jueves, 7 de abril de 2022

El Ser Imaginario - Capítulo12

El Ser Imaginario - Capítulo12  (Sobre Moral)

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“Se estará siempre equivocado cuando se quiera dar otra base a la moral que no sea la naturaleza del hombre; no puede tener ninguna más sólida y más segura que ésta."
Paul Henry Dietrich (Thierry) barón d’Holbach, filósofo materialista francés. (1723 - 1789)

A pesar que las creencias no son sino una manera falaz de interpretar el mundo, la práctica o rechazo de las mismas, no debería significar inconveniente alguno en términos de socialización; pero cuando un grupo doctrinario pretende imponer su visión o marginar a quienes no la comparten, se modifica el equilibrio necesario para conservar el sentido común, y, a grandes rasgos, se comprometen los pilares del bien común. Si un sistema de pensamiento se opone a la racionalidad, entonces ese sistema de pensamiento es inmoral, ya que apela a la negación de lo que somos: seres racionales.

Sobre la Moral Cristiana:
 
Así como el hombre nace sin una formación moral, tampoco lo hace con la idea de un dios. Históricamente, el ser humano ha concebido distintas nociones de lo que está bien o no hacer, así como de lo que está bien o no creer. Lo que los seres humanos hacen, es sólo validar las reglas morales del momento histórico y absolutizarlas, tal como la religión lo hace con todos y cada uno de nosotros indistintamente de la coincidencia ideológica del individuo. (1)
 
¿Qué es la ética? A grandes rasgos, podemos decir que es el conjunto de pautas que nos permiten vivir en consecuencia de la obtención de la felicidad; esto en base a un equilibrio entre el comportamiento individual y el comportamiento social. Es en pocas palabras, el conjunto de valoraciones generales para que los seres humanos coexistan en sociedad.
 
Cuando analizamos el pensamiento religioso y lo sometemos a juicio ético, descubrimos que su concepto de moral, no es más que la interpretación que la iglesia lleva a cabo con respecto a sus propias necesidades en función de subsistir dentro de un sistema social, es decir: un medio para perpetuarse y no un valor de cualquier tipo. Ahora bien, en este punto es conveniente establecer una diferenciación entre lineamientos morales y legislaciones de pensamiento.
 
Cuando hablamos de pautas o lineamientos éticos, hablamos de normas no aplicables al pensamiento sino a la acción. Existe un parámetro de conducta que es medible, cuantificable; no así el pensamiento. No es posible juzgar a un individuo por su pensamiento, ya que si éste no es llevado a la acción, no es punible ni evidenciable. Sin embargo, el sistema religioso juzga con base en el pensamiento, y no en las acciones de los individuos.
 
La religión cristiana no juzga el comportamiento ético, sino que mide la concordancia ideológica de los individuos. Es posible ser inmoral y a la vez buen cristiano, ya que no se juzga al sujeto por su valor ético, sino por decirse cristiano. Es también posible desconocer por completo el fundamento de las cosas y ser reconocido como difusor de conocimientos, ya que no se precisa entender la naturaleza objetiva de los criterios de verdad, sino ser funcional para difundir el pensamiento cristiano.
 
En pocas palabras, se juzgan los parámetros del pensamiento y se aplican reglas objetivas de juicio con base en la aceptación, más no en la conducta. ¿Estamos entonces en el terreno del juicio ético, o más bien de la adecuación basada en la propia subsistencia de un sistema?
 
Cuando las reglas del pensamiento cristiano son violadas por la libre voluntad del individuo, el sistema impone penas, aísla y demoniza; jamás perfecciona la hipotética falta, sino a cambio de la aceptación incondicional de sus pautas éticas.

Cristo es propuesto como eje de la salvación de la humanidad, de tal forma que la salvación del ser humano está directamente relacionada con la disyuntiva de aceptación o rechazo; aceptar o rechazar al hipotético salvador, es suficiente para obtener la vida eterna. Si utilizamos las Escrituras como referente, encontramos que la moral cristiana, está relacionada con la aplicación de un sistema que propone una recompensa, la vida eterna, misma que no se obtiene por las obras, sino por la adecuación del sujeto a un sistema de pensamiento.

Por otro lado, se infiere que los comportamientos no son buenos o malos sino dependiendo de la situación “espiritual” del individuo, ya que la fe se entiende como el origen del comportamiento ético, mientras que el escepticismo es la raíz de la negación de Dios, y, por lo tanto, la perdición humana. No existe en el cristiano un criterio de valoración abstraído de la fe, nada es bueno sino por medio de ésta; mientras que todo puede ser malo en su ausencia.
 
Es por medio de la fe que el cristiano obtiene un sentido moral y encuentra el sustento para la acción consensuada. El cristianismo no es una religión moral, no proporciona “sabidurías morales”, sino que brinda un ámbito de fe; el sentido de trascendencia que supone la ética de “vivir en Cristo”.
 
¿Cuál es el valor de referencia del cristianismo? ¿Cómo se definen los parámetros del “buen actuar”? Desde el punto de vista cristiano, el valor de referencia es Dios. ¿Y cómo inferimos valores en una entidad de la cual nada sabemos? En realidad, los definimos con base en nuestra concepción de cómo tales valores deben ser.
 Somos seres auto-referentes, y nos vemos como parámetro de nuestras concepciones, todo lo imaginado, concebido o idealizado, es producto de nuestro preconcepto del objeto en cuestión.
 Incluso atribuimos cualidades a los seres imaginados, mismas que son, de hecho, representaciones de nuestra idealización de éstos. La idea de Dios como parámetro moral, es contraria a la idea de Dios misericordioso, ya que todo parámetro moral objetivo es, de hecho, inamovible y contrario a cualquier acto de amor o misericordia. Definimos a Dios como omnipotente e inmutable, por tanto, él no necesitaría amar a nadie, porque no necesitaría de nadie más que de sí mismo; y afirmar lo contrario negaría la idea primera.

Por otro lado, La moral no es sólo evitar el mal, sino vivir un estilo de vida en el que las actitudes sean las correctas. A estas actitudes correctas las llamamos virtudes. Las virtudes, por tanto, se pueden definir como maneras de comportarse, o bien, actitudes correctas; perfecciones que nos ayudan a llevar una vida moralmente buena. ¿Cuáles son las virtudes cristianas?
La mayor virtud cristiana no es ser buen samaritano ni prevenir el mal; es la fe. Jesús nos pide que creamos en él, que confiemos en su persona. Pablo de Tarso define tres virtudes: fe, esperanza y caridad. La Biblia nos dice que las principales virtudes son la fe, la fidelidad, la prudencia y la templanza. ¿Cuál es entonces la más valiosa de las virtudes cristianas? Evidentemente la fe. La más requerida de las virtudes cristianas, es en realidad un rasgo que determina la credulidad de los individuos.
 
Tenemos entonces, que el mayor valor ético cristiano, aquel que define su sentido moral, es también el precursor de la credulidad, el basamento del conformista, y el fundamento de quien elige desconocer en lugar de cuestionarse.
 
Si examinamos el origen de la moralidad, encontramos que ésta deriva de intereses humanos. Se origina en su naturaleza social y la consecuente necesidad de imponer orden en la convivencia. Sin embargo, el argumento cristiano que otorga la potestad de la moral absoluta e incuestionable a Dios, sigue tan vigente hoy como en la Edad Media. Es, de hecho, uno de los argumentos más utilizados para atacar al ateo, alegando que éste no posee guías éticos ni sentido del bien moral.
 El cristianismo por su parte, propone un absolutismo moral, una suerte de consenso sobre el bien absoluto cuyo parámetro siempre será Dios. Los cristianos absolutistas creen que Dios es la fuente última de nuestra moralidad, y, por lo tanto, ésta será tan inamovible como él lo es. Pero toda valoración ética se circunscribe a criterios estrictamente humanos. La moral tiene una base social, es un conjunto de normas establecidas en el seno de una sociedad, y, como tal, su origen, aplicación y valoración sólo están sujetos a parámetros sociales, y en última instancia, a nuestra consciencia individual.
 
El libre albedrío, implica que la voluntad del hombre no se vea coaccionada. Es decir, que el hombre no se vea forzado por algún poder externo más grande que él para hacer algo que no quiere hacer. Si bien esto debería ser así en todos los casos, el hecho cierto del posible castigo por elegir lo no coincidente con la visión moral propuesta por el discurso bíblico, deja en evidencia que no existe tal cosa como un libre albedrío, que la moral cristiana determina criterios absolutos y propone un totalitarismo intelectual imposible de evadir sin ser condenado por ejercer la misma libertad que propone en primer lugar.
 
Es por medio de aquella libertad propuesta por un libre albedrio ficticio que creímos ser salvos por nuestras obras, aunque irónicamente, el ejercer nuestra voluntad y la libertad que creímos tener, expuso el verdadero obstáculo; el pensamiento. La fe nos enseñó que pensar es pecado, que nuestro discernimiento es obra del engaño y la razón nos aleja de Dios. Hemos sido testigos de manipulaciones masivas en nombre de lo incognoscible; así como hemos invadido, colonizado y torturado; legitimados en la que interpretamos como una doctrina de salvación.
 
En realidad, jamás fuimos libres. Para serlo, debíamos confiar en la razón y alcanzar soluciones reales a los males que afligen a los mortales, en lugar de atribuir tales males a una entidad sobrenatural. Los dolores terrenales requieren soluciones terrenales; no basta con invocar seres que suponen un placebo temporal.
 Las falsas ideas han engendrado falsas deidades y éstas han sostenido un engaño. Cada eslabón en la cadena de inmoralidad propuesta por un sistema oscurantista, ha funcionado de manera tal, que no reparamos en las consecuencias de adoptar dicho sistema como guía ética, herramienta de juicio y verdugo a la vez.
1. Para Voltaire, el hombre nace sin ningún principio, pero con la facultad de recibirlos todos. Su temperamento puede inclinarle más al mal que al bien o al revés, su entendimiento le hará comprender las ciencias exactas y las normas morales enseñadas por la sociedad, pero no podrá comprender por sí mismo esas cosas si nadie se las enseña, porque no entenderá las ciencias exactas y no sentirá que está mal hacer lo que está mal, o bien lo que bien.

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