jueves, 7 de abril de 2022

El Ser Imaginario - Capítulo 5

El Ser Imaginario - Capítulo 5 (Evidencias de Inexistencia)

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“Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos: ¿quién limpiará esta sangre de nosotros? ¿Qué agua nos limpiará? ¿Qué rito expiatorio, qué juegos sagrados deberíamos inventar? ¿No es la grandeza de este hecho demasiado grande para nosotros? ¿Debemos aparecer dignos de ella?”
 
Friedrich Nietzsche, filósofo, poeta, músico y filólogo alemán. (1844 - 1900)

En términos lógicos, todas las cosas son inexistentes hasta que su existencia es verificada. Existen innumerables elementos y fenómenos que no son visibles, y, por lo tanto, sólo es posible verificarlos a través de la comprobación de los efectos de su existencia. A grandes rasgos, podemos decir que, si un concepto no posee fundamento físico, entonces es tan sólo una idea, y, como tal, no puede ser traslado a la realidad concreta. No obstante, podemos identificar los indicios de la inexistencia de algo en particular, para así, basados en el análisis empírico; definir sus posibilidades lógicas de existencia.
La primera dificultad con que se tropieza la interpretación filosófica de Dios, es la definición del fenómeno de su existencia. ¿A qué consideramos existente? Podemos decir que todo lo verificable, ya sea de naturaleza material o energética, lo es. El teísta sin, embargo, ha interpretado que todo lo material o energético lo es, pero también ha entendido que lo sobrenatural lo es de igual modo. Aquí, el entendimiento humano sufre una fractura. ¿Podemos considerar real, lo no tangible, verificable ni definible? ¿Es pertinente igualar ambas concepciones de existencia?
 
Sería lógico suponer que, lo sobrenatural, sólo es contemplable en un contexto subjetivo e irreal, aunque, de todas formas, la concepción de seres pertenecientes a dicho contexto, ha sido una constante en la historia de la humanidad; ¿el motivo? Nuestra susceptibilidad ante las emociones, misterios y sufrimientos implícitos en la existencia.
 
La aceptación de mitos, ha significado la convivencia de la racionalidad y lo concreto con mundos y seres fantásticos de la más variada índole. La religión, no sólo ha fomentado la creencia en seres sobrenaturales, sino que ha perfeccionado el adoctrinamiento de manera que se transforme en su más efectiva herramienta para suprimir el pensamiento crítico.
 
Con respecto a la idea de Dios, debemos reconocer que, como tal, es factible de ser utilizada como herramienta de manipulación, de hecho, muchas personas lo creen real, incluso sin evidencia alguna. El replantearse la veracidad de esta idea, implicaría salirse de dichos parámetros, los de la manipulación. El problema, es que fuera de éstos, la idea no posee sustento. Sin el efecto que la concepción de este Ser imaginario causa en algunas personas, la idea pierde el sentido. Por esto, es imposible para el teísta concebir a Dios como algo diferente de lo que se le presenta e impone desde el adoctrinamiento prematuro; ya que éste ha definido la idea. Veámoslo de la siguiente manera:

Por definición, los dogmas son inamovibles -estáticos- si así no fueran, no serían tales. Por lo tanto, si la idea de Dios es un dogma; ésta es inamovible y estática. Irónicamente, esto crea una contradicción en su posible verificabilidad, ya que, si el dogma es lo que define al sujeto a ser demostrado, y la fe es el medio para sustentar su viabilidad; nos alejamos entonces de la evidencia fáctica, para aceptar, sin basamentos, que éste es real. Dios no está sujeto a comprobaciones, sólo se acepta su existencia por fe.
 
Existen innumerables argumentos acerca de la inexistencia de Dios; algunos parten de la imposibilidad lógica de sus atributos, otros lo hacen desde la ausencia de evidencias, y otros tantos se basan en la contradicción ética que su existencia plantearía, en un mundo plagado de sufrimiento. Pero, en todos los casos, el medio para tal fin, teniendo en cuenta la absoluta ausencia de corroborabilidad del sujeto, es, de hecho, el discernimiento.
 
Si pretendiéramos identificar los indicios de la inexistencia de Dios, bien podríamos hacerlo prescindiendo de toda fórmula de naturaleza científica o filosófica, tan sólo abstrayéndonos del contexto fantástico propio del discurso religioso, abordando su posibilidad de existir; basados en la lógica de los hechos que tenemos a la vista. Algunos de estos indicios ya han sido señalados a lo largo de este relato: la inconsistencia cronológica entre la Biblia y la edad real de la Tierra, o la presencia de rasgos en fetos humanos, que nos remiten indefectiblemente a estados evolutivos anteriores.

Incluso desde la antigüedad, han existido escépticos al respecto de la existencia de dioses. Recordemos a Lucrecio y su declaración sobre la imposibilidad de crear desde la nada misma:
 
"Nada nace de la nada, nada vuelve a la nada" Tito Lucrecio Caro (99 - 55 AEC) poeta y filósofo romano.
 
O a Epicuro, con su famoso argumento del mal:
 
"O Dios quiere abolir el mal y no puede, o bien puede, pero no quiere, o no puede y no quiere.
 Si quiere pero no puede, es impotente. Si puede pero no quiere, es malvado. Pero si Dios puede y quiere abolir el mal, entonces; ¿por qué hay mal en el mundo?" Epicuro (350-270 AEC) filósofo atomista.
 
Muchos pensadores se han cuestionado la existencia de Dios. Algunos incluso, elaboraron pautas de pensamiento sobre las cuales sostenían su inexistencia. Podemos citar a Immanuel Kant y Sébastien Faure entre los más representativos. (1)
 
Kant resumió y sistematizó los principales argumentos a favor de la existencia de Dios, para luego refutarlos de manera efectiva en su obra “Crítica de la Razón Pura”. En primer lugar, Kant toma el argumento físico-teológico, por el cual Dios existe a partir de la existencia de una finalidad en el mundo, y se concluye en la afirmación de Dios como causa de dicha finalidad. Para Kant, esto era incorrecto, y alegó que es un fundamento débil, ya que teniendo el mundo una tendencia evolucionista y cambiante, el argumento pierde validez.

En segundo término, se ocupó del argumento cosmológico, según el cual la existencia contingente de las cosas hace de Dios una causa necesaria de la existencia concreta. En este caso, el argumento está basado en la mera concepción de los atributos que se supone debe poseer para su propia existencia, un Ser hipotéticamente necesario, es decir que se presupone que el concepto de un Ser supremo satisface la idea de realidad absoluta, o sea que se infiere lo primero de lo último; y eso torna insostenible el razonamiento.
 
Por último, tenemos el argumento ontológico, según éste, Dios es concebible y cuantificable como idea, y el Ser más perfecto concebible; por lo tanto existe. Este argumento, según Kant, es una demostración a priori de la existencia de Dios, pretende demostrar su existencia sin recurrir a experiencia sensible alguna; sino tan sólo con la idea del mismo como basamento.
 
En el caso de Sébastien Faure, tenemos un sistema completo, un lineamiento para la fundamentación y análisis de la imposibilidad de la existencia de Dios. En su obra, “las Doce Pruebas de la Inexistencia de Dios”, Faure prescinde de una visión científica para fundamentar su postura escéptica sobre la existencia de Dios, ya que considera imposible abarcarlo desde ese ángulo, por carecer de las herramientas científicas para demostrar la inexistencia de lo inexistente.

Faure pretende desmitificar al Dios invocado por las religiones, al Dios concebido por el hombre como placebo imaginario a los padecimientos propios de la existencia. Por tanto, no hablará de un primer motor inmóvil, o intentará refutarlo ontológicamente, sino sólo desde la posibilidad lógica de sus atributos. Básicamente, el análisis de la obra está dividido en tres partes: en primera instancia se ocupa del Dios-Creador, luego analiza al Dios-Gobernador, y por ultimo argumentará sobre el Dios-Justiciero. (2)
 
Lucrecio, Epicuro y posteriormente Faure y Kant, entre otros tantos, se han cuestionado la lógica de creer en lo que no se ve. Han elaborado hipótesis y lineamientos para el entendimiento de la imposibilidad de la existencia de dioses, con base en el discernimiento filosófico, o la aplicación de procesos racionales.

Hemos aprendido que nuestra concepción de la realidad se construye en la mente, a partir de la percepción de nuestros sentidos. Epicuro llamó “criterios de evidencia” a dichas sensaciones. En ellas, el suponía que el hombre basa sus representaciones mentales; dado que no podemos conocer lo que no percibimos. Por tal medio, Epicuro dedujo que lo “espiritual” o inmaterial, de hecho no existe. Sostuvo además, que todo lo existente, la naturaleza corpórea o material; está formado por átomos, idea que propusiera primeramente Leucipo de Mileto. (3) También Aristóteles, afirma que todo conocimiento comienza con la experiencia. Creía que gracias a la acción del intelecto, podemos conocer las formas universales presentes en las cosas particulares. (4)
 
Aristóteles también postuló que sin representaciones sensibles no se puede pensar, y que todo conocimiento comienza con la percepción; para luego llevar a cabo una abstracción que permita la captación de la realidad misma. Es así precisamente, como notó que durante los eclipses lunares, al posarse la sombra de la Tierra sobre la Luna, ésta presenta bordes curvos, y dedujo que la Tierra debía ser esférica. De la misma manera, a través de la percepción y la deducción lógica, Eratóstenes calculó el perímetro de la Tierra en 39.614 kilómetros, siendo de 40.008 kilómetros la cifra conocida en la actualidad. (5) Bajo el mismo criterio: teorización y deducción, Anaximandro definió la idea de la Evolución de los seres vivos, sosteniendo que, los vertebrados, incluidos los seres humanos, descendían de los peces. Propuso también la primera aproximación a la teoría heliocéntrica, deduciendo que el Sol, la Luna y los planetas rodeaban a la Tierra. (6)
 
Irónicamente, ya más de 2500 años después, la humanidad perpetúa criterios acordes con seres primitivos y supersticiosos. Los cultos religiosos proliferan, y las creencias reemplazan en muchas ocasiones al conocimiento. La razón, es relativizada en nombre de mitos oscurantistas; ajenos a nuestros tiempos.

Los parámetros del sentido común, se ven opacados por sistemas de pensamiento que, como Nietzsche nos diría, nos remiten a un accionar subordinado a la aceptación del mandato incuestionable del amo, tal como criaturas cuyo discernimiento se anula ante una autoridad irrevocable. He aquí la insignificancia en su máxima expresión, la ignorancia autoimpuesta de la que Aristóteles nos hablara; afirmando que sólo se es culpable de dicha ignorancia, cuando uno mismo es el causante de ésta.
 
Con respecto al hecho concreto de la existencia, debemos entender que tal condición, está necesariamente sujeta a situaciones objetivas que la posibiliten. Es decir, no es posible existir, sin cumplir con requisitos tales como pertenecer al plano de lo concreto o ser clasificable o cuantificable dentro de cualquier categoría de la existencia.
 La única manera de corroborar la existencia de cualquier cosa, es a través de la obtención de evidencias. ¿Y cuál es el medio para ello? La respuesta siempre será, la razón.

El ser humano no comprende el mundo sino por medio de su capacidad cognitiva. Las emociones, al igual que los sentidos, son sólo un medio de experimentación; no de conocimiento. Todo objeto imaginado es real en un sentido parcial, dentro de la mente de quien lo imagina, e irreal en un sentido más objetivo; en la realidad demostrable. Aquí se contraponen dos concepciones antagónicas, lo verificable: objetivo, concreto y tangible, y aquello que es real sólo de un modo conceptual: subjetivo, incomprobable e intangible. En este sentido, la concepción de la realidad se torna ambigua. Esto es consecuencia de nuestra percepción del mundo, una basada no sólo en la razón, sino también en las emociones. Por otro lado, si nuestro parámetro para el entendimiento es la razón, y sólo entendemos como real aquello clasificable como demostrable; entonces debemos cuestionarnos la verificabilidad de todo lo existente. No debemos suponer, sino verificar.
 
El proceso de comprensión de la realidad, requiere de la identificación de sistemas para la interpretación de los criterios de evidencia. Sólo aquellos objetos clasificables como objetivamente demostrables, serán reales en el mundo concreto. Para esto, debemos abordar el objeto de manera funcional a nuestro entendimiento, y debemos también escoger un método de análisis:
 
La Ciencia, se basa en la obtención de evidencia empírica, no posee ego, es objetiva y desconoce el dogmatismo. El pensamiento religioso en cambio, se basa en mitos autoproclamados incuestionables, ignora la validez de la evidencia para demostrar cualquier cosa, ya que afirma concepciones que presupone objetivas y válidas a priori, posee ego; y es un sistema de pensamiento puramente dogmático, es subjetivo y poco confiable. El método filosófico por su parte, se basa en el cuestionamiento, la evidencia empírica es válida, pero carece de parámetros de objetividad; ya que está sujeta a interpretación. Desconoce el dogmatismo, pero es un sistema de naturaleza subjetiva.
 
Evidentemente, el método científico es el más objetivo y realista, además de ser el más acorde con nuestra naturaleza -racional e inquisitiva. Tenemos entonces las fórmulas y herramientas para definir y discriminar lo real de lo fantástico, tenemos también un método para aplicar dichas formulas y la motivación natural para hacerlo. Podríamos suponer entonces, que no hay lugar para mitos, amuletos, o tan siquiera la posibilidad de pensamiento supersticioso e irracional. Pero no sucede así.

La idea de Dios, ha sobrevivido a toda especulación racional de orden filosófico, científico o de cualquier otro tipo. En la actualidad, esto se ha visto reforzado por un creciente estancamiento intelectual, mismo que ha provocado un sistemático desinterés por el conocimiento, la razón y el discernimiento; causando muchos de los síntomas sociales relacionados con el pensamiento intuitivo.

El proceso de divulgación de los mitos es tal, que escapa a juicios críticos de cualquier índole. El mito surge, es transmitido sin verificar su veracidad; y adquiere estatus de sagrado. Pocos intentan racionalizar las creencias, ya que no fueron educados para ello; y esto facilita la asimilación.
 
Las concepciones absurdas deben ser analizadas, y de ser necesario, reemplazadas por otras basadas en criterios lógicos.

Desde el punto de vista antropológico, el hombre jamás se ha apartado de la creencia en seres sobrenaturales. Pero, en la actualidad, teniendo en cuenta que conocemos y comprendemos los mecanismos naturales que nos dieron origen; sería lógico suponer que el escepticismo es un sistema de pensamiento más acorde con nuestra realidad. Nuestro conocimiento, debería brindarnos la seguridad necesaria para prescindir de todo anclaje con la superstición; y así recurrir sólo a las verdaderas fuentes: Ciencia, Filosofía y toda aquella rama del conocimiento que nos brinde herramientas de superación.
 
Vemos que Dios, es tan sólo la más vana de todas las necesidades humanas. Es, a fin de cuentas, tan sólo una afirmación apriorística del entendimiento. Encontramos que su concepción, no es más que un extravío del raciocinio; una debilidad así como una declaración de ignorancia en su estado más tangible. El error de la humanidad, es buscar su salvación en mitos y seres fantásticos. No es que no sea posible la salvación, sólo que ésta debe ser producto de acciones humanas en el mundo concreto. Los dolores terrenales requieren soluciones terrenales, no basta con invocar deidades ausentes que suponen un placebo temporal; seres de los cuales, sólo tenemos evidencias de inexistencia.

1. No pocas veces se ha dicho que Immanuel Kant era teísta y que su exposición en “Crítica de la Razón Pura”, es tan sólo su visión al respecto de la imposibilidad de demostrar la existencia de dioses desde la razón, siendo que él, de hecho, era creyente por consideraciones morales. Fragmento de la biografía realizada por Manfred Kuehn:
“Aunque en su filosofía había sostenido la esperanza de una vida eterna y de un estado futuro, en su vida personal se había mantenido indiferente a tales ideas. Se escuchaba a Kant, no pocas veces, mofarse de las oraciones y de otras prácticas religiosas. La religión organizada lo llenaba de ira. Resultaba claro para cualquiera que conoció a Kant personalmente, que no tenía fe alguna en un Dios personal. Habiendo postulado la existencia de Dios y de la inmortalidad, él mismo no creía en ni una ni la otra. Su opinión considerada, era que tales creencias eran un asunto proveniente de las necesidades de cada individuo. Kant mismo no sentía necesidad tal.”
Reseña: (New York: Cambridge University Press, 2002)

 2. Sébastien Faure, establece una analogía con un pensamiento ya existente de origen griego. Epicuro (341- 270 AEC) filósofo griego, formuló un pensamiento que demostraba la inexistencia de los dioses. Faure rescata e incorpora dicho argumento a su sistema de análisis sobre la imposibilidad de la existencia de Dios:
 1. o Dios quiso eliminar el mal y no pudo.
2. o Dios pudo eliminar el mal y no quiso.
3. o Dios ni quiso ni pudo.
4. o Dios quiso y pudo.
 1. Dios sería impotente, lo que contradice su omnipotencia.
2. Dios sería malvado, lo que contradice su bondad suma.
3. Dios sería impotente y malvado a la vez, lo que contradice su omnipotencia y bondad.
4. Si Dios quiere y puede acabar con el mal, ¿por qué no elimina al mal? Dios sería incoherente, lo que contradice su perfección.
 Conclusión caso 1, si Dios no es omnipotente no es Dios, luego Dios no existe.
Conclusión caso 2, si Dios no es bondadoso no es Dios, luego Dios no existe.
Conclusión caso 3, si Dios no es omnipotente ni bondadoso no es Dios, luego Dios no existe.
Conclusión caso 4, si Dios no es perfecto no es Dios, luego Dios no existe.

 3. Leucipo de Mileto (450 - 370 AEC), es considerado el fundador del Atomismo mecanicista. Fue el primero que pensó en dividir la materia hasta obtener una partícula que no pudiera dividirse más. Epicuro incluso cuestionó la existencia del personaje de Leucipo, mismo que pensó podía ser invención de Demócrito, su maestro, y el responsable del desarrollo de la teoría atómica.
 
4. Para Aristóteles (384 – 322 AEC), el objeto de conocimiento es la cosa en sí, compuesta de materia (particular) y forma (universal). El conocimiento, no es una construcción anterior a la razón, sino el fruto del esfuerzo conjunto de los sentidos y el entendimiento.
 
5. Eratóstenes (276 – 194 AEC), fue un matemático, geógrafo y astrónomo griego. Calculó el perímetro de la Tierra con un error de 6.616 kilómetros. Su trabajo, es considerado como el primer intento científico de medir las dimensiones de la Tierra.
 
6. Anaximandro (610 – 546 AEC), fue un filósofo jonio, discípulo de Tales, considerado el primero en utilizar la experimentación como método demostrativo. Fue el primero en sugerir una transformación en los seres vivos, o evolución; la que implicaba un cambio de estado que comenzaba con organismos simples para luego complejizarse. Postuló que, los primeros seres vivientes nacieron en lo húmedo, rodeados por cortezas espinosas, pero al avanzar en edad, se trasladaron a lo más seco. Dedujo también, que el hombre surgió de animales de otras especies, porque las demás especies se alimentan pronto por sí mismas, y sólo el hombre necesita de un largo período de crianza.

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