jueves, 7 de abril de 2022

El Ser Imaginario - Capítulo 16

 
El Ser Imaginario - Capítulo 16 (Un Sistema Manipulador y Corrosivo)

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"Millones de seres inocentes, hombres, mujeres y niños, desde la introducción del cristianismo, han sido torturados, asesinados, puestos en prisión quemados, y, sin embargo, no hemos avanzado ni una pulgada hacia el consenso general. ¿Cuál ha sido el efecto de obligar a la gente a creer? Que la mitad de la humanidad vive engañada y la otra mitad vive en la hipocresía, con tal que el error y la mentira no desaparezcan del mundo."
Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América. (1743 - 1826)

En palabras de Richard Dawkins:

“El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.”
Con estas palabras, Richard Dawkins nos describe con exactitud la situación en que se encuentran, no sólo las tradiciones en general, sino también los mitos religiosos. La tradición, es un factor que impide la aplicación de la razón a lo inculcado, ya que se trata de algo aceptado por ser considerado de valor cultural, y esto implica la ausencia de crítica al respecto de la idea transmitida. El verdadero problema con esto, es que la ausencia de análisis sobre las costumbres, no necesariamente es beneficiosa para el desarrollo humano. La tradición, así como el desconocimiento, tornan vulnerable al ser humano frente a situaciones de evidente fraude, como es el caso de las religiones. La tradición, el desinterés y la ignorancia, son factores que juegan un rol en la permanencia de los mitos. El cristianismo, no escapa a este parámetro, y es, en tal caso, uno de los principales lastres sociales de la actualidad.
 
Examinando la historia de las religiones, encontramos que los cultos más representativos, han sufrido una aceptación por tradición y no por validez o vigencia. El cristianismo por ejemplo, como un inequívoco símbolo de su inserción cultural, ha desvirtuado la esencia del libre albedrio, transformándolo en la obligación moral de la aceptación de Dios. ¿Existe acaso en la idea de Dios, alguna característica que se pueda clasificar como naturalmente necesaria para la humanidad? ¿Remiten los mitos alguna ventaja para el desarrollo o el bienestar de los hombres? Evidentemente no.
 
Basta con escudriñar en los anales de la historia, para percatarse del nulo fundamento para la existencia de las religiones o de la validez de la idea de Dios como precursor del bien común; así como de la evidente irrelevancia del sistema religioso en los avances sociales o los valores humanos. En realidad, la historia nos ilustra al respecto del nefasto efecto que las religiones -sobre todo el cristianismo- han tenido en nuestro desarrollo científico, social y cultural.
 
Desde el comienzo, encontramos en la Biblia pautas acordes con un sistema de premios y castigos, en el cual, sólo quienes se adecuen al modelo cristiano, serán premiados con la vida eterna. Este sistema, no premia por las características éticas de la persona, sino que fomenta el sectarismo y avanza contra quienes no comparten su discurso mitológico de dioses y demonios. El cristianismo avasalló todo sistema de pensamiento opuesto al monoteísmo, y posteriormente, a todo aquel que no coincidiera ideológicamente. No se trata de un sistema inclusivo, sino que, por el contrario, excluye a quienes no cumplen determinados requisitos. Los homosexuales por ejemplo, quedan automáticamente excluidos por su condición sexual. ¿Puede la sexualidad de un individuo determinar la valoración que de él se lleva a cabo en un culto religioso?
 
El mismo dios bíblico, promueve la discriminación y sectorización, destruye a quienes lo detractan y se muestra como un ser incapaz de ejercer tolerancia en cualquier sentido. El cristianismo, ha planteado un discurso sectario y juicioso sobre quienes no demuestran credulidad y permeabilidad al mito. Por otro lado, la Biblia no plantea pautas de convivencia entre las personas, no arroja luz sobre problemas existenciales, y mucho menos esclarece porqué debemos poseer una legislación de pensamiento para ser morales ante los ojos de Dios.
 
Es innegable, que el cristianismo condiciona la filiación ideológica o el reconocimiento del individuo, de acuerdo a la aceptación del mito por sobre las acciones o valores humanos. Es evidente también, que las personas carentes de virtud desde la visión cristiana, aquellas que nunca serán merecedoras de la “gracia divina”, son, en primer lugar, quienes niegan a Dios:
 
Salmo 14:1
 
El necio se dice a sí mismo: "No hay Dios". Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien.
 
Samuel 14:2
 
El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios.
 
Finalmente, el escaso margen que el cristianismo otorga a la sabiduría, dado su afianzamiento en los estratos sociales con menor acceso a la información (1), siendo este su modo de inserción primario, ocasiona que difícilmente se lo pueda igualar con otra doctrina tan inmoral, dañina y limitante para la humanidad. De hecho, el cristianismo tolera mejor la ignorancia del crédulo que el conocimiento del escéptico. Y en estos paradigmas basa sus ideales históricos: podemos creer ignorando, pero jamás descreer conociendo, ya que el conocimiento nos aleja de Dios. Tito Lucrecio Caro, poeta y filósofo romano, nos ilustra al respecto de la posición más sensata:
"Se ha de juzgar que es mejor ser infeliz racionalmente, que feliz irracionalmente; y que gobierna la fortuna lo que en las operaciones se ha juzgado rectamente.”
 
El cristianismo, pretende mitigar la naturaleza del hombre y sumirlo en culpas, temores y negación de las verdades más evidentes; impone una visión distorsionada de la realidad e intenta complacer el ímpetu de los instintos más elementales con falsas libertades, que no son sino la proyección de lo que el culto propone para aplacar las penas de manera temporal. La verdadera perversión, aquella innegable y objetiva, es la que restringe las libertades y nos menosprecia por ser lo que somos. El verdadero pecado, radica en cuestionar nuestra naturaleza en nombre de un ente imaginario. El único cuestionamiento posible, es aquel que nos permite ir más allá de mandatos poco realistas y definir nuestra visión del mundo; un cuestionamiento alejado de fantasías y mitos, de creer que todo puede ser explicado a través de un dios que nosotros mismos pusimos allí.

El ser humano, debe enaltecer su intelecto y ejercer la potestad de hacer un mundo a su medida, sólo es necesario dejar atrás los temores y la manipulación de quienes únicamente creen en sus propias inseguridades. El hombre emancipado de mitos y supersticiones, niega la existencia de seres absurdos, se rige por su propio sentido moral, y ama la vida; porque bien sabe que no hay nada más. La Religión es, en igual medida, irrelevante y dañina. Todos los sistemas de pensamiento relacionados con ella están pervertidos o en proceso de perversión. No es posible encontrar moralidad en su discurso, como tampoco sentido en su existencia, salvo, por supuesto, el de reconfortar a unos cuantos desgraciados que no ejercen la potestad sobre sus propias ideas.

1. Los sectores más precarios de la sociedad, son también los más probables de adoptar sistemas de pensamiento no racionales y convertirse en futuros adoctrinados y adoctrinadores

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