jueves, 7 de abril de 2022

El Ser Imaginario - Capítulo 8

El Ser Imaginario - Capítulo 8 (Moral sin Dios)

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“Entendemos que es moral aquello que, prescindiendo de toda utilidad, independientemente de premios o ventajas, puede ser justamente alabado por sí mismo. Cuál sea la naturaleza de esto puede comprenderse no tanto por la definición que acabo de dar, aunque ayuda bastante, como por el juicio común de todos y por las inclinaciones y las acciones de los hombres mejores, que hacen muchísimas cosas únicamente porque son decorosas, porque son rectas, porque son morales, aunque saben que no van a conseguir ninguna ventaja.”
Marco Tulio Cicerón, jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. (106-43 AEC)

Moral - (Reglas o normas por las que se rige la conducta de un ser humano en concordancia con la sociedad y consigo mismo.)
 
Partiendo del entendimiento de la fe, es posible comprender como otros dogmas funcionan de manera conjunta para moldear al creyente de acuerdo con las necesidades de los cultos religiosos. Para comprenderlo, es necesario analizar el proceso desde sus orígenes:
 
¿Por qué tantas personas se esmeran en creer? Tal vez, porque la creencia funciona como una suerte de método para evadir momentáneamente los sufrimientos implícitos en la existencia. Es también, una manera de evitar asumir que somos una especie mortal, que todo lo que tenemos es esta vida; y sólo esta vida. Por otro lado, si analizamos el modo en que se afianzan las creencias y los procesos que entran en juego para que éstas se perpetúen en el individuo, encontramos que no se requiere esfuerzo alguno para tener fe; las mentes más rudimentarias pueden practicarla y sentirse parte del “plan divino”. Podemos también entender, que dicha práctica es un requisito necesario para la pertenencia al grupo, y, como consecuencia directa de tal relación, deducimos que cuanto más grande sea la necesidad de pertenencia del sujeto; mayor será también su apego a los mitos y su predisposición al fanatismo religioso.
 
Una vez que la superstición se instala y el individuo es asimilado por el grupo, es muy poco probable que éste reemplace el mito por ideas propias. No hay lugar en las mentes adoctrinadas para el cuestionamiento, y esa es una condición necesaria para romper el vínculo e independizarse. La creencia, se nutre del desconocimiento sobre la naturaleza de las cosas, o bien, de la negación de lo evidente; mientras que la fe, su “Caballo de Troya”, brinda el soporte para tal negación. (1)

 La relación que el cristianismo establece entre el temor de Dios y la moral humana es legendaria. Es evidente, que el temor es el factor de mayor influencia en el pensamiento cristiano: el temor al Infierno, el temor a la ira de Dios, el temor de cuestionar. En pocas palabras, el temor es la más común de las herramientas de manipulación a las que el cristianismo recurre, además de la fe. Tenemos entonces, que dos factores son necesarios para creer. En primer lugar, el temor de pensar por uno mismo: la fe. Y en segundo término, el temor de aquello penalizado, que muy convenientemente se presenta como digno de castigo o penitencia: el temor de Dios.
 
El modo en que este concepto se presenta, hace a su verdadera razón de ser. Cuando hablamos de temor de Dios, nos referimos a la aceptación de parámetros morales objetivos, interpretados desde la visión de un Ser creado por quienes delimitan dichos parámetros. Tales designios, por tanto, pueden ser manipulados a voluntad.
 
Si nos remontamos a la época de mayor poder de la Iglesia Católica, la Edad Media, encontraremos que el concepto de temor de Dios, era un argumento más acorde con una intención de difundir terror, que con la idea de crear una consciencia de ética de cualquier tipo. La gran mayoría de los autores, eran principalmente tremendistas, e insistían en el temor como necesidad para ejercer control y librarnos del pecado; describiendo los posibles castigos como sucesiones de torturas inimaginablemente horrorosas. Sin embargo, el cristianismo actual, entiende al temor de Dios como la consciencia y reflexión acerca de nuestros actos en presencia de Dios. Sostiene que, sin temor de Dios, o consciencia de estar siendo observados, nadie ejercería juicio moral sobre nosotros; y estaríamos más cerca del pecado.
 
Ahora bien, si la única motivación para hacer el bien radica en la complacencia a un dios que nos observa, entonces, no haríamos el bien por propia voluntad, sino por consideraciones sobre las consecuencias de no hacerlo. En este sentido, quien no compartiese esta ética inculcada, es decir, cualquier no creyente; estaría condenado al “castigo eterno”.

“Ama a tu prójimo como a ti mismo” (2)
 
En términos lógicos, el amor por un perfecto desconocido es impracticable, ya que no existe razón para sentir emoción alguna, y no es posible que el amor simplemente surja. Por otro lado, afirmar que se debe amar al prójimo como a uno mismo, implica que es moralmente correcto amar a los demás, y es aquí justamente donde el postulado pretende transmitir una verdad objetiva que deja al descubierto la falencia del razonamiento en sí, ya que, de hecho, el amor es una opción, no una imposición.
 
El amor a terceros, debería ser un sentimiento genuino, y no un parámetro que define nuestra moral a los ojos de alguien más. En tal caso, estaríamos frente a una legislación de pensamiento, es decir, un sistema que juzga cómo debemos sentir. Por otro lado, la base de este criterio, es que si Dios creó al ser humano, entonces todos tenemos a Dios dentro, por lo tanto, deberíamos ver a todos como si nos viéramos a nosotros mismos. Esto equivale a partir de una premisa falsa, e inferir que la obligación moral es consecuencia de ella; lo cual genera un argumento contradictorio.
 Toda moral, debe estar fundamentada en la propia decisión; la moral es lo elegido, no lo impuesto. (3) Todo planteo de moral objetiva, debe ser descalificado por simple sentido común. La percepción del valor moral, surge el sentido del deber moral, no de pautas externas que la impongan. O bien, sólo se debe establecer que una acción es correcta o incorrecta, de acuerdo a consideraciones sobre las consecuencias de la misma y no de los castigos por no llevarla a cabo.
 
El sentido moral del ser humano, debería estar basado en criterios realistas y practicables, pero, si analizamos el modelo ético cristiano, encontramos un sistema cuyos valores están basados en un paradigma irreal, antiético y por demás subjetivo. De todos modos, el planteo cristiano falla en la práctica, ya que sólo es relevante en cuanto a las acciones de terceros, y su posibilidad de ser juzgadas de acuerdo a parámetros de los cuales el fiel está exento. Por tal motivo, toda penalización, es sólo aplicable a quienes no comparten la doctrina. Todos los lineamientos éticos del sistema cristiano, están pensados para imponerse desde la legitimación del pensamiento, de manera absolutista y sin contemplar la verdadera naturaleza del significado de la moralidad.
El concepto cristiano de moralidad, exhorta al creyente de ser o actuar en consecuencia con lo que podría considerarse el bien objetivo, dado que su juicio al respecto, es sólo concerniente a Dios. En lenguaje cristiano, el individuo es totalmente dependiente de Dios, no puede alcanzar la bondad por medio de la voluntad, o la inteligencia, sino tan sólo con la ayuda de la gracia divina. Es posible ser un ex violador o un asesino, a la vez que se es moral a los ojos de Dios; tan sólo es necesario aceptar a Jesús como salvador luego del acto cometido. Esto, indefectiblemente nos lleva a evaluar las posibles definiciones de moral y su aplicación en cada caso.

Existen dos clasificaciones principales de moral: moral objetiva y moral subjetiva. Podríamos decir que la moral objetiva, es aquella que se corresponde con el modelo cristiano, mientras que la moral subjetiva, es aquella que contempla la flexibilidad en los criterios del bien y del mal con respecto a parámetros de diferente índole.
 
La moral objetiva, se considera absoluta, incuestionable y no tiene en cuenta al individuo o el caso particular. Su origen, en términos religiosos, es la verdad revelada de fuentes divinas (Dios). Sostiene que las reglas morales son verdaderas a pesar de que nadie las crea, o que no sean producto de una convicción personal. La moral subjetiva, se considera dependiente del contexto social, histórico, cultural e incluso ideológico del individuo. Es particular de cada uno y no responde a convenciones establecidas. No sostiene absolutos morales, ni bien ni mal éticos objetivos.
 
Aquí debemos detenernos y reflexionar; ¿es posible el relativismo moral? Veámoslo de la siguiente manera:

Un relativista moral, ya sea ateo o agnóstico, entiende que no existen valores de bien o de mal absolutos, por tanto, no puede ceñirse a la idea del mal para argumentar a favor o en contra de nada; ya que el mal, de hecho, no existe. Esto invalida argumentos tales como el de Epicuro, donde el mal es el elemento fundamental para definir la imposibilidad de la existencia de Dios:
 
“O Dios quiso eliminar el mal y no pudo, o Dios pudo eliminar el mal y no quiso, o Dios ni quiso ni pudo; o Dios quiso y pudo.”
 
En el primer caso Dios sería impotente, lo que contradice su omnipotencia. En el segundo caso Dios sería malvado, lo que contradice su bondad suma. En el tercero Dios sería impotente y malvado a la vez, lo que contradice su omnipotencia y bondad. Y por último, si Dios quiere y puede acabar con el mal, ¿por qué no elimina al mal? Dios sería incoherente, lo que contradice su perfección. Luego, en base a la imposibilidad de sus características, Dios no existe.
 
Si la moral es, en última instancia, un asunto de criterio personal, desaparece el argumento en contra de la existencia de Dios basado en la existencia del mal. Si el mal es real; ¿el relativismo moral es impracticable? Bien, en mi opinión no. Si bien podemos decir que los valores de bien y de mal están sujetos a interpretación en base a las vivencias y situaciones del caso, también debemos entender que, sin un parámetro que nos sirva como escala de medición, las conductas humanas sólo podrían desembocar en caos, y la noción de moralidad dejaría de existir.

Cuando un relativista moral implica que no existen valores absolutos de bien y de mal, en realidad está diciendo que éstos pueden tener atenuantes. Que no sean valores absolutos, no significa que no existen, o que no se puedan comprender; significa también que estos valores son cambiantes, adaptables y elásticos, es decir, que pueden modificarse en tiempo y forma de acuerdo con la situación histórica, social o cultural. Entonces Epicuro, Faure, Russell y otros tantos relativistas morales, están legitimados en su pensamiento, con base en la concepción de una moral adaptable, pero que conserva su carácter de guía consensuada o medida del “buen actuar”. Sin embargo, el concepto de moral objetiva sigue siendo la pauta, el detonante y la excusa para el juicio prematuro en base al paradigma cristiano.
 
En pocas palabras, un cristiano hace el bien por temor de Dios, quien supone ha impuesto reglas objetivas, lineamientos de comportamientos universales, incuestionables y eternos.
 El argumento cristiano de moral es insostenible, ya que si la moral proviene de Dios, y para conocer a Dios sólo tenemos las Escrituras; estamos entonces ante un ser nefasto, vengativo, inmoral, narcisista, intolerante, antisocial, genocida, y una larga lista de etcéteras. ¿Es este el parámetro de moralidad incuestionable?
 
La verdadera inmoralidad, radica en el propio cristianismo. En su afán de poseer la verdad sin conocerla en absoluto, en su violencia desmedida contra el conocimiento, en su intolerante y sectario discurso absolutista de seres imaginarios, que, no sólo son irreales, sino también un nefasto ejemplo de inmenso desprecio por la humanidad y sus logros. El ser humano es la prueba de lo obsoleta que la fe es. El creyente afirma que con fe se llega al cielo, y el ateo responde:

“Llegamos al cielo y más allá por nuestra propia cuenta, hace ya cincuenta años, sin Dios, sin fe; por nuestros propios medios.”
El 12 de abril de 1961, el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, de 27 años, se convirtió en el primer hombre en llegar al espacio.

1. La pertenencia, es la condición primera de todo culto religioso. Es también, la base del sentido de divulgación religiosa. Es una suerte de vínculo social, una manera de construir un sentido de comunidad, y, en última instancia, permite que los individuos se manejen con simbologías y ritos delimitados por los líderes; lo que facilita el manejo del grupo por sobre la concepción individual razonada.
 
2. El postulado “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, es en realidad una invitación al servicio a los demás. La frase, tiene su origen en Pablo de Tarso, quien sostenía que quien ama a su prójimo ha cumplido la ley divina, y bien puede sentirse satisfecho como cristiano, ya que todos los mandamientos se resumen en esta idea.
 
En (Romanos 13, 8-10), nos recuerda: “La caridad no hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.”
 
3. Para el objetivismo, la moral es un código libremente escogido, no es una imposición o una legislación. De hecho, sostiene que el único bien moral posible es la autorrealización. Cuando “el bien común” de una sociedad se considera como algo superior al bien de sus miembros individuales, eso significa que el bien de algunos hombres prevalece sobre el bien de otros, y esos otros están destinados a la condición de sacrificables.
 
Ya sobre el sacrificio por terceros, sostiene que uno no debe sacrificarse nunca, bajo ninguna circunstancia, y que los denominados sacrificios por amor no son tales, al tiempo que los sacrificios por terceros son inmorales. Si un hombre arriesga su vida por salvar a su mujer o a sus hijos, y la pierde. Este hombre no se está sacrificando, dado que su vida sin esas personas carecería de valor, por lo que está haciendo simplemente una transacción racional. Si ese hombre arriesgase su vida por salvar a desconocidos, estaría cometiendo un acto inmoral.

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