. como año de la creación. Juan Calvino (1509-1564) en su “Institutio Christianae Religionis” (1536), coincidía con la edad del mundo dada por San Agustín.

El obispo anglicano de Armagh James Ussher (1581-1656), en sus “Annales Veteri Testamenti” (1650), basándose en información contenida en el Antiguo Testamento, indicaba como fecha de la creación divina en el atardecer anterior al domingo 23 de Octubre de 4004 del calendario Juliano. John Lightfoot (1602-1675), publicó una cronología similar en 1642–1644, que data la creación en 3929 a.C, al igual que Joseph Justus Scaliger (1540-1609), que estableció la creación en el 3949 a. C., en concordancia con las ideas de Jose ben Halafta (135-170 E.C.) en el 3761 a.C.
René Déscartes (1596-1650), matemático francés, propuso la hipótesis de que una masa incandescente, similar al Sol, se enfrió para formar la Tierra, cuya corteza encierra un Núcleo que está aún caliente.

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Por el siglo XVIII se pensaba ya que la vida útil de la Tierra era mucho más larga que el sugerido por la lectura literal de la Biblia. El astrónomo, Edmund Halley (1656-1742), entre los años 1687-1694 estudió la evaporación y la salinidad del agua de los lagos, y en 1715, pensó en la posibilidad de hacer una estimación de la edad de la Tierra por medio del cálculo de la velocidad de sedimentación y al aumento de la concentración de sal en los mares, suponiendo que la deposición de todos los ríos terrestres había sido constante a lo largo del tiempo, obteniendo una edad de 90.000.000-350.000.000 de años.

Benoîst de Maillet (1656-1738), diplomático y naturalista francés, en su obra Telliamed (1748), calculó que el ritmo de bajada de las aguas era de unas 3 pulgadas por siglo, a partir de regiones que antes estaban inundadas y ahora se localizan sobre el nivel del mar; Extrapolando esto a la altura de las montañas calculó que la Tierra debía de tener unos 2.400.000.000 de años y que estuvo totalmente cubierta de agua hace unos 2.000.000.000 de años.

El naturalista francés, Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707-1788), en su “Introducción a la historia de los minerales” (1774), calculó la edad de la Tierra en al menos 180.000 años. Creyó que la abundancia de fósiles era evidencia de que la Tierra estuvo completamente cubierta por un océano, el que, fue absorbido por ella cuando se fragmentó la corteza, además, dividió la historia de la Tierra en 6 épocas.

Para Georges Cuvier(1769-1832), y sus seguidores, la edad de la Tierra rondaba entre los 6.000 a 70.000 años de antigüedad. Además, Cuvier, por correlación confeccionó dibujos de vertebrados a partir de los fragmentos de huesos, estableciendo, que las formas fósiles están relacionadas con las actuales, y, sugirió que podían ser utilizados para establecer la edad de los estratos.

Un diluvio que “hace agua”

La realidad del Diluvio, fue puesta en duda por Leonardo da Vinci en sus “Libros de Notas” (1475), considerando que las conchas fósiles se encuentran, con frecuencia apareadas en períodos de crecimiento, y la violencia de las aguas del mismo las hubiese separado y deshecho en pedazos. Considerando, además, que en las rocas de Lombardía, a 400 Kms del mar, se encuentran caparazones de tortugas, por lo que se preguntaba, ¿cómo habrían podido estos animales, recorrer todos esos kilómetros en los 40 días del Diluvio?.

El naturalista francés Isaac de la Peyrére (1594-1676) puso en duda en carácter universal del Diluvio considerándolo un fenómeno local, y la idea de que Adán fue el primer hombre, ya que hay pueblos como el Chino que son anteriores al Hebreo; lo que le valió el destierro y la retractación pública ante el Papa Alejandro VII.

En el siglo XVII, Sir Francis Bacon primer Baron Verulam, Vizconde de St Albans (1561-1626), observa las correspondencias entre los contornos de África y América del Sur (“Novum Organum”, 1620). François Placet en 1658 interpretó que las líneas de costa de los continentes de América-Europa encajaban, prueba de que los continentes estuvieron unidos algún día, siendo separados por el Diluvio Universal.
El abogado y juez inglés, Sir Matthew Hale (1609-1676), en su libro “The Primitive Origination of Mankind, Considered and Examined According to the Light of Nature” (1677), revindicó el relato del Génesis mediante este razonamiento: si la humanidad crece generación, no hay más que invertir el proceso para percatarse de que en una sucesión regresiva de generaciones, han existido menos y menos hombres, hasta encontrarse con una sola pareja (Adán y Eva) en la primera generación, recurriendo a una razón de orden superior, la Creación Divina; razonamiento extensible a las especies animales, y la única conclusión sería que el mundo fue repoblado a partir de las parejas salvadas por Noé.

El teólogo inglés, Thomas Burnet (1635-1715), en su libro “Telluris Theoría Sacra, or Sacred Theory of the Earth” de 1681, plantea una cosmogonía especulativa, en el que sugirió una Tierra, sin océanos ni montañas, hueca con la mayor parte del agua en su interior, antes del Diluvio Universal, hasta que montañas y océanos aparecieron en el tiempo del diluvio de Noé, calculando que no había suficiente cantidad de agua en la superficie de la Tierra, para dar cuenta de la inundación. Burnet, manifestó la necesidad moral de un Diluvio Universal que lavara el mundo después de la mancha del pecado original, ya que, con la maldad del hombre en el paraíso, el Sol abrió una gran grieta en la corteza, que Jehová utilizó para provocar el Diluvio, y la superficie actual, es lo que quedó cuando la riada amainó.

Durante la Ilustración o Siglo de las Luces (Siglo XVIII), muchas obras significativas fueron compiladas para ofrecer las causas naturales de los milagros narrados en la Biblia. Explicaciones naturalistas de un diluvio global se han propuesto en obras como “An Essay toward a Natural History of the Earth and Terrestrial Bodies, especially minerals, &c.” (1695) de John Woodward (1665-1728), que sostuvo que las conchillas fósiles tienen la misma estructura que las vivientes, y “A New Theory of the Earth “(1696) por el estudiante William Whiston Woodward (1667-1752), trataron de establecer una armonía del relato bíblico de la creación y el diluvio con los datos de la física y la geología.

Johann Gottlob Lehmann (1719-1767), que fue un mineralogista y geólogo alemán, en 1767, sugirió que en el corazón de las montañas se encontraban los indicios más antiguos en las rocas, en masas, y desprovistas de fósiles, suponiendo que las mismas databan del tiempo de la Creación del mundo. Estas eran las “montañas primarias”, y en sus laderas se veían las capas horizontales de rocas fosilíferas, calizas y areniscas, eran “montañas secundarias», que consistía en “Flotzgebirge” -capas planas de roca formadas por sedimentos de origen hídrico-, las que formaban la llanura de Turingia, que se habían depositado evidentemente por la acción de las aguas, por lo que sugirió que la arena y los lodos de que estaban compuestos habían sido arrastradas, de las montañas primarias, por las aguas del Diluvio, llevadas a las depresiones del terreno, extendidas allí en lechos que posteriormente se endurecieron y que se convirtieron en piedra al retirarse las aguas.

Georg Christian Füchsel (1722-1773), geólogo alemán, pionero en el desarrollo de la estratigrafía, fue uno de los primeros en hacer mediciones registradas en las secciones de roca estratificada e hizo el primer mapa geológico de Alemania. Demostró que muchas de las capas de rocas se caracterizaban por especies típicas de fósiles, comprobando así, que capas son iguales o distintas en relación a sus fósiles, estudió el proceso actual de formación de las rocas y lo aplicó a las rocas antiguas. En su obra maestra, empleo la palabra “stratum”, para designar un lecho o capa de roca de areniscas, calizas y otras rocas análogas.

Abraham Gottlob Werner (1749-1817), profesor de la Escuela de Minas de Freiberg en Sajonia, es el fundador del “Neptunismo”, que atribuía el origen de las rocas en soluciones acuosas y a la cristalización de minerales en los océanos, en un periodo temprano de la Tierra tras la Creación de la misma.

El “Padre de la Geología Volcánica”, Nicolás Desmaret (1725-1815), geólogo francés, fue el primero que promovió la teoría de que el basalto era un producto del vulcanismo, y creó una clasificación de las rocas volcánicas de acuerdo con su edad y grado de alteración. Demostró que los basaltos columnares, se presentaban asociados íntimamente a rocas volcánicas; siguió un basalto columnar hasta su origen en un volcán, y dedujo, que los basaltos eran de origen volcánico, y no, como pensaban los neptunistas, precipitados químicos de un océano primitivo.

El discípulo de Werner, Leopold von Buch (1774-1853), geólogo y paleontólogo alemán, conocido por su definición científica del “Sistema Jurásico”. En la región de Oslo vio que el granito, que era las más primitiva de las rocas formadas por precipitación en el océano primitivo, antes del origen de la vida –en el sistema neptunista-, se presentaba allí como de época posterior a la de ciertas calizas fosilíferas, no demasiado antiguas, y por lo tanto, se veía que el granito había atravesado la caliza y se había introducido por fisuras y fracturas, viéndose forzado a admitir que el granito no podía ser un precipitado químico, sino el resultado de la cristalización de sustancia rocosa en “estado de fusión”.

El “Padre de la Paleontología de los Vertebrados”, Georges Léopold Chrétien Frédéric Dagobert barón de Cuvier (1769-1832), propuso la hipótesis del “Catastrofismo”, sugiriendo que el mundo habría pasado por una serie de creaciones, a cada una de las cuales le habría seguido un acontecimiento de destrucción global, gigantescas catástrofes aisladas de relativa corta duración, que habría acabado con la mayor parte de los habitantes de la Tierra.

 

“Pruebas” a favor y Evidencias en contra del Diluvio (I)

“Pruebas” a favor y Evidencias en contra del Diluvio (I)

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Geodinámica Externa Creacionista

La Geodinámica es una rama de la Geología, que trata de los agentes o fuerzas que intervienen en los procesos dinámicos de la Tierra. Se subdivide en: Geodinámica interna o de procesos endógenos y
Geodinámica externa o de procesos exógenos.

1. Las “pruebas” citadas en apoyo de un diluvio global:

Los geólogos del diluvio, basan su creencia en un Diluvio Universal, relativamente reciente en varias líneas de aparente evidencia. Pero, obviamente, ninguno de estas pruebas es suficiente para probar que un diluvio global ocurrió. Sin embargo, los geólogos de la inundación siguen sosteniendo que un diluvio global es la explicación más razonable y parsimoniosa para explicar la estructura externa e interna de la Tierra.

A. Las rocas sedimentarias

Las rocas sedimentarias son aquellas que se forman por la destrucción de rocas preexistentes, sometidas a procesos físicos (disgregación mecánica) y químicos (descomposición química), y posterior compactación y cementación (diagénesis), por diferentes medios de transporte (aire, agua, hielo) dando lugar a materiales más o menos consolidados. Pueden formarse a las orillas de los ríos, en el fondo de barrancos, valles, lagos, mares, y en las desembocaduras de los ríos. Se hallan dispuestas formando capas o estratos.

Aunque sólo el 8% de las rocas de la Tierra son sedimentarias, del 75-80% de los depósitos de la superficie de la Tierra, con excepción de los eruptivos (de origen interno) está cubierta de rocas sedimentarias, formando una cobertura sedimentaria sobre un zócalo formado por rocas ígneas y, en menor medida, metamórficas, de la corteza terrestre. Es decir, que tienen un origen frecuentemente acuoso. Por lo tanto, los geólogos creacionistas señalan que, hay pruebas irrefutables de que al menos el 75% de la superficie de la Tierra fue cubierta una vez por el agua.

a) Capas de sedimentos depositados rápidamente distribuidas en vastas zonas:

Para los geólogos creacionistas de “AiG”, y los Adventistas del 7º Día, cómo el zoólogo creacionista Ariel A. Roth, -director de “Origins” y ex director del “Geoscience Research Institute” (GRI)-en un acontecimiento como el Diluvio Universal esperaríamos encontrarnos con depósitos sedimentarios extensos, y nos encontramos con capas de roca que se pueden remontar hasta el final en todos los continentes, incluso entre continentes, con las características físicas de los estratos los que fueron depositados rápidamente. Por ejemplo, la piedra arenisca y piedra caliza de Tapeats Redwall del Gran Cañón la que se puede rastrear a través de todo Estados Unidos, hasta Canadá, e incluso a través del Océano Atlántico a Inglaterra. La creta o caliza de Creta de Inglaterra (los blancos acantilados de Dover), del Cretácico Superior de Europa Occidental, se puede rastrear a través de Europa en el Medio Oriente y también se encuentran en el medio oeste de los Estados Unidos y en el oeste de Australia.

Las inclinadas pendientes de capas dentro de la piedra arenisca de Coconino del Gran Cañón son el testimonio –según los creacionistas- de 10.000 km3 de arena que se depositaron por corrientes de agua enormes en cuestión de días. Además de, las rocas con espesores de 30 m o menos del Pérmico de Canadá; la capa de 1m que se encuentra en la cadena alpina de Europa; la formación Dakota, en el oeste de los EEUU, con un espesor promedio de 30 m y que cubre unos 815.000 km²; el miembro Shinarump de conglomerado y arenisca gruesa del Triásico superior con madera petrificada, de la formación Chinle en el sudoeste de los EEUU tiene un espesor de 30 m y se extiende sobre casi unos 250.000 km²; el grupo rojizo Chinle, de la misma formación, cubre unos 800.000 km²; la formación Morrison que pertenece al Jurásico superior y que contiene dinosaurios de los EEUU, se extiende sobre 1.500.000 km² desde Nuevo México, al Sur, hasta Canadá y desde Idaho, al oeste, hasta Nebraska, y su espesor promedio es de unos 100 m.

Cañón del Colorado

Cañón del Colorado

b) Sedimentos transportados a largas distancias:

Según, los creacionistas de AiG, encontramos que los sedimentos en las amplias capas de roca, tuvieron que ser depositados rápidamente, erosionados desde fuentes distantes y llevados a grandes distancias por el rápido movimiento del agua. Por ejemplo, la arena de la piedra arenisca de Coconino del Grand Canyon (Arizona) tuvo que ser erosionado y transportado desde la parte norte de lo que hoy es Estados Unidos y Canadá. Además, los indicadores actuales de agua (como las marcas de ondulación) se conservan en capas de rocas demostrando que para corrientes de agua de «300 millones de años» estaban constantemente fluyendo del noreste al sudoeste a través de toda Norte y América del Sur, que, por supuesto, sólo es posible en las últimas semanas durante una inundación global. Para Ariel Roth, el descubrimiento del predominio de una direccionalidad de las corrientes de agua en gran parte del Fanerozoico de Norteamérica fortalece el concepto de un diluvio global.

c) Ninguna erosión entre los estratos:

La mayoría de las rocas sedimentarias se superponen, formando líneas bien definidas, a profundidades que varían. Según los creacionistas, la nitidez de las líneas implica la rápida deposición y litificación.
Para los geólogos diluvistas, sí las capas sedimentarias fueron depositados durante milenios, habrían experimentado mezcla. En opinión de los de AiG, encontramos evidencia de erosión rápida, o incluso de ninguna erosión, entre las capas de roca. El piso, de borde de cuchillo en los límites entre capas de roca nos indica una deposición continua de una capa tras otra, sin tiempo para la erosión. Aducen, por ejemplo, que no hay evidencia de ningunos «desaparecidos» millones de años (por la erosión) en la frontera plana entre las dos conocidas capas de Grand Canyon-la piedra arenisca de Coconino y la Formación Ermitaño-. Otro ejemplo de los límites de planos en el Grand Canyon es la piedra caliza Redwall que tiene 400-800 pies (120-240 m) de espesor, y que se depositó hace 340 millones de años, durante la Era Paleozoica. Se compone de espesas camas, oscuras, marrón, gris-azuladas, calizas y dolomitas con nódulos de sílex blanco mezclados adentro. La piedra caliza Redwall se depositó en un ambiente de poca profundidad en alta mar, que se estableció en un mar poco profundo, con retrocesos, tropical cerca del ecuador durante 40 millones de años en el Misisipiense (Carbonífero Inferior) temprano a medio. Una gran variedad de vida marina fosilizada se conserva dentro de la formación, incluidos braquiópodos, crinoideos, briozoos, corales cuerno, nautiloideos y esponjas, junto con los demás organismos marinos, como trilobites grandes y complejos.

Según Ariel Roth, la falta de erosión entre los Hiatos Planos sugiere que las capas sedimentarias fueron depositadas en forma rápida, en donde no había periodos extensos entre ellas, y es consistente con el Diluvio Universal, siendo, un testimonio de un “pasado diferente del presente”.

d) Capas sedimentarias puras:

Muchos estratos de roca son puros – por ejemplo, la St. Peter Sandstone, que cubre 500.000 millas cuadradas (1.295.000 km²) de los Estados Unidos, en el este de Missouri, la roca se compone de arena de cuarzo, es decir, 99,44% de sílice. Es una formación del Ordovícico en la etapa Chazyan de la serie Champlainian. Esta piedra arenisca se originó como una sábana de arena en el agua clara, poco profundas cerca de la orilla de un mar Paleozoico y consta de fina a mediana y bien redondeados granos de cuarzo con superficies afiladas. La extensión de la formación se extiende de norte a sur de Minnesota a Missouri y este-oeste de Illinois en Nebraska y Dakota del Sur. La formación fue nombrada por Owen (1847), después del río Minnesota, entonces conocido como el río San Pedro. La localidad tipo se encuentra en la confluencia de los ríos Mississippi y Minnesota cerca de Fort Snelling, Minnesota.

Para los creacionistas, mientras que los científicos uniformistas proponen que fue depositado en la orilla de un mar, lo que no puede explicar, cómo se quedó tan pura si se fue depositando durante un largo período de tiempo. Pero, para los geólogos de la inundación, los procesos de clasificación de licuefacción, en consonancia con una inundación global, pueden dar tal explicación.

e) Muchos estratos establecidos en rápida sucesión:

Las rocas no se suelen doblar, y se rompen porque son duras y quebradizas. Pero en muchos lugares encontramos secuencias enteras de estratos que fueron curvadas sin agrietarse, lo que indica –según los creacionistas- que todas las capas de roca fueron depositadas rápidamente y se plegaron mientras aún estaban húmedos y flexibles, antes del endurecimiento final. Por ejemplo, la piedra arenisca Tapeats en Gran Cañón se dobla en un ángulo recto (90°), sin evidencia de ruptura. Sin embargo, este plegamiento sólo pudo haber ocurrido después de que el resto de las capas se habían depositado, supuestamente hace más de «480 millones de años», mientras que la piedra arenisca Tapeats permaneció húmeda y flexible. En realidad, la piedra arenisca Tapeats se posó sobre las Unidades de Basamento Vishnu, después de una discordancia erosiva, la discordancia Grande, de 1.000 millones de años, el Grupo Unkar de las rocas del basamento están también en una discordancia angular, que es una secuencia de 8-miembros inclinados a 45º.

B. Los Cañones:

a) Los cañones submarinos
Los cañones se pueden encontrar en el mar al final de muchos ríos principales del mundo, entre ellos el Congo, el Amazonas, Ganges, y Hudson. Se extienden por miles de kilómetros bajo el agua, miles de metros bajo el mar, son más profundos que el Gran Cañón en algunos lugares, y según los creacionistas, aunque no es bien entendido por la comunidad científica dominante, generalmente se entiende que han desarrollado cuando los niveles del mar eran significativamente inferiores al actual. Los geólogos de la inundación argumentan que en el Diluvio Universal los continentes se dividieron y al bajar la inundación, los ríos principales drenaron en los nuevos continentes, y el agua fluyó en las nuevas zonas bajas, que se llenarían para convertirse en los mares, dejando los sedimentos que se sequen de su estado licuificado.

b) Los cañones terrestres

Como explicación de los grandes cañones terrestres, como el Grand Canyon, que es una escarpada garganta excavada por el río Colorado en el norte de Arizona (EEUU), los geólogos creacionistas señalan las inundaciones de lodo catastrófico caliente que se deslizaron durante la erupción del Mount St. Helens, que es un estratovolcán activo ubicado en el condado de Skamania (Washington, EEUU), que en 1980 talló un cañón de 140 pies (42,67 m) de profundidad y 17 millas (27,35 Km) de largo en solo 1 día. Dónde, sólo un arroyo delgado permanece en el fondo de la barranca en la actualidad, la que según dicen los creacionistas, probablemente sería interpretada como si la hubiese escavado el cañón «durante millones de años», si no se conociera de primera mano que el cañón fue tallado en un solo día.

2. Las pruebas en contra de un diluvio global:

Explicación de los estratos geológicos

La columna geológica y el registro fósil son utilizadas como piezas claves de evidencia en la explicación científica moderna del desarrollo y la evolución de la vida en la Tierra, así como un medio para establecer la edad de la misma. Los Creacionistas de Tierra Joven, como Morris y Whitcomb en su libro “The Genesis Flood: The Biblical Record and its Scientific Implications” (1961), niegan que el registro fósil en la columna geológica represente la evolución de la vida en la tierra durante millones de años. Debido a que, según ellos, la edad de los fósiles depende de la cantidad de tiempo que se le atribuye a la columna geológica, a la que los creacionistas, le adjudican que se depositó en alrededor de 1 año. Algunos geólogos creacionistas disputan el ensamblado de la columna geológica global a partir de fósiles índice o característicos, que es la especie fósil que caracteriza a un horizonte específico por su abundancia, aunque, no restringida en el tiempo, y que se utilizan para vincular los estratos aislados geográficamente a otros estratos a través del mapa (correlación bioestratigráfica). Los fósiles son, a menudo, datados por su proximidad a los estratos que contienen fósiles índice, cuya edad ha sido determinada por su ubicación en la columna geológica. Oard y Reed (2006) dicen que la identificación de los fósiles como fósiles índice ha sido muy propensa a errores que se utilizaron de forma poco fiable para que las correlaciones, o hasta la fecha, de los estratos locales utilizando para montar la escala geológica.

Los geólogos del Diluvio han propuesto varias hipótesis para conciliar la secuencia de fósiles que están de manifiesto en la Columna Bioestratigráfica con el relato literal del diluvio de Noé en la Biblia. Whitcomb y Morris propusieron tres posibles factores. Uno de ellos es el Hidrológico, en el que la relativa flotabilidad de los restos basada en la forma de los organismos y en las densidades determino la secuencia en la que sus restos se depositaron en el fondo de las aguas del diluvio. El segundo factor que proponían era el Ecológico, lo que sugiere que los organismos vivos en el fondo del océano, sucumbieron primero en el diluvio y los que viven en las altitudes más altas después. El tercer factor fue el anatómico y de comportamiento, por lo que la secuencia ordenada en la columna de los fósiles sería el resultado de las respuestas muy diferentes a la crecida de las aguas entre los diferentes tipos de organismos, debido a su movilidad y hábitats originales. En un escenario de propuestas por Morris, los restos de la vida marina fueron los primeros en asentarse en el fondo, seguido por el más lento de los reptiles de tierras bajas, y culminando con el hombre cuya inteligencia superior y su capacidad para huir les permitió llegar a las elevaciones más altas antes de que fueran superados por las aguas del diluvio (Gould, 1984).

Algunos creacionistas creen que los depósitos de petróleo y el carbón se formaron rápidamente en las capas sedimentarias de los volcanes o en las aguas de inundación de los bosques en llanuras y fueron enterrados entre los escombros. Ellos creen que la vegetación descompuesta originó rápidamente el petróleo o el carbón debido al calor de las aguas subterráneas, que se desataron desde la Tierra durante el Diluvio o por las altas temperaturas creadas por la compresión de los restos por el agua y los sedimentos (Snelling, 2006).

Los creacionistas siguen buscando pruebas en el mundo natural, que ellos consideran, que es consistente con las descripciones anteriores, como evidencia de la formación rápida. Por ejemplo, ha habido demandas de las marcas de las gotas de lluvia y las ondulaciones del agua en los bordes de la capa, a veces asociados con las huellas fosilizados de hombres y dinosaurios caminando juntos. La evidencia de las huellas ha sido desacreditada por los científicos y algunas han demostrado ser falsas (Schadewald, 1986; Kuban, 1996).

La Erosión del Gran Cañón y las discontinuidades estratigráficas

La erosión, que es una fase del proceso de denudación que comprende el desgaste de la superficie terrestre mediante la acción mecánica de los materiales detríticos transportados. Es un proceso lento en geología convencional – a menos que la roca sea suave y el clima particularmente riguroso, pero estos casos son excepciones periféricas-. Todo esto es debido a la dureza de la roca y el hecho de que podamos observar la tasa que se erosiona bajo la lluvia en la actualidad. La idea que los diluvistas proponen que, a pesar de esto, todas las características de la erosión se pueden explicar por el Diluvio Universal. Esto se aplica igualmente a las rocas que se erosionan fácilmente, como a las rocas que no -una propuesta que, obviamente, va en contra de la ciencia y el sentido común-. Los altos niveles de erosión que se ven en formaciones de roca dura las atribuyeron a la velocidad de las aguas de la gran inundación. De hecho, el agua a tanta velocidad puede ser muy poderosa y los chorros de las aguas de corte pueden cortar a través de objetos con alta eficiencia. Sin embargo, el Gran Cañón, por ejemplo, no es una pequeña placa para ser golpeada con una precisión sub-milímetrica por un chorro de agua de una Cortadora de acero mediante chorro de agua a presión, que viaja a una velocidad de 750 millas por hora (118 km/h). Incluso en una inundación de proporciones mundiales, el agua no pudiera viajar lo suficientemente rápido (sólo puede trabajar bajo la gravedad) y la roca no es simplemente lo suficientemente suave como para formarse en cualquier cosa, a menos que la erosión dure millones de años.

En segundo lugar, la erosión debida a la inundación es incompatible con la sedimentación de las rocas que pretenden explicar con la inundación mundial. Un diluvio global, que explique tanto la sedimentación como la erosión masiva, provocaría ambos procesos simultáneamente. No es posible depositar más sedimento al mismo ritmo en que la erosión lo elimina-por lo tanto, donde la erosión ha revelado las capas de sedimentación, éstas no deberían existir-.

Monte Santa Helena

Monte Santa Helena

En el modelo de Austin (1994) las rocas sedimentarias del Gran Cañón eran depositados durante la primera parte del año de la inundación, después de ser grabados en un cañón por el retroceso de las aguas. El modelo requiere un nuevo depósito de rocas para convertirse en lo suficientemente fuerte, en unos pocos meses después de la deposición, modelando kilómetros de altos acantilados en violación de todos los cálculos razonables de la hidrología, mecánica de suelos, y la resistencia de los materiales. Algunos tipos de roca, por ejemplo, algunas calizas, se litificarían poco después de la deposición, pero la mayoría de las areniscas y lutitas requieren de una gran pérdida de agua, la compactación, y/o cementación química para convertirse en una roca sólida, los que, son procesos que involucran cantidades significativas de tiempo geológico. Esto es especialmente cierto para los lodos de grano muy fino en el que baja permeabilidad hace casi imposible la deshidratación completa en un período corto de tiempo. La carga sencilla de otros materiales en la parte superior no es suficiente, el agua atrapada en el lodo podría causar licuefacción repentina de toda la masa, un fenómeno conocido por los ingenieros hidráulicos como el «sudden draw down condition». El drenaje rápido comúnmente resulta en el colapso de los bancos más empinados, las cortadas y las subidas de los ríos disminuyen. Las lutitas del joven modelo del Grand Canyon deberían haberse comportado de la misma manera pero se habrían derrumbado incluso con más facilidad que los bancos del canal del río considerando las alturas de los acantilados del Grand Canyon que se miden en metros, y en miles de metros.

Cuando observamos los estratos rocosos que han sido depositados sin interrupción, decimos que son concordantes, y que representan un período de sedimentación continuo. Muchas zonas exhiben estratos concordantes que representan ciertos lapsos del tiempo geológico; cuando un estrato se ha depositado sobre la superficie no denudada, de otro, se dice que ambos estratos son concordantes, pero, cuando un estrato no tiene la misma inclinación que otro, se dice que son discordantes. En 1788, James Hutton, descubre las Discordancias Angulares, que son el conjunto de capas más antiguas o inferiores que buzan con diferente ángulo que las más jóvenes o superiores, lo que también comprende, estratos más jóvenes no plegados que descansan sobre estratos más viejos plegados. El diluvio universal no puede explicar las formaciones geológicas, como las discordancias angulares, donde las rocas sedimentarias se han inclinado y luego erosionadas más capas sedimentarias depositadas en la parte superior, que necesitan largos períodos de tiempo para estos procesos. Siendo, un Hiato, el tiempo que dura una discordancia en el isocronismo geológico. La geología moderna, es capaz de explicar como se produce la sedimentación y la erosión después de exponer las capas, y también de explicar los fenómenos más complejos, tales como las discordancias o disconformidades -que la geología de inundación no es capaz de explicar en lo absoluto-.

También, por último, está el Tiempo necesario para la erosión de los valles de las montañas de rocas sedimentarias. En otro ejemplo, la gran inundación, de haber ocurrido, también debería haber producido efectos en gran escala extendidos por todo el mundo, y se debe haber distribuido uniformemente, sin embargo, los niveles de erosión, por ejemplo, los Apalaches y las Montañas Rocosas, difieren de manera significativa (Isaak, 1998).

Depósitos del desierto

Es más que obvio que las dunas del desierto y otros depósitos del desierto no se forman bajo las aguas rugientes de un Diluvio. Estos requieren no sólo de tiempo, sino también, de tierra seca. El Diluvio de Noé no suministra ninguna de estas cosas (Weber, 1980). Si bien, el Ordovícico se inicia con una transgresión general en todo el Hemisferio Norte, el que estuvo cubierto de agua en su mayoría, lo que da origen a potentes bancos de cuarcitas, con pistas y huellas superficiales, continuando diversos tramos de pizarras fosilíferas con trilobites y braquiópodos, para culminar con calizas con equinodermos (cistoideos). El Período Ordovícico en Gran Bretaña fue dividido tradicionalmente en Temprano (Tremadiocense y Arenigiciense), Medio (Llanvirniense [subdividido en Abereiddiciense y Llandeilianciense] y Llandeilo) y Tardío (Caradociense y Ashgiliense). El límite inferior estaba antiguamente en la base de las series del Arenig del Valle de Dracè (Marruecos), que es ahora la 2ª unidad cronoestratigráfica de las 6 en que se divide el periodo Ordovícico, su base yace sobre el Tremadociense y su techo es infrayacente respecto al Llanvirniense, definidas por la primera aparición de graptolites dicotómicos extensiformes. El límite superior es la parte más alta de la serie Ashgill, que está cubierta por el Llandovery Inferior de la serie Silúrica. La parte más alta del Ashgiliense es la zona del graptolito Dicellograptus anceps: en este horizonte aparece el último de los trilobites Trinucleidos.

En cambio, el Silúrico suele ser pizarroso, con intercalaciones de cuarcitas y calizas; son características las “pizarras graptolíticas” y las calizas con Ortocerátidos. Estratigráficamente, este sistema se subdivide, de Inferior a Superior, en los siguientes pisos: Llandoveriense, Wenlockense, Ludlowense y Pridoliense. Los niveles inferiores del Silúrico son las series del Llandoveriense Inferior o Valentiense, caracterizadas por una zona de graptolites del género Glypograptus persculptus. El límite superior es el techo del Dowtoniense, que contiene una fauna silúrica, junto con formas nuevas, el que, se asienta en un área de tipo concordante sobre las areniscas compactas del “Ludlow” Superior, marcando la fase final del período de sedimentación del Silúrico Europeo. Actualmente, el Pridoli, marca la época final y más corta del Silúrico. Los terrenos del silúrico, esencialmente sedimentarios (areniscas, esquistos y calizas), están muy difundidos en Europa septentrional.

Pero, sin embargo, las Old Red Sandstone (ORS) –Arenisca Roja Antigua-, de Escocia, es una unidad litoestratigráfica británica la cual tiene estatus de supergrupo, las que son reconocidas en todo el mundo como su colección de fósiles de dunas del desierto, y describen un conjunto de rocas sedimentarias depositadas en una variedad de ambientes durante el Devónico, pero que se remonta a finales del Silúrico y comienzos del Carbonífero. Cuenta con afloramientos que se extienden desde las Islas Británicas a Polonia y el Mar Blanco de Rusia y de Alemania a Noruega (Gilluly, Waters y Woodford, 1968). Estos afloramientos se han encontrado, incluso, en Groenlandia y América del Norte. En la época del Devónico, antes de América del Norte y Europa se separaron, estas dunas cubiertas todo un semi-árido paleocontinente. Las formaciones inferiores son de edad del Silúrico superior, en donde, el tránsito al Devónico se efectúa, generalmente, por niveles detríticos, en la formación de arenisca Downton Castle (Downton Castle Sandstone Formation) y la suprayacente formación de lutita Reglan (Raglan Mudstone Formation). Estratigráficamente se divide en: Devónico Inferior, que comprende los pisos Gediniense, Siegeniense y Emsiniense; Devónico Medio, subdividido en el Eifeliense y Givetiense, y Devónico Superior, con el Frasniense y el Fameniense.

Además, existe una facies “marginal”, que se desarrolla principalmente en los bordes del geosinclinal (mar de Tetis), que comprende areniscas, pizarras y calizas, con braquiópodos, bivalvos, trilobites y crinoideos, y calizas recifales, con estromatóporas y tetracoralarios; y una facies “mediterránea”, que corresponde a mares más profundos, en la que predominan pizarras y calizas con Goniatites (Meléndez & Fúster, 1972). Las interdigitaciones de estas areniscas con sedimentos marinos muestra que la línea de costa de este paleocontinente que avanzo y retrocedió varias veces. Las rocas del desierto se enredan con las rocas que el modelo de geología de la inundación nos dice fueron formadas dentro de la gran inundación de 1 año de duración. Las capas rojas, que consisten en parte de la herrumbre formada sobre el nivel del mar, son también encontradas en esta formación. Estos no se hubieran formado en cualquier inundación catastrófica. El conjunto de la roca de las ORS está dominado por sedimentos de facies continentales aluviales y conglomerados en su base, depositadas en el paleo-supercontinente Nor-atlántico de Euramérica o Laurusia (continente de las Viejas Areniscas Rojas), que progresa a una combinación de dunas, y sedimentos lacustres y fluviales. Las ORS también contienen playas típicas, con sus característicos depósitos cúbicos de cristal de sal. Estos son panes de sal, típicos, de los depósitos de desierto formados después de que se evaporaron los lagos de lluvias de temporada. Hoy en día, en el desierto de Mojave, las playas pueden convertirse en lagos durante un par de semanas, sólo para secarse otra vez, dejando una costra de depósitos de sal, como las que se encuentran en la piedra arenisca roja.

Aunque unos pocos estanques de agua dulce existían en este antiguo semiárido continente, estos se secaron de vez en cuando. Así, encontramos fósiles grietas de barro en las lutitas que provenían de los fondos de los estanques secos, y encontramos fósiles de peces pulmonados, los que podían sobrevivir a la sequía mediante la construcción de un capullo de barro en el fondo del estanque con suficiente aire respirable. Cientos de kilómetros cuadrados de dunas fósiles en estos depósitos contienen estratificación cruzada, chorreadas de guijarros de arena (ventifactos) de la especie se encuentran en las modernas dunas de arena del desierto, y en ningún otro tipo de sedimento moderno. Estas diferentes líneas de evidencia, independientes, convergen para demostrar que las ORS casi con toda seguridad se han formado a través de millones de años en un clima seco, no debidas a cualquier tipo de catástrofe global.

El Gran Cañón contiene dunas fósiles del desierto y otros sedimentos que a todas luces se depositaron en tierra firme. Las areniscas Coconino del Pérmico en las paredes superiores del Gran Cañón, tienen los esmerilados, bien ordenados y bien redondeados típicos granos de arena que se encuentra depositados sólo en las dunas de arena (Shelton, 1966). Además, muchas de las láminas de la estratificación cruzada contienen huellas fósiles (icnitas) que sólo podían proceder de anfibios o reptiles, los que subían hasta la cara de una duna de arena ligeramente húmeda al aire libre. El geólogo del ICR Dr. Steve Austin ha enseñado que los anfibios que hicieron las pistas estaban descansando entre dunas submarinas, lo que es muy poco plausible en un catastrófico Diluvio Universal, que debió haber erosionado y depositado varios metros de sedimentos por día.

El grupo Supai y los Formación Ermitaño del Pérmico Inferior, se encuentran hoy en día bajo las Areniscas Coconino, como deltas de los ríos que se formaron sobre el nivel del mar (Shelton, 1966). En los tiempos del Pérmico, cuadrúpedos (probablemente anfibios o reptiles) dejaron sus huellas en el barro blando del delta. A medida que el barro fue cocido y endurecido bajo el sol, formaba grietas. La dureza del barro cocido conservó las huellas fósiles sobre los ríos inundados de la temporada de lluvias y enterradas en el barro fresco. Estas huellas fósiles se encuentran hoy en día, así como óxidos de hierro que se forman en el aire libre, mostrando que estas lutitas fueron formadas sobre el nivel del mar.
Las areniscas de puro cuarzo de las Navajo Sandstones del Triásico y Jurásico en Zion National Park, Utah, también se ven exactamente como las dunas de arena del desierto (Gilluly, Waters y Woodford, 1968). Contienen camas amplias transversales del tipo que se encuentran en las dunas de arena, y los granos de arena esmerilados y los pulidos guijarros que sólo se encuentran en las dunas formadas sobre la tierra firme.

Ciertas formaciones en el oeste de Wyoming se ven exactamente como los desiertos que bordeaban los mares en retroceso del Carbonífero (Houlik, 1973). La formación Mississippian Lodgepole contiene el tipo de depósitos de carbonatos y evaporitas que encuentran en las llanuras de inundación en la actualidad. La formación de Amsden consta de sabkhas y las dunas del desierto. Sabkha (سبخة) es una especie de capa dura que se forma en el agua dura desiertos después que se filtra a través del suelo por la acción capilar y se evapora dejando los nódulos de calcita, anhidrita, y otras sales. Se las ve extensamente en Arabia Saudita. Son, además, rocas de depósito de supramarea que inundan zonas bajas cerca de la costa, donde crecen algas verdes o azules (cianofíceas). Estos sabkhas, moldes de cristales de evaporitas, y las dunas fósiles muestran que estos depósitos carboníferos se formado en un desierto, no en una gran inundación.

Al final del Mioceno, durante la edad o piso Mesiniense, (hace unos 5,96-5,33 millones de años), el Mar Mediterráneo se desecó al quedar desconectado del océano Atlántico, un acontecimiento conocido como la crisis salina del Mesiniense, dejando extensos depósitos de desierto en el fondo del mar (Hsu, 1972). El Estrecho de Gibraltar se abrió y se cerró, la causa de estos cambios complejos, como el buque de perforación científica Glomar Challenger de 120 m de largo, descubrió en el año 1970, mediante el uso de sondas de eco y de muestras de núcleo de aguas profundas. Cada vez que el Mediterráneo se secó lentamente, la calcita precipitó primera por el borde de la cuenca de la llanura abisal balear, entonces las anhidritas y yeso en otras, y finalmente la sal de roca en el centro en el punto más profundo. Esto es sólo el fin de que estas sales se precipitan para establece un plato grande de agua de mar que se secó. Los sucesivos secados del Mediterráneo han producido cientos de metros de evaporitas. No sólo forma evaporitas, sino también depósitos terrestres como las grietas de barro bañadas por el sol, la arena arrastrada por el viento, nódulos sabkha y anhidritas. En condiciones hipersalinas en ambientes submareales pueden formarse estromatolitos, los que se encuentran ahora a 2 km de profundidad el fondo del mar Mediterráneo, en muestras marinas profundas. Los ríos Ródano y el Nilo han reducido sus cañones miles de metros por debajo del nivel actual del mar para alimentar la desecada cuenca del Mediterráneo. Los abanicos aluviales acumulados de escombros, bañados por los aguaceros en las laderas de Cerdeña, y ahora estos depósitos se encuentran bajo el agua. Después del rellenado del Mediterráneo con el agua, hace 5,33 millones de años se conoce como la Inundación Zancliense, a principios del Plioceno, los sedimentos empezaron a acumularse sobre las evaporitas, el peso de estos sedimentos han forzado a través de los puntos débiles de los sedimentos para formar domos de sal. Algunas de estas minas de sal con unos pocos kilómetros de diámetro, y cientos de miles de metros de altura. A pesar de que éstas no pueden ser parte de la formación del actual Mediterráneo, pero si, del que se ha resecado, mientras que la geología de inundación tiene muchas dificultades para dar cuenta de esas cosas.