jueves, 7 de abril de 2022

El Ser Imaginario - Capítulo 13

El Ser Imaginario - Capítulo 13 (Lucifer, El Emancipador) 

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“Dios quería que el hombre, privado de toda conciencia de sí mismo, permaneciese como un eterno animal, siempre de cuatro patas ante el Dios eterno, su creador, su amo. Pero he aquí que llega Satanás, el eterno rebelde, el primer librepensador y el emancipador de los mundos. Avergüenza al hombre de su ignorancia de su obediencia animal; lo emancipa e imprime sobre su frente el sello de la libertad y de la humanidad.”
Mijaíl Alexándrovich Bakunin, pensador revolucionario ruso. (1814 - 1876)

Lucifer - (del latín lux "luz" y fero "llevar"; de lo que se construye "portador de luz") En la mitología cristiana, se trata del “ángel caído”, aquel que perdió su condición de querubín celestial luego de rebelarse contra Dios y ser denigrado y expulsado del Cielo.
 
El cristianismo es contradictorio en muchísimos sentidos, algunos de los cuales ya han sido tratados en capítulos anteriores, pero, tal vez lo más destacable en este sentido, tenga que ver con el relato bíblico. Sería sensato aseverar que el verdadero protagonista de cualquier relato fantástico es el héroe, mientras que el villano es su antítesis. Bien, en el caso de la Biblia, dicha regla no se aplica. El verdadero protagonista de esta fábula es, con toda seguridad el villano: Jehová. Repetidamente en el relato bíblico, Jehová protagoniza o fomenta los más atroces actos.
Vemos al Dios Cristiano cometiendo crímenes y fomentando la violencia de las más variadas formas; guerras y calamidades de todo tipo, son el sello de un dios nefasto y vengativo. Por su parte, Lucifer, su antítesis; es tan sólo un rebelde que declara su independía del tiránico Jehová, su creador.
 
¿Quién es Lucifer en el mito cristiano?
 
Jehová creó a Lucifer para una posición de privilegio en el Cielo, de hecho, es el ángel más bello de los tantos que habitan en el reino. Jehová creó también a muchos otros ángeles, entre otros fines, para servir a los hombres. Lucifer declaró su rebeldía y fue expulsado del Cielo, junto con los ángeles que oyeron su mensaje de independencia. Como consecuencia, Lucifer y todos sus seguidores, son desterrados del Reino de los Cielos; para luego morar en el Infierno.

Los cristianos ven a Lucifer como un ser demoníaco, malvado; el ángel rebelde que inició una revolución contra Dios en aras de derrotarlo y negar su autoridad. El Diablo es, para todo cristiano, la personificación de la maldad, el origen de todo mal. (1)
 
Entonces me pregunto; ¿es maligno Lucifer en algún sentido, además de haber pretendido independizarse de un creador nefasto? ¿No fue acaso su destierro la consecuencia de un motín justificado?

Lucifer desafío a Dios y esto no fue tolerado. El mensaje de Jehová es claro:
 
“A mí no se me cuestiona…”
 
Si analizamos el relato de manera objetiva, vemos que Lucifer es el rebelde de un reino gobernado con tiranía. Jehová, es un dios que actúa de manera arbitraria e impone su voluntad. Pero lo que en términos humanos se entiende como arbitrariedad, en términos del cristianismo pasa a ser “justicia divina”.
 
No hay hecho alguno que defina a Lucifer como maligno ni a Jehová como misericordioso. Hay ejemplos de sobra en el relato bíblico, de los crímenes cometidos por Jehová, así como de los perpetrados en su nombre. Básicamente, Dios desencadena toda su ira contra la humanidad, y demuestra que la lealtad sólo se obtiene por la fuerza. Lucifer, por su parte, rechaza este mandato nefasto, y se rebela contra el dios tirano y sus representantes; se emancipa del dictador y reclama su independencia. Lucifer pretende la misma libertad que ofrece a la humanidad cuando libera a Adán y Eva de la sumisión; confía en el ser humano, en su razón y en su capacidad para ejercer la autonomía. (2)
 
Desde el comienzo, el cristianismo, como toda creencia mítica, se basa en fábulas: la creación, Jehová, Jesús, el Jardín del Edén, los ángeles y Lucifer. La ausencia de verificabilidad de cualquiera de estos personajes, sólo denota el escaso juicio crítico que se ejerce sobre los textos religiosos en nombre de la credulidad.
 
La historia de Lucifer nos ilustra al respecto de la visión cristiana; una que enaltece a un ser nefasto y demoniza al emancipador, al humanista. Lucifer es, en definitiva, nada más que un chivo expiatorio; un personaje al cual culpar por los males de la humanidad.

El hombre adoctrinado ha dejado de lado las explicaciones, el fundamento; la razón en sí misma. Ha utilizado lo único que posee para explicar todo a su alrededor: la fe.
 
El ser racional se basa en el discernimiento, reconoce la realidad, no la interpreta o deduce; prescinde de explicaciones sobrenaturales para explicarse lo existente. El supersticioso, por su parte, requiere toda clase de mitos para funcionar; adjudicando incluso los fenómenos naturales a entidades inverosímiles y carentes de todo fundamento.
 Gran parte del comportamiento supersticioso, se debe al desconocimiento sobre la Naturaleza y su funcionamiento, sus procesos. De esta ignorancia y un limitado interés por la adquisición de conocimientos surgen las primeras explicaciones sobrenaturales.
 
Despojado de toda lógica, imposibilitado de racionalizar lo que percibe; el hombre supersticioso utiliza el mito para explicar el mundo en su totalidad.
 
¿Por qué no se cuestiona al dios tirano, egocéntrico y vengativo; y sí al rebelde desterrado?
 
Varios factores posibilitan la aceptación de un ser tirano y autoritario. En primer lugar, debemos tener en cuenta el contexto en que la fábula fue ideada. En aquel entonces, el Imperio Romano y sus esclavos convivían de manera tensa, sobre todo en la zona en cuestión, la actual Palestina.
 Otro punto relevante, tiene que ver con quienes la escribieron la historia. Ésta fue ideada por los judíos, de hecho, ellos son los protagonistas; Jesús era judío y El Pueblo de Dios eran los judíos.
Estos factores tienen mucha importancia, ya que hablamos de un pueblo oprimido, esclavizado; uno que necesitaba un salvador, algo poderoso que los alejara de su penar constante en manos del Imperio Romano.
 
Adaptar viejos mitos para construir una nueva creencia, podía ser la manera de crear un aliado celestial y resguardarse de quienes los esclavizaban. Pero esta nueva creencia tendría como personaje principal a un dios que los eligiera como protagonistas y los liberara de la opresión, reinando con mano de hierro e imponiendo por la fuerza su voluntad.
 Para los judíos, acostumbrados a ser vapuleados y menospreciados, un dios tirano no era un problema; sino más bien un artilugio de fuerza en una situación terrenal de opresión.

Es necesario recordar que la Biblia es finalizada más de cien años después de la época en la que los hechos supuestamente ocurren, por lo tanto, podía funcionar perfectamente como catalizador y registro de los anhelos y padecimientos de un pueblo oprimido, llegando éstos incluso a pretender que Dios, quien suponían los eligió; en algún momento los liberaría del tormento de la esclavitud.
 
Pero el mayor legitimador y posible causante de la aceptación de un dios asesino, es, sin lugar a dudas, la ausencia de pensamiento crítico y el escaso margen para el discernimiento que permite la fe. La fe es una excelente herramienta de manipulación, no deja lugar al razonamiento, sólo requiere creer.
 
¿Y cuál es después de todo el sentido de detractar a Lucifer? ¿No es acaso él quien concede al hombre el conocimiento de sí mismo? De hecho, éste no hace más que permitir la libertad del hombre condenado a la obediencia; niega la imposición arbitraria y se ubica del lado del conocimiento, para brindar al ser humano su intelectualidad. Rompe el orden establecido y hace prevalecer el libre albedrio por sobre la autoridad irracional; le otorga al hombre, en última instancia, su preciada libertad.
 
Es irónico como las cosas suceden…

En este personaje imaginario llamado Lucifer, el cristianismo ha encontrado su chivo expiatorio, la representación de todo lo indeseable, y el responsable de una confianza en la humanidad que Dios, ese ser dotado de una inequívoca maldad, esa entidad sanguinaria y detestable, evidentemente, no le puede brindar.

Después de todo, el cristianismo le debe a Lucifer, el emancipador, mucho más de lo que pensaba.

1. Para el Judaísmo, Lucifer, Satán y Belcebú son tres entidades diferentes, Lucifer es un término metafórico para referirse al Rey de Babilonia en el Libro hebreo de Isaías Cap. 14, Satanás es un miembro de la Corte Celestial que ejerce como Procurador o Fiscal del Cielo, que asesora a Dios como una especie de acusador y Belcebú un ídolo que se adoraba en la ciudad filistea de Ecrón en los tiempos del Reino de Israel.
 2. El concepto de pecado es el de "desviación del orden de Dios”. Así, Adán y Eva fueron establecidos en un orden perfecto de armonía. Así es que hay virtud, y se considera pecado a todo lo que aparta del paraíso.

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