lunes, 15 de mayo de 2023

Jauría de delincuentes.

 

Jauría de delincuentes.

Por Alejandro Descalzo

La descomposición de este país es un hecho incontestable. Ese hedor a detritus social ha calado hasta pudrir los cimientos de la patria. Vivimos el desastre moral como objetivo primordial para terminar con la columna vertebral de la civilización y este deterioro a nivel mundial, aquí en España, ha tomado un cariz que a los pocos ciudadanos que vemos todos los días hacia dónde vamos. Hacia dónde nos dirigen estos políticos criminales que padecemos nos produce rabia y tristeza contenida. 

Políticos delincuentes que agasajan a delincuentes y criminales. Políticos que están aquí destruyendo este país porque son votados por una sociedad cómplice y también responsable de sus tropelías y desmanes. 

Sin ningún disimulo se recibe a narcos y expresidiarios con todo aparato del estado puesto de rodillas. Recibir al narcoterrorista y actual mandatario de Colombia, el miembro del M19, Gustavo Petro, es un insulto a este pobre país agonizante. Que se le imponga la gran cruz de Isabel La Católica y se le entregue la llave de oro de la ciudad, mientras el tipejo nos insulta y se ríe de nosotros en nuestra cara, es algo muy grave. Ser recibido con todo boato por el monarca masón es mearnos a todos sin disimulo, con todo descaro y desvergüenza. Cuando no hace demasiado tiempo también fue agasajado el ladrón de Lula, recién sacado de la cárcel por los suyos, por este gobierno esclavo del Foro de São Paulo, tampoco nadie protestó ni dio un grito más alto que otro. Que nadie se equivoque.  

El numerito de VOX de abandonar en grupo los escaños del Congreso es solo una postura dirigida a intentar arañar un par de votos en las elecciones que se avecinan. La otra postura, la de Feijóo y sus huestes de gentuza impresentable aplaudiendo al terrorista Petro, es la evidencia clara de lo que puede pasar a España después de las elecciones de diciembre. Para salir corriendo. 

Basura por todas partes. Basura por donde se mire. Una izquierda agarrada al poder y consentida por una ciudadanía cómplice de indeseables analfabetos que abandonan las colas del hambre de Caritas para ir a votarles. Basura de una derecha podrida que eleva a gentuza a Comunidades y Ayuntamientos, que hacen lo mismo que todos sin ningún disimulo ni vergüenza. 

Jauría de delincuentes que se abrazan con otros delincuentes como ellos. «La hora de los enanos» que tan certeramente explicó el jefe y que se vuelve a repetir sin posible arreglo, ya que ni Él ni Franco esta vez pueden hacer nada para salvarnos del desastre al que estamos abocados sin posible remisión. 

 

El belicoso proceso de la lengua catalana.

 

El belicoso proceso de la lengua catalana.

Por Antonio Cebollero del Mazo

¿El catalán es la lengua propia de Cataluña? No. Es tan falso como que el mafioso y ladrón Jordi Pujol fuese considerado merecidamente por el “ABC” en el año 1984 como “español del año”; de todos estos polvos políticos y mediáticos vienen estos lodos del actual albañal gubernamental.

Los territorios no hablan, hablan los ciudadanos, las personas. Los catalanes se expresan, se comunican en dos lenguas propias, el español y el catalán.

Para el nacionalismo separatista, aldeano y xenófobo la lengua catalana es el esqueleto, el pilar fundamental que sostiene las adulteradas e interesadas pretensiones de creación de un Estado independiente en contra de la constitución y de las normas que rigen en el derecho internacional; se convierte en el fuelle que oxigena el fuego permanente de la fragua donde se concibe, prepara y ejecuta el plan, la siniestra y extemporánea idea de la secesión.

El herrero, el Vulcano independentista y auxiliares tienen su morada en la Generalidada la cual se arriman multitud de lameculos y rastreros personajes que buscan un hueco cálido junto al apocalíptico fuego; taller bien surtido de toscos, zafios e inventados materiales como el Estatuto o la historia reescrita y falsificada, que sometidos a un proceso de calentamiento, “al rojo vivo”, merced a diversos chantajes, aceptados cobardemente por los diferentes gobiernos de la Nación, que en ocasiones han derivado en pactos de gobierno vergonzantes o en detrimento y menoscabo de otras Comunidades más necesitadas, para a continuación a golpe de martillo, CUP, violencia, elementos antisistema, ERC, leyes anticonstitucionales, exclusión ciudadana….., ir moldeando estos materiales, dándoles forma hasta conseguir los instrumentos adecuados y útiles en aras de alcanzar la independencia.

A lo anterior, hay que sumar las décadas que la Generalidad lleva incumpliendo impunemente las resoluciones de los Altos y Bajos Tribunales de Justicia sobre el uso de la lengua española y catalana en la escuela sin que nada ni nadie ponga freno a tamaño despropósito.

A esta Cataluña del nacionalismo chinchorrero y fastidioso,— diseñada en un alarde de fabulación y mentiras por sus patéticos líderes, que inventan y deifican unos fingidos caracteres identitarios, utilizados como armas arrojadizas e hirientes contra más de la mitad de su población y que limitan los derechos individuales, al imponer una lengua, el catalán, en detrimento, substitución o abolición del español a través de las llamadas leyes de  Normalización e Inmersión lingüísticas,— no le duelen prendas para establecer programas de imposición o coacción del catalán en los usos oficiales y sociales, en el sistema educativo y en los medios de comunicación públicos, para obligar a que el catalán sea la lengua de relación preferente-exclusiva para dirigirse a la administración catalana, para multar a comerciantes y empresarios que no rotulen o etiqueten en catalán o para poder denunciar el hecho de que algún elemento informativo no esté redactado en catalán.

Lo más grave es el modelo del sistema escolar que establece el catalán como lengua vehicular  obligatoria y exclusiva de la enseñanza; su aplicación es atentatoria contra el derecho de los escolares y de los padres a que sus hijos sean educados en su lengua materna si así lo deciden, y esta es el español en más del 50% de la población; también este modelo afecta al orden sociocultural, se produce la inmersión en la lengua y a su vez en la cultura y en la historia.

Para el nacionalismo cualquier propuesta de comunidad lingüística es inaceptable, además de una agresión contra Cataluña. El español, a pesar de ser lengua cooficial y común de la mayoría de los catalanes, es considerada por el nacionalismo irredento y sicópata como un elemento cuya sola existencia prostituye y reduce las esencias identitarias de su fantástico,  perverso y excluyente mundo.

Los nacionalistas/secesionistas son incapaces de resistir la tentación monolingüe, no aceptan que el ciudadano sea responsable y libre para decidir la elección de la lengua, que ellos entienden como que un fraude y un engaño a su sacralizada identidad.

Como todo proceso revolucionario y totalitario, la inmersión lingüística está sometida al paso del tiempo y a la adaptación a las nuevas  circunstancias políticas y sociales que se van originando; en su fase inicial, el concepto de “Inmersión” se entendió como algo parcial, es decir, no todo el cuerpo de la pretendida doctrina lingüística sería subsumido, englobado en la acepción holística del principio de totalidad de la norma, en la actualidad, y considerando la trágica situación a  la que España se ha visto abocada por el despreciable “okupa” de la Moncloa y su gobierno de malhadados socios, podemos estar en disposición de considerar la primigenia Inmersión lingüística catalana como una “Sumersión” total del español en las aguas fétidas del movimiento identitario catalán.

 

domingo, 14 de mayo de 2023

¿Cómo se puede llamar fiesta a esta espantosa matanza?

 

¿Cómo se puede llamar fiesta a esta espantosa matanza?

Por Pablo Gasco de la Rocha


Quien maltrata a un animal, merece ser tratado mal…

¿Qué glamour es este? ¿Cómo se puede llamar a esta espantosa matanza fiesta?

 

La lidia, los toros, esto que llaman “Fiesta”, se ha convertido en un pase de modelos y pasarela de lucimiento para todo tipo de personas… Políticos, empresarios, escritores, periodistas, aristócratas y señoras de buen ver. Van a una carnicería a ver morir a un animal, previamente maltratado, de cuyo sufrimiento agónico hay estudios perfectamente documentados por especialistas.

 

    Frente al animal, aturdido y desconcertado por el viaje hasta el lugar del sacrificio, el foso circular y las voces, tenemos a un individuo “diestro” en la técnica de burlarle, que las más de las veces sale ileso, salvó que sea un atolondrando como puede ser el caso del tal José Tomás. Que para mí que tiene cara de loco.

 

    Confunden algunos ser español con gustarle esta matanza, y argumentan todo tipo de razones sin mayor fundamento, haciendo caso omiso a lo que dé se sobra se sabe. A saber:

    Que el toro, como mamífero que es, cuenta con un sistema nervioso evolucionado. Y que, durante la lidia, el toro está sometido a una tremenda y progresiva tortura que se dirige a la anulación de su capacidad de defensa, debido al colapso orgánico y al dolor progresivo de las banderillas, la puya, la espada y la puntilla.

 

    En cuanto a las banderillas, son afilados arpones diseñados para desgarrarla piel y engancharse con fuerza en los tejidos internos. La hemorragia y gravísimas heridas que provocan en los músculos y tendones cercanos a la espina dorsal impiden al toro levantar la cabeza. Este mismo fin se persigue con la acción del Picador a caballo mediante la puya, que es además el primer elemento en entrar en juego.

 

    Por lo que respecta a la espada, puede destrozar el hígado, los pulmones, la pleura y el diafragma, dependiendo del lugar por donde penetre. Cuando secciona la gran arteria, el toro agoniza entre enormes vómitos, ahogado en su propia sangre. La espada puede clavarse muchas veces al mismo toro.

 

    La puntilla se utiliza para rematar al toro moribundo, intentando seccionar su médula espinal, a la altura de las primeras vértebras: atlas y axis. El toro queda paralizado sin poder mover los músculos y en la mayoría de los casos aún entra vivo al desolladero.

 

       En cuanto a esta violencia contra el toro, en puridad, maltrato animal, sería conveniente hacer dos consideraciones estudiadas a nivel psicológico: 1º. Predispone a la violencia social. 2º. Inhibe el desarrollo de las personas.

 

Así pues, cuando se minimiza el maltrato animal, se está incubando en la sociedad una bomba de relojería. Ovidio ya nos advirtió hace dos mil años que “la crueldad hacia los animales enseña la crueldad hacia los humanos”.

 

P.D. Isabel Díaz Ayuso, la niña que abandera a la derecha liberal, tiene como uno de sus principales argumentos contra la izquierda, la defensa de las corridas de toros, esto es, el “maltrato animal” (una fiesta muy española), en lugar de prohibir el asesinato de la criatura humana en el vientre de su madre (un execrable asesinato agravado y un pecado gravísimo). Esta es la sociedad en la que vivimos.

 

Urnas llenas de asco y terror.

 

Urnas llenas de asco y terror.

Por Eduardo García Serrano

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No hay urnas suficientes para albergar el asco. Sí las hay para cobijar el terror y sus afluentes de sangre y mutilación, de luto y de dolor. Indeleble dolor izado como las banderas de la traición y la dote de la claudicación sobre el pecho de las víctimas de ETA, ofrecidas en almoneda política socapa de “éxito democrático”, al decir de los beneficiarios del trueque con el crimen: socialistas, comunistas y separatistas de todas las cloacas, de todas las pocilgas y de todos los burdeles políticos que han convertido a España en los orinales del miedo y en los corrales de la mansedumbre, en los que ya no hay ni cabestros (no vaya a ser que sus escrotos vacíos les recuerden el toro que fueron) sólo corderos silenciosos, dóciles, mansos, tibios, uncidos a la democracia como el esclavo al amo, y el amo al látigo.

ETA vendió sus armas chorreando crímenes y los socialistas se las compraron regalándole la franquicia de la traición al PP de Rajoy, para que siguiera desbrozando la senda de la claudicación codificada en el cobarde Proceso de Paz de Zapatero. 

ETA conoce muy bien la elocuencia del terror, pero ignora la de la legítima violencia del Estado, que faculta a la Nación para el exterminio de los que quieren destruirla. En todo el mundo, menos en España, donde el terror rojoseparatista tiene justificación y exégesis políticas, pero la represión del mismo hasta los cuajarones de sangre del asesino es un delito de lesa democracia y de lesa humanidad que sólo merecía calentarle el infierno a quienes se atreviesen a ponerle los dientes en rompan filas a un etarra en comisaría, o a zurcirlo a balazos en una emboscada. He ahí el destino que la democracia española le reservó al General Enrique Rodríguez Galindo, el héroe de la Guardia Civil que más comandos de ETA desarticuló y que estuvo quince años de plomo y metralla al mando del Cuartel de Inchaurrondo.

El General Galindo murió solo, despojado de sus galones y de sus emblemas, enajenado su salario y expulsado del Ejército y de la Guardia Civil. Los asesinos de ETA que nunca pudieron derrotarle en los sórdidos campos de batalla del terror, hoy son diputados y se presentan a las elecciones en las listas de Bildu a cara descubierta y galleando sobre la sangre que derramaron por la espalda, siempre por la espalda. Y esa vileza es un “éxito democrático” para socialistas, comunistas y separatistas. No hay urnas para tanto asco.

 

martes, 9 de mayo de 2023

¿Elecciones democráticas?

 ¿Elecciones democráticas?

Es posible, amable lector, que alguna vez hayas sentido el corazón anegado de una emoción intensa al visitar lugares donde los monumentos o las ruinas de la vieja España atestiguan, como muchos otros testimonios, la nobleza y el esplendor de una hermosa época desaparecida para siempre. Y que con tristeza hayas tratado de comparar en vano aquella época gloriosa con la historia actual.

En vano habrás de entregarte a la fantasía, ese don maravilloso que la Providencia te ha concedido, para hacer revivir los tiempos pretéritos en que se movieron los actores y se produjeron sus obras, tratando de hallar algo semejante en este período histórico en el que te encuentras. Pero nada, hoy, te pone en condiciones de comprender el sentido misterioso de las obras geniales de antaño. Por el contrario, despierto de nuevo a la realidad, ningún resto vivo queda de aquellos hermosos sueños, de aquellas biografías y de aquellos logros que hicieron gloriosa a la patria.

Lo que hoy te encuentras es una cruel rueda del tiempo que te muestra cómo de modo paulatino la sociedad viene padeciendo los acontecimientos oscuros de las agendas globalistas, ese proceso invasivo e imparable contra la humanidad. Pero tú dudas de que esos votantes, de izquierdas y derechas, que persisten en reelegir una y otra vez a la casta partidocrática que los depreda, que se obstinan en encumbrar a quienes están destrozando su hacienda, su cultura, su patria y su vida, sean todos ellos estúpidos. Porque un estúpido es alguien que no comprende las cosas. Y esta cualidad tan pedestre no es en general la que distingue al actual elector español.

Esta mayoría de votantes no vota por imbecilidad, sino por sectarismo e interés, e incluso por odio hacia su prójimo, porque a estas alturas de la película sólo cuatro profundos tarados pueden no ser conscientes de la catástrofe. Por sectarismo no sólo ideológico y por interés no sólo económico. Es decir, no es que no sepan lo que hacen. Saben muy bien que hacen mal. Pero lo hacen. Ítem más, si el rencoroso que vota odio supiera que ese odio sólo a él revertiría, y no también al vecino, jamás votaría a las izquierdas resentidas ni a sus cómplices. Porque aun siendo muy malvado, no es tan idiota.

Porque, en efecto, no suele considerarse con la atención necesaria el extendido resentimiento que alberga la masa contra sus vecinos, sus colegas, sus contertulios y sus compañeros y conciudadanos en general, ni que muchos de sus integrantes se acercan a las urnas con el lema de «cuanto peor, mejor», pues la maldad, aunque se comporta como estúpida y aunque suelen entenderse ambos atributos -maldad y estupidez- como sinónimos, nunca es absolutamente tonta ni roma. Es el terrible maleficio de las dos Españas que los acechantes mantienen siempre vivo -no sólo política, sino sobre todo social o civilmente- y que hiela el corazón del espíritu mesurado.
Es, como digo, el archiconocido lema del resentido espiritual, del envidioso y codicioso, 
del aborrecible personaje que, ofreciéndole lo que guste con la sola condición de que a su vecino le darán el doble, pide al oferente que le saquen un ojo. Pero, anécdotas aparte, el caso es que, cuando se convocan elecciones en una sociedad absolutamente podrida, su efecto supone para los políticos de la casta y para los resentidos de todos los colores la ocasión idónea para seguir instalados en la vileza y continuar chapoteando en el cieno.


Mientras que, al contrario, para los más prudentes las elecciones así configuradas constituyen algo que les resulta insoportable. Algo de lo que ellos solos, que irremediablemente se hallan inmersos en el engranaje, no pueden librarse, y que los ahoga y consume. Las elecciones son aire viciado. Más aire viciado añadido al que ya se respira día a día en abundancia. Y los prudentes las sienten como algo mal constituido que se allega a ellos ominosamente; como la obligación de oler las entrañas de unas almas deformes, monstruosas.

Y por si la atmósfera electoral no estuviera suficientemente emponzoñada con-tanta ideología ofuscada y delirante, con tantas infundadas y alevosas vindictas y con tantos sórdidos intereses y miserables rencores, conviene recordar, así mismo, las irregularidades electorales detectadas por los algunos Tribunales provinciales, que, sin transparencia y excediéndose de su mandato y jurisdiccionalidad, son resueltas por los Tribunales Superiores y por el Constitucional, disponiendo, así, un auténtico pucherazo judicial.

O las trampas del censo, investigado y ahormado por una Junta Electoral dominada por el PSOE y por sus excrecencias; o las financiaciones ilegales de las campañas socialistas y separatistas, o la desigual oportunidad que exige para todos los partidos la propia Constitución (art.23), rota en beneficio del Sistema por la ley electoral y la de financiación de los partidos, ambas ilegales y discriminatorias.

El caso es que, en esta democracia que nos hemos dado, todas las cosas que se suceden son penosas; más penosas de lo que se puede decir, de lo que el ojo se sacia de ver y el oído se harta de oír. Porque por infinitos comicios que se convoquen y en tanto no se destruya el Sistema que los dispone, lo que fue, eso mismo será; y lo que se hizo, eso mismo se hará. Pues, como saben los que leyeron el Eclesiastés, tampoco en estos tiempos, en estos momentos trágicos, hay nada nuevo bajo el sol. Menos aún en este chapatal de anuros, en esta función de engendros que es la desvanecida España de hoy.

domingo, 7 de mayo de 2023

Ángela Rodríguez Pam: Se lió la gorda.

 

Ángela Rodríguez Pam: Se lió la gorda.

Por Ignacio Fernández Candela

 

Vaya por delante: el uso de la metáfora que a continuación va a leer, no alude a la apariencia física de la miserable que se ha reído de los asesinatos y violaciones de múltiples víctimas, con los criminales liberados para volver a delinquir gracias a la demencial ley del «sólo sí es sí», pareciéndome de admiración el curvilíneo canon de belleza que Rubens desplegó magistralmente en Las tres Gracias. Más bien, la fealdad interior de la pájara engrosa de modo nauseabundo la descripción de un ser demostradamente abyecto, trayéndome al pairo la apariencia física que, en mi opinión, es repelente por el conjunto que representa de vomitiva frivolidad.

Se lió la gorda cuando la comunista se mofó de la suelta de agresores sexuales. El grueso humor del parásito podemita, todo lo podemita es parasitario, que ocupa la secretaría de estado del ministerio de la cajera, dícese Igual- da, ha engrosado de escoria desalmada el de por sí sucio sectarismo de una patulea de inútiles-unos porque lo son en esencia y otros por ser miserables cómplices de maldades sin límites para seguir con los culos pegados a las poltronas sanchistas-,riéndose de la liberación  de una horda de asesinos y violadores gracias la ley de una demente, defensora de la pedofilia, la hija del famoso mozo encarnada con destino de cajera y elevada a rango ministerial a sueldo de íncubos semejantes, rastreros y sulfurados que asuelan España. Lo repetiré de continuo, este siglo XXI es manifiestamente holístico para comprobar las encarnaciones de engendros del Mal con apariencia política, cumplimentando con repugnante diligencia los objetivos de la siembra de cizaña y la confusión. En concreto, las lorzas dialécticas de la pantagruélica ideología de la payasa Pam, pasa por la manifiesta estupidez de una indocumentada, una lerda obesidad metafórica de ignorancia repulsiva, la continuidad grasienta del oportunismo detestable estando empleada con opíparo salario una Carpanta de la moralidad, una vomitiva representación de la gula feminazi, una rotunda invitada al banquete del oportunismo ensañada de gordas inmoralidades.

No hay metonimia válida para describir con exactitud, ajustada a la dimensionada realidad de la inefable Pam, el grado de bajeza personal, la miseria indecente de su existencia oportunista, la ensanchada vanidad de un monstruo sin entrañas capaz de bromear con la tragedia de mujeres y sus familias, risueña de Satanás, del brutal sufrimiento provocado por la desidia y la chapuza de la imposición legislativa.

Inflado el ego se le abulta la tripa del alma hasta darle aspecto de globo que estallará en penitencia pues la vida, ni la muerte, perdona la siembra del necio, la basta hediondez del humor flatulento, el pensamiento que viene del estómago insaciable y el mohín risueño inspirado por el bajo cerebelo. La Pam que no dimite siguiendo el ejemplo de las garrapatas socialcomunistas, hincadas sin moral ni decencia, es ejemplo de abultada estupidez en el ejercicio indignante del banquete continuado de gorrones con despacho. Henchida de soberbia, sin vergüenza que valga, hay un vídeo donde desfila como ganado por la justicia social, ignorando la petición de ayuda a una mujer desahuciada del bienestar que ella disfruta con rolliza holgura. Esa que se embute más de cien mil euros de sueldo público es la que ignora una mísera limosna, siquiera feminazi.

Vivimos tiempos de víboras que se hacen pasar por víctimas pretendiendo convertir por «ley de violencia política» la crítica legítima contra las pifias, chapuzas y hasta delitos de una patulea de sinvergüenzas devenidas de los sótanos sociales y bacanales podemitas.

Hipócritas embutidas con orondo egoísmo, cebadas de suficiencia detestable, sin méritos que no sean chupar del bote si antes no han chupado de botijos complutenses. Asqueante, repulsiva,  de corpulenta maldad y vergonzosa presencia, contemplando esa jeta inflada de estulticia se me viene a la cabeza aquello de que a todo  cerdo le llega su San Martín. Reírse de asesinadas, de mujeres violentadas, violadas y vejadas, de sus sufrida familias, es de puercos.

 

Petro y los aplausos

 

Petro y los aplausos

 El viaje de Gustavo Petro a Madrid ha puesto en evidencia al más alto nivel la actual posición de España en el tablero internacional. Nuestro país no está en la mesa donde se sientan las naciones prósperas, las que participan del sistema de valores que definen las democracias liberales, las que investigan, crecen y crean empleo. Las democracias merecedoras de general respeto. Nuestro país, de la mano del Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, forma hoy parte de esa alianza bolivariana que se teje en el llamado Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, ese inframundo en el que pululan cazadores de recompensas como ZapaterosGarzonesMonederos y compañía. De la mano de Sánchez, España ha abandonado el primer mundo para adentrarse en un territorio donde impera la pérdida de libertades y la pobreza. Somos aliados del peor populismo, algo que ha puesto en evidencia la visita de Petro y que diariamente ratifica la agenda de cambio de modelo socioeconómica puesta en marcha por este Gobierno.

Resulta ocioso insistir en el currículum del actual presidente de la República de Colombia, un tipo que esta semana repasaba sus obras completas en El País y parecía enorgullecerse de su pasado como miembro del M-19, grupo guerrillero especialista en asesinatos, violaciones y secuestros. El caballero lleva años arremetiendo contra España y los españoles con declaraciones pretendidamente ofensivas. “España se ha convertido en una dictadura en Cataluña. En este momento nos sobrevuelan helicópteros. ¿Se repetirá 1936?” (…) “El 12 de octubre se conmemora una invasión, un genocidio, una conquista, un saqueo. Jamás hubo un descubrimiento” (…) Tan cerca como este lunes, primero de mayo, víspera de su viaje a Madrid, el sujeto arremetía contra “el yugo español de la Corona”, lo que no fue óbice ni cortapisa para que horas después se colgara de la pechera el Collar de la Real Orden de Isabel la Católica, la más alta condecoración que nuestro país otorga a un mandatario extranjero. Cosas de comunistas y su falta de escrúpulos cuando se trata de acaparar lo ajeno. 

Resulta ocioso insistir en el currículum del actual presidente de la República de Colombia, un tipo que esta semana repasaba sus obras completas en El País y parecía enorgullecerse de su pasado como miembro del M-19, grupo guerrillero especialista en asesinatos, violaciones y secuestros

Tamaña exhibición de falta de tacto, siendo caritativos, por parte de un político que se permite zaherir al país que está a punto de visitar, no ha sido obstáculo para que España y sus instituciones le hayan recibido con la mayor de las pompas. Particularmente polémico ha sido su discurso en el Congreso de los Diputados, una intervención que vino precedida por el abandono del hemiciclo por parte de los diputados de Vox, y que la bancada del PP escuchó primero y aplaudió después, con Núñez Feijóo a la cabeza. Alguien tan entrado en razón como Carlos Martínez Gorriarán, articulista de este diario, ha escrito que “esto se llama cortesía parlamentaria a un Jefe de Estado extranjero invitado. Lo estrafalario y desorientado es confundirlo con un mitin local. Se hace con todos. No les invitas para insultarles. Y representan a su país aunque te chirríen. Aplauso obligatorio”.

Y uno se pregunta si la cortesía parlamentaria no hubiera quedado plenamente satisfecha con el silencio respetuoso, sin necesidad de aplauso postrero, tratándose de un individuo situado en las antípodas ideológicas de lo que el PP representa, alguien convertido en una seria amenaza para la democracia colombiana y las libertades de sus nacionales. Un marxista confeso, que en reciente entrevista televisada se despachaba de esta guisa con total desenfado: “Y cuando los pobres dejan de ser pobres y tienen, entonces se vuelven de derechas, y viene el problema… ¿Qué hacen esas personas que dejan de ser pobres? Comprarse un carro, y ahí se acaba la humanidad”. Ergo, la obligación de los Petros de este mundo es mantener a la gente en la miseria, porque si sale de ella dejarán de votarles y se acabarán sus garbanzos, que no la humanidad. Se entiende por qué Sánchez ha invitado a este personaje a visitar España. Lo que es seguro es que cuando Petro deje el poder, si lo deja, Colombia será mucho más pobre, el dinero habrá huido, los mejores profesionales habrán salido en busca de una mejor vida, y sus instituciones habrán quedado arrasadas, pero él será un hombre rico, un Pablo Iglesias más, otro marxista convertido en millonario merced a la estulticia de la pobre gente que cree que perseguir la riqueza acabará con su miseria. 

El episodio entero de la visita del mandatario colombiano no hubiera pasado de ser una más de las humillaciones –los Estados que no se respetan, no merecen ser respetados- que España está sufriendo con este Gobierno de extrema izquierda, de no ser por la moraleja que encierra en lo que al PP atañe de cara al inmediato futuro. Aplaudir, en efecto, a un ex guerrillero comunista abarloado al narcotráfico durante años, cuyo programa consisten en convertir Colombia en una corresponsalía de la Venezuela chavista, expande, cuando menos, la sombra de una decepción sobre la “calidad moral” de un partido llamado a gobernar España quizá en unos meses, y viene a certificar el tradicional desamparo ideológico en el que sigue viviendo el PP desde los tiempos de Rajoy. Es el viejo manido problema de la ausencia de referentes de un partido que un día optó por convertirse en un frío administrador del aparato del Estado, tras poner en la calle a liberales y conservadores. Una ausencia de referentes en cierto modo lógica, puesto que Génova sigue negándose a librar esa batalla cultural que sería obligada para contrarrestar la paranoia izquierdista que nos anega. Referentes ideológicos, valores cívicos y sólidos principios morales como armas que se antojan imprescindibles para acometer las reformas, muy dolorosas, que el PP tendrá que realizar si llega al poder y quiere convertirse en un partido útil para mejorar la vida de los ciudadanos.

El episodio entero de la visita del mandatario colombiano no hubiera pasado de ser una más de las humillaciones –los Estados que no se respetan, no merecen ser respetados- que España está sufriendo con este Gobierno de extrema izquierda, de no ser por la moraleja que encierra en lo que al PP atañe de cara al inmediato futuro

Casi al mismo tiempo que Petro se paseaba por Madrid exhibiendo su inicua doctrina, el diario El Mundo publicaba una entrevista con el presidente uruguayo Luis Lacalle, el hombre que ha hecho de la “libertad responsable” su lema (“La libertad no significa solamente que el individuo tiene la oportunidad y la carga de elegir; también significa que debe cargar con las consecuencias de sus actos, porque libertad y responsabilidad son inseparables”, que dijo Hayek en su “The Constitution of Liberty”), en la que se podía leer la siguiente respuesta a la pregunta de por qué su Gobierno ha bajado impuestos mientras la mayoría los suben: “Al país lo mueven los que todos los días empujan el carro, se levantan a emprender, arriesgar, pensar, el que trabaja ocho horas y hace horas extras. Tiene que haber un estímulo para esa gente, porque no puede ser que pagues más impuestos o que si ganas un poquito más te caiga otra franja de tributación y entonces te desestimulan. Tiene que haber un premio. Yo creo en la sociedad de los estímulos, y si el Estado se maneja bien, de forma austera, cumple con los fines esenciales a su cargo, no tiene por qué gastar de más. Y entonces puede darse vuelta y decirle a la sociedad que no tiene por qué volcar tanto dinero a las arcas del Estado”. He aquí, resumido, lo que cualquier ciudadano libre le pediría al Estado: que fije un marco legislativo y fiscal que anime el emprendimiento, que premie a quien arriesga y se esfuerza, que gaste lo justo y que no moleste. Que interfiera lo menos posible. 

Justo lo contrario de lo que hace Sánchez y su Gobierno. Vivimos estos días el paroxismo de las promesas falsas. Errejón ha anunciado la semana laboral de 4 días. Yolanda Díaz ha elevado la apuesta prometiendo 20.000 euros como “herencia universal” al cumplir los 18 años, y Sánchez, a quien no debe quedarle un colectivo sin intentar sobornar con dinero público, llegó ayer en Murcia al frenesí peronista de anunciar su intención de subvencionar este verano las vacaciones de los jóvenes de entre 18 y 30 años para que puedan “viajar por toda Europa”, además de prometer también la creación de "un interrail español" con ayudas de hasta un 90% en "aquellas infraestructuras ferroviarias y también de autobuses que sean competencia de la administración general del Estado" y, no hay dos sin tres, subvencionar también los viajes en AVE para los jóvenes en el mismo rango de edad. Todo con el dinero del contribuyente. Como si el Estado fuera el patio trasero de su casa. “Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”, que dijo Quevedo

Vivimos en un medio ambiente moral contaminado. Estamos moralmente enfermos porque hemos tolerado que se nos mienta con el mayor descaro, hemos asumido sin rechistar que el presidente haga justamente lo contrario de lo que promete, aceptado como normal que diga una cosa y resulte otra. Porque nos ha enseñado a no creer en nada, a desconfiar de todo y de todos, a ignorarnos mutuamente, incluso a odiarnos, de modo que, en última instancia, hemos optado por refugiarnos en el santuario de nuestro “yo” más personal. Por eso esta es una sociedad a la deriva, contaminada por la desvergüenza infinita de quien ostenta el cargo de presidente. Esta es la enfermedad que hay que curar, señor Feijóo, el cáncer que hay que sanar, la batalla que hay que librar contra la labor de este Gobierno infame. Barrer de raíz el sanchismo y su herencia, la material y la moral, como una cuestión de salud pública. Y para abordar esa tan gigantesca como hermosa tarea no es buen principio dedicarse a aplaudir a tiranuelos vocacionales de visita por España. Porque Petro no es Colombia, de la misma forma que Sánchez no es España. Y porque, en el largo plazo, el interés público depende de la virtud privada. Espero, dicho sea con todo respeto, que haya sido un simple desliz. Por la cuenta que nos tiene.

Jesús Cacho