domingo, 14 de mayo de 2023

¿Cómo se puede llamar fiesta a esta espantosa matanza?

 

¿Cómo se puede llamar fiesta a esta espantosa matanza?

Por Pablo Gasco de la Rocha


Quien maltrata a un animal, merece ser tratado mal…

¿Qué glamour es este? ¿Cómo se puede llamar a esta espantosa matanza fiesta?

 

La lidia, los toros, esto que llaman “Fiesta”, se ha convertido en un pase de modelos y pasarela de lucimiento para todo tipo de personas… Políticos, empresarios, escritores, periodistas, aristócratas y señoras de buen ver. Van a una carnicería a ver morir a un animal, previamente maltratado, de cuyo sufrimiento agónico hay estudios perfectamente documentados por especialistas.

 

    Frente al animal, aturdido y desconcertado por el viaje hasta el lugar del sacrificio, el foso circular y las voces, tenemos a un individuo “diestro” en la técnica de burlarle, que las más de las veces sale ileso, salvó que sea un atolondrando como puede ser el caso del tal José Tomás. Que para mí que tiene cara de loco.

 

    Confunden algunos ser español con gustarle esta matanza, y argumentan todo tipo de razones sin mayor fundamento, haciendo caso omiso a lo que dé se sobra se sabe. A saber:

    Que el toro, como mamífero que es, cuenta con un sistema nervioso evolucionado. Y que, durante la lidia, el toro está sometido a una tremenda y progresiva tortura que se dirige a la anulación de su capacidad de defensa, debido al colapso orgánico y al dolor progresivo de las banderillas, la puya, la espada y la puntilla.

 

    En cuanto a las banderillas, son afilados arpones diseñados para desgarrarla piel y engancharse con fuerza en los tejidos internos. La hemorragia y gravísimas heridas que provocan en los músculos y tendones cercanos a la espina dorsal impiden al toro levantar la cabeza. Este mismo fin se persigue con la acción del Picador a caballo mediante la puya, que es además el primer elemento en entrar en juego.

 

    Por lo que respecta a la espada, puede destrozar el hígado, los pulmones, la pleura y el diafragma, dependiendo del lugar por donde penetre. Cuando secciona la gran arteria, el toro agoniza entre enormes vómitos, ahogado en su propia sangre. La espada puede clavarse muchas veces al mismo toro.

 

    La puntilla se utiliza para rematar al toro moribundo, intentando seccionar su médula espinal, a la altura de las primeras vértebras: atlas y axis. El toro queda paralizado sin poder mover los músculos y en la mayoría de los casos aún entra vivo al desolladero.

 

       En cuanto a esta violencia contra el toro, en puridad, maltrato animal, sería conveniente hacer dos consideraciones estudiadas a nivel psicológico: 1º. Predispone a la violencia social. 2º. Inhibe el desarrollo de las personas.

 

Así pues, cuando se minimiza el maltrato animal, se está incubando en la sociedad una bomba de relojería. Ovidio ya nos advirtió hace dos mil años que “la crueldad hacia los animales enseña la crueldad hacia los humanos”.

 

P.D. Isabel Díaz Ayuso, la niña que abandera a la derecha liberal, tiene como uno de sus principales argumentos contra la izquierda, la defensa de las corridas de toros, esto es, el “maltrato animal” (una fiesta muy española), en lugar de prohibir el asesinato de la criatura humana en el vientre de su madre (un execrable asesinato agravado y un pecado gravísimo). Esta es la sociedad en la que vivimos.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario